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diciembre de 2007 |
Especialistas europeos en oleaginosas visitaron la Argentina
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Agricultura para producir energía |
La Asociación Argentina de Girasol junto a la Unidad Integrada Balcarce
(FCA-UNMP, EEA INTA) y Cazenave y Asoc. S.A. fueron los anfitriones de una
misión técnica de intercambio integrada por tres especialistas franceses en
girasol y colza.
André Merrien es director del Laboratorio de Análisis del
CETIOM (Centro Técnico Interprofesional de las Oleaginosas Metropolitanas) y
responsable de los Programas de Investigación y Desarrollo del Centro Técnico
para el Oeste de Francia, donde se concentra el 50% de los cultivos oleaginosos.
La semana pasada recorrió Argentina acompañado de Francis Flenet, doctor en
Fisiología Vegetal del CETIOM y Gilles Sauzet del Observatorio Colza del mismo
organismo. La misión técnica fue financiada en forma conjunta por el CETIOM,
la Asociación Argentina de Girasol (ASAGIR), Cazenave y Asociados y la Unidad
Integrada Balcarce (FCA-UNMP, EEA INTA). El objetivo: intercambiar conocimientos
vinculados a girasol y colza.
Hace 22 años que Merrien vino por primera vez al país.
Durante mucho tiempo, los especialistas del organismo francés marcaron el norte
para la cadena del girasol argentino. Esta vez, el intercambio fue igualitario.
El gran avance que ha tenido la Argentina en el desarrollo de tecnologías para
la agricultura hizo posible que, en esta oportunidad, los especialistas
franceses vinieran a buscar novedades sobre desarrollos genéticos, ensayos,
siembra directa e intersiembra para aplicar en sus planteos agrícolas.
En su visita, Merrien, Flenet y Sauzet se reunieron con los
referentes argentinos para intercambiar experiencias en determinantes de calidad
en granos y aceites, estudios sobre colza y girasol y brechas de rendimientos.
Además, recorrieron la EEA del INTA Balcarce, módulos de producción de colza
e intersiembras en Tandil y en la zona norte de la provincia de Buenos Aires.
La colza y el girasol en Europa
En Europa, para producir biodiesel hay que desarrollar 1,9
millones de hectáreas de colza. Aunque el cultivo crece, la pregunta que se
hacen los especialistas es si la producción francesa alcanzará a satisfacer el
mercado.
El otro gran mercado para los aceites en Europa es el de
consumo humano, especialmente aquellos con altos niveles de Omega 3, valorados
por sus propiedades para la salud. "Hay un aumento sensible en el consumo
de este tipo de aceites", anunció Merrien.
El cultivo de colza es un producto del norte del país. El
girasol, por su parte, se aloja hacia el sur y el oeste de Francia. "La
pregunta que nos hacemos es cómo se va a manejar en el país el desarrollo de
la colza y del girasol equilibradamente. Aunque son dos cultivos diferentes, la
colza es de invierno y el girasol de primavera, ambos pueden ir antes del trigo,
pero hay cierta competencia por su condición de cabeza de rotación",
expresó el especialista.
En la zona tradicional, la colza ocupa el 25/30% del área
agrícola útil. Generalmente se hace colza y trigo, pero con problemas de
enfermedad y de malezas. Para esta oleaginosa, las expectativas de crecimiento
están puestas hacia el oeste, en la zona ganadera. El aporte que esta actividad
hace a la materia orgánica del suelo y los niveles de nitrógeno generan
condiciones propicias para el cultivo de colza. También hay un plan de
desarrollo hacia el sur del país, área girasolera con escasa disponibilidad
hídrica que baja las expectativas de rinde para la colza.
En cuanto al girasol, las perspectivas en Francia son de
recuperación. Desde hace 10 años el área viene bajando. Hace 15 años había
más de 1 millón de hectáreas, actualmente la superficie apenas alcanza la
mitad. "Los precios bajaron y el cambio en la política Común fue muy
difícil para la colza y el girasol y muy buena para el trigo. La falta de
inversión en girasol tiene principalmente razones económicas. Aunque también
es cierto que algunos productores tienen que enfrentar factores limitantes, como
plagas y enfermedades", argumentó Merrien.
Los bajos precios de los granos hicieron que los
agricultores franceses llevaran al girasol a los peores lotes, esto bajó los
rindes y coincidentemente se interrumpió el progreso genético. "Este año
tenemos mejores rendimientos que el año pasado, con un promedio de 2.8/2.9
tn/ha, lo que representa 5 o 6 quintales por encima de lo obtenido en la
campaña anterior", aclaró.
"El año próximo es posible que el cambio siga
marcando una diferencia en precio para el girasol oleico destinado a consumo
humano y el producido para biodiesel. Hay una diferencia de 50 euros por
tonelada a favor del consumo doméstico", expresó Merrien.
