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agosto de 2006 |
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El girasol le da estabilidad al Sudeste |
Especialistas en
distintas disciplinas vinculadas al cultivo de girasol brindaron un recorrido
por las tecnologías aplicables a la región Sur.
Mar del Plata fue sede la semana pasada del Seminario de
Capacitación para Profesionales organizado por la Unidad Integrada INTA
Balcarce, el Círculo de Ingenieros Agrónomos de Mar del Plata y la
Asociación Argentina de Girasol (ASAGIR). Profesionales agronomos de la
región más girasolera del país se acercaron al encuentro para recibir de mano
de prestigiosos especialistas información sobre las últimas tecnologías y
novedades para el cultivo.
Con alrededor de 1.270.000 hectáreas, el girasol en el
Sudeste y Sudoeste de Buenos Aires es una alternativa que le da estabilidad al
sistema. A rindes similares con la soja, esta oleaginosa brinda mejor margen
bruto, teniendo en cuenta además que en años de veranos secos es común
obtener un rendimiento de girasol que supera entre el 5 y el 20% al de la soja.
Alfredo Lange fue el especialista que en Mar del Plata se
refirió a cómo evaluar la participación del girasol en las rotaciones
teniendo en cuenta por ejemplo la competencia entre cultivos por cuestiones
agronómicas, económicas o de mercados.
"En la década del ‘70/’80, -dijo- mientras
cultivábamos los suelos con labranza convencional, todos adheríamos a la idea
de que el girasol era un cultivo de baja a nula respuesta a la fertilización y
que para nutrirlo era suficiente FDA arrancador. Alcanzaba con fertilizar los
cultivos previos, de mayor respuesta, quedando para el girasol el nutriente
residual".
"Pero pasaron 30 o 35 años de agricultura y muchas
cosas cambiaron", agregó el técnico para destacar que ahora sabemos por
ejemplo que con rendimientos crecientes, los cultivos extraen cada vez más
nutrientes del suelo; se trabaja adelantando fechas de siembra; en siembra
directa la cobertura genera mineralización retardada; y los girasoles han
pasado de rendir 1500 a 2500 - 3500 kg/ha.
Fertilización
Lange se detuvo en brindar algunos detalles que hacen a la
nutrición del cultivo. Respecto de la fertilización con azufre y boro, sostuvo
que no se han obtenido respuestas en los Centros de Excelencia zona Sur. Sin
embargo, en Miramar, los elementos han agregado entre 700 y 800 kg/ha a maíces
que finalmente rindieron entre 10 y 12.000 kg/ha y unos 500 kg/ha a trigos de 6
o 7.000 kg/ha.
Respecto del Fósforo, Lange recomendó tenerlo en cuenta
siempre, con FDA y FMA, hasta 70 kg/ha en siembra directa temprana, obteniendo
130 kg de girasol y entre 30 y 40 kg/ha en suelos con labranza convencional y de
corta historia agrícola.
También sugirió realizar ajustes por análisis de suelo o
por "tenencia", partiendo del momento y tipo de aplicación, del
cultivo antecesor y si se trata de campo propio o arrendado.
En relación a la fertilización nitrogenada, Lange
recomendó especialmente tenerla en cuenta en cultivos tempranos en siembra
directa y suelos bajos en N-NO3- (menos de 60 kg N/ha, de
0 a 60 cm de profundidad). También recordó considerar el antecesor, la
cantidad de cobertura, la historia agrícola del lote, las bajas temperaturas
medias de Octubre – Noviembre y las demás condiciones agronómicas
favorables.
En suelos de larga historia agrícola, Lange recomendó 100
kg de urea en presiembra y 50 kg en V4 a V6. En suelos con historia agrícola
media – corta, de 80 a 100 kg en presiembra.
Las plagas
Eduardo Teppaz fue quien abordó el tema de plagas. Dijo que
el período crítico del girasol es alrededor de floración pero es muy
importante lograr un buen stand de plantas para un buen rendimiento.
Se refirió a tres grupos de plagas: los insectos de suelo,
las hormigas y las orugas cortadoras (en siembra directa destacó babosas y
bicho bolita).
"Aunque el gusano blanco prefiere gramíneas, también
se observa en girasol", dijo. No en los bajos donde son atacados por
hongos. La voracidad depende del tamaño, Cyclocephala = 0.3 g / Dilobobderus =
4 g. Para determinar el umbral de daño (UD) se utiliza el índice
DILAB (equivalente Dilobobderus abderus), de acuerdo a la historia del lote se
considera un umbral de 2 a 3 larvas/m2. El daño se produce de marzo a octubre.
En el caso del gusano arroz o gorgojo de la alfalfa
(Panthomorus), el especialista comentó que las larvas en invierno son muy
pequeñas, son pupa en primavera, y son los adultos en verano los producen daño
en la plántula. El umbral a tener en cuenta es de 9 larvas / m2.
