|
mayo de 2007 |
|
Seminario MAIZAR. Lo Importante
|
El futuro del maíz: Biocombustibles y alimentación |
Juan Gear, Martín Fraguío,
Guillermo Eyherabide y Eduardo Pigretti analizaron las perspectivas para nuestro
país en el nuevo marco internacional. "La Argentina tiene una gran
oportunidad", concluyeron.
Ante más de 350 empresarios y especialistas de toda la
cadena, se dio cita ayer uno de los debates de mayor trascendencia para el
futuro de la actividad en los últimos tiempos, la producción de etanol.
Bajo el título "El futuro del maíz. Biocombustibles y
alimentación", el encuentro tuvo lugar en el Grand Salón del Hotel Four
Seasons Buenos Aires, en el marco del Seminario "Maíz: Lo Importante.
Cómo prepararse para lo que viene". Allí, con la moderación de Juan
Gear, presidente de Maizar, el ex Decano de la Facultad de Derecho de la UBA,
Eduardo Pigretti, el especialista en mejoramiento genético del cultivo en el
INTA, Guillermo Eyherabide, y el Director Ejecutivo de Maizar, Martín Fraguío,
analizaron las perspectivas abiertas en el nuevo contexto internacional.
Perspectivas alentadoras
Fraguío señaló que el mundo entero enfrenta hoy tres
desafíos de muy compleja superación: la inclusión de miles de millones de
seres humanos que carecen de acceso a alimentos y energía para su adecuado
desarrollo; la necesidad de producir alimentos y energía suficiente para ellos;
y la obligatoriedad de hacerlo evitando el apocalíptico daño al ambiente que
se pronostica a partir de la quema de combustibles fósiles. "El acceso a
fuentes de energía moderna es decisivo para resolver la pobreza y los problemas
de educación, salud y empleo de todas las comunidades", aseguró.
"Hoy menos de un 20% de la población mundial tiene acceso a la energía
requerida para alcanzar los altos estándares de vida con los que gozan los
países desarrollados".
En el año 2000 hubo en el mundo unos 2.200 millones de
toneladas líquidas de combustibles consumidas, y si se utilizara todo el aceite
y las capacidades instaladas para hacer etanol apenas podría superarse el 10%
de ese total. Por eso, para Fraguío "debemos trabajar para mejorar la
eficiencia en el uso, la diversidad y el desarrollo tecnológico de las fuentes
de energía que alimentarán el hogar, la industria, el transporte y la
generación de electricidad".
En un contexto mundial de revalorización de la discusión
sobre la energía, de creciente demanda a partir de la expansión de la
economía de los países en desarrollo, y donde hoy cerca de 90 países cuentan
con proyectos de desarrollo de etanol, Maizar entiende que nuestro país debe no
sólo dar cuenta de la demanda local, sino también fomentar y consolidar un
mercado internacional propio. El último año, por ejemplo, se han
comercializado más de 5 millones de metros cúbicos de ese biocombustible.
"La Argentina tiene una gran oportunidad, sólo debemos fijarnos metas
concretas y acordar estrategias público-privadas que nos permitan construir una
nueva cultura institucional", concluyó Fraguío.
Por su parte, Juan Gear realizó un panorama sobre la
producción nacional de etanol, alentando a "desarrollar un proyecto
integral de plantas que, como premisa fundamental, esté lejos de los puertos y
sujeto a la ganadería". El titular de la Asociación informó, así, que
"el mercado cuenta hoy con 1.600 millones de toneladas de granos y sólo el
3% (40 millones) es destinado al etanol. Asimismo, las proyecciones para el
maíz son más que alentadoras: en 2005, alcanzamos las 14 millones de
toneladas; esta campaña estará cerrando alrededor de los 22 millones, y para
el próximo ciclo, con un clima favorable, prevemos unas 30 millones".
La clave está en el mejoramiento genético
Otro de los aspectos abordados por el panel fue el del
mejoramiento genético para hacer frente a esta nueva realidad del cultivo. El
especialista del INTA Guillermo Eyherabide sostuvo que la Argentina debe
adecuarse al cambio de paradigma por el que hoy atraviesa: el mundo demanda una
mayor adaptabilidad a los ambientes específicos. "La empresa del
mejoramiento para los próximos años tiene una complejidad enorme. El mejorador
no puede trabajar sólo, debe ser acompañado por otras ramas de la economía y
para ello es necesario una mayor convergencia entre los sectores público y
privado", afirmó.
Según el especialista, el maíz atraviesa distintos
escenarios, ya sea en los cambios a nivel de los sistemas de cultivo (predominan
ambientes de siembra directa, experimentación con intercultivos) como a nivel
global (crisis energética, nueva distribución espacial de los nichos
ecológicos). En ese sentido, el cambio de paradigma "debe tener una
consecuencia práctica en los programas de mejoramiento, de manera de reforzar
efectivamente las herramientas de resistencia del cultivo".
La Ley no es lo que se esperaba
A su turno, Eduardo Pigretti analizó la Ley 26.093 sobre el
régimen de regulación y promoción para la producción y uso sustentable de
los biocombustibles. El ex Decano de la UBA criticó con dureza muchos de los
aspectos que contempla la norma. Respecto de la autoridad de aplicación,
Pigretti sostuvo que "la medida quedó a medio hacer, ya que en una primera
instancia se diseñó para estar a cargo de la Secretaría de Agricultura, luego
se decidió que fuera una comisión asesora la que pudiera manejarla, pero
finalmente quedó bajo la órbita de la Secretaría de Energía".
Por último, luego de ironizar sobre las facultades de la
norma, la poca entidad de sus sanciones y la amplitud de los sujetos a los que
está dirigida, aseguró que "los objetivos de la Ley se achican a promover
las economías regionales en zonas rurales y marginales". Así, concluyó
que "está pensada para cualquier tipo de productos. Es tan cerrada que
permite todo".
|