En Francia, el 50 % del girasol producido es de tipo alto
oleico. Se estima que el 30% del oleico va para uso industrial, la otra parte
para alimentación. De ese 30%, la mayor parte (un 90%), se destina a la
producción de biodiesel. En este campo hay un crecimiento de los
biolubricantes, especialmente donde se usa aceite para máquinas en ambientes
sensibles, como el agua o la selva. Esta tendencia genera un reciente mercado
para el oleico de calidad. En Francia hay dos tipos de oleicos, el oleico (80%)
y el alto oleico (90%). De todas formas, los productores ven con mejores ojos el
mercado de aceite para uso alimentario, porque tiene mejor precio.
Tecnologías que atraen
En Francia, la preocupación pasa por la producción de
aceite para la fabricación de biodiesel y una mejora en el rendimiento
energético.
En este contexto productivo, la práctica de la siembra
directa es, para los franceses, uno de los principales atractivos. "Estamos
trabajando para optimizar todos los procesos entre la siembra y la cosecha de
manera de reducir el consumo de energía. Tratamos de hacer trabajos menos
agresivos con el suelo para conservar mejor la materia orgánica y disminuir la
cantidad de prácticas", detalló Merrien.
Pero las características del suelo francés obligan a
estudiar varias adaptaciones. En primer lugar, el nivel de materia orgánica
apenas ronda el 1 o 2%, contra niveles de 7 u 8 que tienen los argentinos.
También hay diferencias en la profundidad y la composición de los suelos.
Además, la maquinaria agrícola debe ser modificada. "Especialmente cuando
se trata de semillas de colza, a las que les cuesta mucho crecer si sobre el
suelo hay un rastrojo de trigo. Esto desata una reacción en la parte de abajo
del cotiledón que vuelve la semilla sensible a las enfermedades y al
vuelco", explicó Merrien.
En lo que hace a la práctica de intersiembra, los
especialistas franceses comentaron que están desarrollando algunas experiencias
con el fin de mejorar el nivel de nitrógeno en suelo, apuntando a una
agricultura orgánica, con soja-girasol o trébol –girasol.
"Tenemos serios problemas con las malezas en colza y
girasol", destacó Merrien. De allí el interés en el trabajo argentino en
control de malezas, que junto a las investigaciones tendientes a mejorar el
contenido de aceite en grano, resultan aspectos de especial cuidado para los
franceses. "Los estudios sobre contenido de aceite en grano o la
composición de ácidos grasos que se han realizado aquí son de los únicos que
se han hecho en el mundo a ese nivel. No hay más de 4 o 5 en desarrollo, pero
el del INTA Balcarce es uno de los más importantes", destacó el
investigador francés.
El desafío de la colza en la Argentina
En nuestro país hay apenas unas 30 mil hectáreas de colza
con un incipiente desarrollo. Según André Merrien, las posibilidades de
crecimiento dependen de varias cuestiones. En primer lugar, hay que definir
cuáles son los lugares donde conviene usar colza de primavera o de invierno.
"Existe una diferencia muy importante entre los cultivos de invierno o
verano de acuerdo al nivel de rendimiento, el potencial para la colza de
primavera es de unas 2 ton/ha., mientras que el de la colza de invierno es de
3,5 ton/ha.", explicó el técnico.
Actualmente, el mercado paga unos 400 dólares la tonelada
de colza. Un precio interesante si se logran 2.5/3 ton/ha de rinde. "El
tema es analizar adónde se va a introducir la colza en el sistema de
rotación", aclaró Merrien. "Desde el punto de vista económico hay
que discutir qué puede dar mejores resultados, si una soja de segunda/trigo,
trigo/colza de primavera o un trigo con una colza de invierno", enumeró.
Uno de los aspectos a estudiar es el manejo de la colza y la
soja en sistemas de intersiembra. "La posibilidad de sembrar la soja antes
de la cosecha de colza es difícil, pero tal vez puede ser más simple poner una
colza de invierno luego de una soja. Se debe realizar una evaluación del
cultivo respecto del ambiente y cuál es el potencial de acuerdo al clima",
relató Merrien.
El especialista indicó además que es necesario hacer una
evaluación de las variedades disponibles en el mercado mundial, como las usadas
al norte de Europa, donde los tipos de invierno requieren una tolerancia muy
grande al frío para llegar a la floración. "En Francia el cultivo de
colza anda bien, ya que es un clima intermedio", expresó.
En lo que hace a enfermedades, la principal preocupación se
llama Phoma. Es un hongo que ataca a la planta a nivel del tallo. Tiene
diferentes cepas y se han desarrollado distintos grados de tolerancia. Este es
un aspecto clave para el desarrollo de la colza en la Argentina. Hay que hacer
una evaluación muy estricta de la tolerancia de las variedades a esta
enfermedad. En los sistemas en siembra directa, el hongo permanece en el suelo
después de la cosecha y viaja con el viento. En Francia, la protección se
logra con las labranzas. Plagas como el pulgón o enfermedades como la
esclerotinia también presentan dificultades en ese país.
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