El gusano alambre, por su parte, debe ser tenido en cuenta
cuando hay remoción de suelo. En tanto que al referirse a las hormigas, Teppaz
sostuvo que hay varias especies. Las más comunes son Atta y Acromyrmex. Para
controlarlas hay que focalizar el hormiguero y la honguera. Las hormigas que
están en superficie son sólo el 15 % de la población. La actividad de las
hormigas se reanuda entre agosto y noviembre, son muy importantes en SD y
prefieren al sorgo y al girasol.
Sobre las orugas cortadoras, Teppaz recomendó controlarlas
con cipermetrina y piretroides. En verano, se encuentran en diapausa
(dormicion), a 2 cm de profundidad en el suelo. Entre ellas, el especialista
destacó a la larva aterciopelada, por ser muy voraz y generar la muerte segura
de plántulas.
Respecto de la mosca de la semilla dijo que hay muy
efectivos tratamientos de semilla y que el muestreo es muy difícil de
realizar.
Sobre bicho bolita, recordó que genera graves problemas en
soja y que en girasol recién comienzan los estudios. Por otra parte, asoció a
las babosas al alto contenido de MO, y dijo que la mezcla de carbaryl y
metaldehido (cebo dual) es muy útil para el control de bicho bolita y babosas.
Enfermedades
Facundo Quiroz brindó el panorama sanitario del cultivo.
Recordó que en 1950 se produjo una crisis del girasol por la aparición de
enfermedades. En 1960, el INTA inicia trabajos para tolerancia y
resistencia genética y luego se suma el trabajo de las empresas privadas
proveedoras de semilla.
Con la aparición de los primeros híbridos comerciales se
intensificó el trabajo de ejoramiento del cultivo y esto generó mejoras
sustanciales en la sanidad de la especie. "Actualmente se cuenta con
un grupo importante de híbridos recomendados por su elevado nivel de
resistencia a enfermedades y esto hace que el girasol sea hoy en día un cultivo
seguro. Sin embargo, es importante que el asesor y el productor puedan conocer
fehacientemente el comportamiento de cada cultivar, ya que con la elección de
la semilla no sólo se está definiendo el potencial de rendimiento (grano y
aceite), el ciclo y la estructura de planta, sino también el comportamiento
sanitario del cultivo. Es por esto que el INTA y ASAGIR trabajan conjuntamente
para evaluar, analizar y difundir la información sanitaria de todos los
híbridos comerciales de girasol", comentó Quiroz.
La Red Nacional de ensayos de cultivares comerciales de
girasol evalúa un promedio de 40 híbridos comerciales para cada zona de
producción. Actualmente la red consta de 36 localidades con cerca de 50 ensayos
distribuidos desde Saenz Peña (Chaco) hasta Ascasubi (sur de Buenos Aires),
abarcando a todas las zonas productoras del cultivo. Sobre estos ensayos además
de evaluar caracteres fenológicos, rendimiento y contenido de aceite también
se evalúa el comportamiento sanitario de los cultivares ante las enfermedades
que se presentan naturalmente en el cultivo. También esta información es
complementada con ensayos de inoculación asistida para evaluar el
comportamiento de los híbridos ante la podredumbre húmeda del capítulo (Sclerotinia
sclerotiorum).
La mayoría de los causantes de enfermedades del girasol son
hongos y en muy pocos casos bacterias o virus, pero son pocos los patógenos que
pueden comprometer el rendimiento del cultivo. Actualmente, las principales
enfermedades del girasol en la Argentina son debidas a hongos: marchitez por
Verticillium ocasionada por Verticillium dahliae, la podredumbre húmeda
del capítulo por Sclerotinia sclerotiorum y el enanismo o mildeu del
girasol por Plasmopara halstedii. Para estas tres enfermedades existen
herramientas de manejo que minimizan o eliminan sus efectos sobre el cultivo de
girasol. Una herramienta básica de manejo para estas tres enfermedades es la
elección del cultivar a sembrar.
Maquinaria
El Ing. Guillermo Marrón, especialista en maquinaria
agrícola, volvió a enfocar su mirada hacia el operario. "La velocidad de
siembra va en contra de la capacidad y la calidad de trabajo", dijo
Marrón.
"A mayor velocidad aumentan las pérdidas. A 10 km/h,
las pérdidas son de 139 kg/ha", comentó y agregó que hay que tener en
cuenta que la velocidad ideal es 7,2 Km/hora, es decir, 2 metros por segundo, se
implantan 5 semillas en el metro, es decir, 10 semillas por segundo, una décima
de segundo entre semilla y semilla. "Cualquier cosa que interrumpa la
caída de la semilla, nos modifica el espaciamiento", aclaró Marrón.
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