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11/04/2002

INFORME ESPECIAL

Agricultura gravita con fuerza en la economía de América Latina y el Caribe
 

Un estudio del IICA y la CEPAL, dado a conocer este 11 de abril en Chile, revela las cifras más importantes del sector agropecuario de América Latina y el Caribe en la última década.
 

Santiago de Chile, 11 de abril (IICA). La agricultura, aunque afronta serios retos, sigue gravitando con fuerza en la economía de los países de América Latina y el Caribe: mientras en 1980 el Producto Interno Bruto agropecuario de la región representaba el 7,5% del PIB total regional, llegó a finales de la década de los 90 a un 7,8%.

Así lo sostiene una investigación del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) que, bajo el título de "Panorama de la Agricultura de América Latina y el Caribe, 1990-2000", se presentó este 11 de abril en Santiago de Chile.

El documento, que se concentra en la producción y el comercio agropecuarios, es el resultado de un esfuerzo conjunto de la CEPAL y el IICA tendiente a entregar una visión global del desempeño alcanzado por el sector agropecuario de América Latina y el Caribe en la última década, considerando al mismo tiempo los principales desafíos que habrá de encarar en el futuro.

Se trata del segundo esfuerzo conjunto realizado por estas instituciones, pues antes habían efectuado un análisis similar sobre el período 1970-1995. Ambas investigaciones han permitido crear una completa base de datos sobre la agricultura en América Latina y el Caribe.

En el acto de presentación de la obra, celebrado en la sede de CEPAL, participaron el Secretario General de esa Comisión de las Naciones Unidas, José Antonio Ocampo, y el Representante del IICA en Chile, José Nagel. Estuvo presente también el experto Pedro Tejo del equipo técnico de CEPAL, quien junto con Nagel tuvo a cargo la coordinación institucional de la elaboración de este documento de más de 200 páginas cargado de gráficos, cuadros y estadísticas.

 

Repunte tras la "década perdida"

Aunque el sector agropecuario regional creció menos en los noventa que los restantes sectores de la economía, pasó de un crecimiento promedio anual del 2% en los años 80 a uno de 2,6%. Recordemos el pobre desempeño que tuvo la economía regional en la "década perdida": el crecimiento promedio anual fue de 1,1 y pasó a 3,2% en los 90.

En los noventa prevalecieron condiciones climáticas muy adversas y hubo, además, situaciones de inestabilidad o de conflictos políticos que afectaron muy particularmente la producción agropecuaria y la vida rural. Por otra parte, en casi toda la región la agricultura enfrentó una economía más abierta y globalizada, al tiempo que el precio de varias de sus principales exportaciones mostraba una tendencia persistente a la baja.

Asimismo, la crisis financiera que estalló en 1997 no dejó de hacer mella en el afán de los países de la región de conquistar y mantener los mercados externos para sus productos agropecuarios. Con todo, agrega el informe CEPAL/IICA, la mayoría de los países aumentaron cuantitativamente las exportaciones del sector, lo cual permitió compensar con creces la baja en los ingresos proveniente de la caída de los precios.

 

Una cuarta parte de la población

La población rural de América Latina y el Caribe representó en la década de los noventa el 25% de la población total, mientras en los ochenta era del 35%. En 1999, la población rural estaba conformada por cerca de 124 millones de personas.

Un cambio importante en la estructura agropecuaria de la región se refiere a la dotación de fuerza de trabajo, pues entre 1980 y 1999 se redujo la proporción de la población económicamente activa (PEA) del sector respecto a la PEA total. Esta tendencia se registró en todos los países. De este modo, en un lapso de 20 años la fuerza de trabajo disponible para labores agrícolas disminuyó de 35% a 21% como proporción de la fuerza de trabajo de la región en su conjunto.

Estas cifras, añade el estudio, ponen de manifiesto la dirección y magnitud que ha adquirido la transformación de los procesos productivos, y el consiguiente uso más intensivo que se hace ahora de la mano de obra en las labores agrícolas.

Al mismo tiempo, los datos hablan de la mayor disponibilidad de la fuerza de trabajo con que cuentan hoy las actividades no agrícolas que se dan en el medio rural. Indican también la envergadura que ha cobrado en estos años la migración del campo a la ciudad, especialmente de jóvenes.

