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21/04/2003
Síntesis del Informe
de Coyuntura del Primer Trimestre de 2003
En un entorno de
incertidumbre -ya que nadie conoce a ciencia cierta cuál será el resultado de
este camino iniciado formalmente en marzo con la invasión a Irak- el sector
agroalimentario argentino, y en particular el sector primario, confirmaron lo
que muchos, el IICA-Argentina entre otros, hemos sostenido permanentemente: a
pesar de los avatares políticos e institucionales en los que se tiene que mover
el sector, la producción agroalimentaria no merma, y el sector agropecuario es
clave para la recuperación económica nacional.
En efecto, en granos
-siempre liderados por la soja- se espera un aumento de un 4% en la producción
total, proyectándose un incremento de 5 millones de toneladas sobre el récord
del año pasado. En conjunto, los granos producirán en esta campaña más de 70
millones de toneladas.
En frutas, la temporada
que se cierra también mostró guarismos alentadores en el incremento de la
producción y exportaciones. La exportación de frutas de la Patagonia creció
en el primer trimestre un 40% para manzanas y 18% en peras. La producción
vitícola, cuya vendimia termina en estos días, promete ser de gran calidad.
Producciones regionales,
como porotos en el norte, con un amplio mercado en Estados Unidos, también
están presentando excelentes perspectivas, así como cítricos, maní y otros.
La industria láctea
continúa en crisis: comparando el primer bimestre de 2003 con el mismo de 2002,
la producción primaria cayó un 23% y la de la industria 18%. La reducción del
número de tambos (en parte, por competencia por la soja) y de la producción
láctea por tambo estaría explicando esta caída. Dicha reducción es una
respuesta lógica a los bajísimos precios pagados al productor en años
anteriores, consecuencia, a su vez, de la sobreoferta de leche fresca.
En carnes, las
existencias bovinas siguen estancadas (se encuentran al mismo nivel de 14 años
atrás), como lo demuestran los datos del Censo Agropecuario que recientemente
realizó el INDEC. Los mercados de exportación se abrieron en su mayoría. El
mercado norteamericano, cuya apertura se esperaba para este año, no se abrirá
antes del año que viene, según las recientes declaraciones del agregado
agrícola P. Shull. Algo queda muy claro en este tema, la industria tiene que
ponerse a tono con los requerimientos de los mercados y el sector público
también necesita una modernización efectiva para un mejor control de los
productos y así asegurar una certificación mejor y más confiable.
Las producciones porcina
y ovina siguen en crisis a pesar de que las condiciones del país para su
desarrollo son inmejorables. En estos casos, en particular en la primera, el
tema institucional ha sido clave. Tanto Gobierno como productores no han podido
dar en la tecla de lo que se necesita hacer para su desarrollo. Se han
desalentado, incluso, inversiones de empresas extranjeras con conocimiento de
mercados y con capacidad de desarrollar la industria nacional. La reciente
implementación de la Ley Ovina abre una expectativa de cambio para ese sector.
El tema que aún queda
por resolver, aunque algunos pasos se han dado, es el del financiamiento. Tanto
en lo productivo, como en lo comercial y exportador. A pesar de ello, el sector
agroalimentario sigue produciendo, generando las divisas y aportando los
recursos fiscales necesarios para llevar a cabo esta etapa de transición.
¿Qué sucedería si se solucionara el financiamiento?.
En el primer bimestre de
2003 las exportaciones de origen agropecuario crecieron un 24% en relación al
mismo bimestre de 2002, lo que se originó en el fuerte incremento de las MOA en
volumen y precio, principalmente de los productos oleaginosos. Luego de cuatro
años de caída en las exportaciones de origen agropecuario a Brasil, el primer
bimestre mostró un aumento del 7%, principalmente en productos primarios. Estos
aportan el 68% de las exportaciones del bimestre.
En el corto plazo se
abren dos ventanas que entendemos pueden ser de importancia para la colocación
de productos: el Programa Fome Zero del Presidente da Silva del Brasil y la
ayuda humanitaria a Irak, manejada por el Programa de Alimentos de las Naciones
Unidas. En ambos, si Argentina sabe jugar las cartas, debería abrirse una
magnífica oportunidad para la colocación de productos alimenticios e incluso
fibras. Pero no debemos olvidar que todo es de corto plazo y que son ventanas
que se abren y cierran rápidamente. El pensamiento de largo plazo debe ser el
marco necesario para aprovecharlas.
Más información en: www.iica.org.ar
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