 

La producción agropecuaria

Durante el decenio hubo grandes cambios en la estructura y la dinámica de la producción agropecuaria regional. El crecimiento estuvo comandado por la producción pecuaria, aunque también se expandieron algunos de los cultivos más tradicionales. Por el contrario, perdieron terreno diversos cultivos estrechamente vinculados a los mercados externos.

Estos cambios en la composición y el ritmo de la producción afectaron de manera muy distinta la estabilidad de los productores, pues tuvieron un efecto más marcado en aquellos que hacen un uso más intensivo de mano de obra, al tiempo que comprometían las posibilidades de desarrollo de los productores más dependientes de la evolución de la economía mundial.

La producción pecuaria creció durante el decenio a un promedio anual de 5,4%, de manera tal que la participación del subsector en el PIB agropecuario aumentó de 33% a casi 40% en el curso de los diez años. La estrella de este cambio fue la producción de carne de ave, que creció a un promedio anual de 9,2% y pasó del 8% al 14% de la producción agropecuaria total entre comienzos y fines de los noventa.

Los cultivos tradicionales –que comprenden rubros como la soja, maíz, arroz, remolacha, cítricos y tabaco– crecieron durante el decenio a una tasa promedio de entre 3% y 5% al año, y mantuvieron una participación cercana al 27% dentro del PIB agropecuario.

Los productos más dependientes del comercio exterior –como algodón, trigo, café y caña de azúcar– que desde hace tiempo están deprimidos, así como otros que habían alcanzado cierto auge en el pasado y ahora están debilitados, como el banano y las uvas, tuvieron durante el decenio un crecimiento negativo o que escasamente superó el 1% como promedio anual. En conjunto estos rubros representaban al final de la década casi el 33% de la producción agropecuaria regional.

 

Esfuerzo exportador

En términos cuantitativos, las exportaciones agropecuarias de América Latina y el Caribe se expandieron en forma sostenida a lo largo del decenio, aunque con mayor fuerza en la segunda mitad que en la primera. Esto ocurrió a pesar de la evolución desfavorable de los precios internacionales, lo cual determinó valores unitarios decrecientes para las exportaciones. Como resultado, bajó el valor conjunto de las exportaciones, pues la tendencia creciente del volumen exportado no alcanzó a compensar la declinación de los precios.

Sobreponiéndose a esa baja de precios internacionales, los países hicieron en general un gran esfuerzo exportador. No obstante, sus ingresos por concepto de exportación descendieron. Solo las exportaciones de algunos países, como Chile y México, gozaron de precios internacionales que les permitieron mantener en alza sus ingresos.

En los noventa, por otra parte, la región importó productos agropecuarios a ritmo cada vez más elevado. Esta dinámica de las importaciones se diferenció de la de las exportaciones, pues estas se expandieron a un ritmo menor y enfrentaron precios internacionales más desfavorables.

Los retornos por concepto de exportaciones agropecuarias de la región se expandieron a una tasa bastante alta durante la década, de 6,4% como promedio anual. Esta tendencia se acentuó hacia fines de la década en los países más grandes –como Argentina, Brasil, Colombia y, en menor medida, Perú, con la excepción de México– pero declinó en la mayoría de los países de agricultura más pequeña, incluso entre aquellos que llevaron adelante un vigoroso impulso exportador, como Chile y Costa Rica.

 

¿Y la pobreza rural?

En la región, como se sabe, hay enormes masas sumidas en la pobreza, en particular entre la población rural. En 1990 el 54% de los hogares rurales entraban en la categoría de pobres, y en 1997 la cifra seguía siendo del 54%, es decir que persistía el panorama a pesar de que los países habían adoptado políticas explícitas de ataque frontal a la pobreza y habían desplegado enormes esfuerzos en tal sentido.

Solo en unos pocos países, entre ellos Brasil, Chile, Costa Rica y Panamá, se detectó alguna reducción de los niveles de pobreza de los hogares rurales durante el decenio.

Los expertos del IICA y la CEPAL comentan que si las cifras sobre pobreza rural se mantienen estancadas después de las acciones sociales emprendidas para lograr un desarrollo rural integral, y después de todas las políticas aplicadas durante casi una década, forzoso es concluir que esas políticas fueron poco eficaces e insuficientes.

 

Contactos:

José Nagel, jnagel@iica.cl, (562) 2442128
Patricia León, patleon@iica.ac.cr, (506) 216 0310 

 
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