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EEA INTA Pergamino
22 de septiembre de 2006
 
ANALISIS
Falacias y certezas sobre el desarrollo porcino en Argentina

Por Ing. Agr. Pedro Goenaga
INTA Pergamino

En la porcicultura parece ir prevaleciendo de a poco la idea (quizás más acentuadamente que en otros renglones del agro), que la especialización y la gran escala, factibles sólo mediante cuantiosas inversiones, serán las unidades dueñas del futuro.

Si así fuera, los genuinos hombres del campo, sus emprendimientos familiares, de tamaño mediano, están sentenciados. No les quedaría más alternativa que rendirse ante las grandes factorías, máxima expresión de la "high tech", mientras son sacrificados en aras de supuestas eficiencias y la productividades.

La intensificación encierra una serie de nociones: gran escala, especialización, irrefrenable carrera por altos rendimientos, instalaciones costosas y alto uso de insumos. Componen un fenómeno que se ha dado en llamar "industrialización", en analogía con los procesos repetitivos, mecánicos, a partir de materia prima inanimada, como la verdadera industria. A menudo también se usa el término "agribusiness" (agronegocios), siendo que el campo es mucho más que un negocio…es cultura, un estilo de vida, la ocupación del territorio, la preservación de los recursos naturales y algo más.

Lo que se dice

Así, desde influyentes centros de divulgación periodística se insiste en presentar tales emprendimientos como modelos de producción "modernos y eficientes", que habría que imitar para que el sector crezca y alcance su destino de grandeza; lo que sería logrado mediante empresas de gran tamaño, que demandan grandes inversiones en instalaciones, para un denso confinamiento. Así por ejemplo, las inversiones que se mencionan oscilan entre $7.000 y $10.000 por madre (y su progenie), para establecimientos de cría-terminación. Montos claro está, fuera del alcance de la mayoría de auténticos productores rurales, que no poseen actividades económicas externas al agro. Va de suyo que este fenómeno implica un proceso de sustitución de éstos por unas pocas mega empresas.

En el mundo

Sin embargo, importantes centros científicos del mundo, exponen un panorama bien distinto y en realidad, aquella visión "industrialista" del desarrollo está despertando profundas críticas. Dicha reacción se expresa y resume en concepto paraguas de "sustentabilidad", que aunque sea un vocablo abusado, contiene significados bien definidos, que no sólo refieren al ambiente sino también a cuestiones socio-económicas (para una precisa definición de desarrollo sustentable véase FAO).

La trascendencia del tema en el país, recién ahora le ha caído al hombre de la calle en lo atinente a los recursos naturales, con el agotamiento del petróleo; pero la crisis abarca además el deterioro de los suelos y de las aguas -de los cauces y las subterráneas-, mientras todavía permanecen ocultos sus perjuicios socio-económicos, cuya resultante es la paulatina concentración de la producción agropecuaria, como en este caso la de cerdos, el debilitamiento y despoblación de las poblaciones rurales y sus economías y la inequidad en la distribución de los beneficios.

Nuevos paradigmas

Desde mucho antes, los estudiosos vienen planteando los nuevos paradigmas con que orientar el porvenir de la producción animal, y relegando las nociones de productividad y renta económica u otras de corto plazo, hasta ahora dominantes, por otras que emergen con más fuerza como y la preservación a largo plazo de los recursos naturales y la consideración por prácticas que contemplen la mejora en la calidad del producto –tan deteriorada últimamente-, el respeto por el bienestar animal, rasgos que en suma, se asocian con las crecientes demandas de los consumidores por mejores alimentos: mayor calidad organoléptica, más seguros, más sabrosos, producidos con respeto por la naturaleza y que retribuyan a las comunidades rurales en vez de a unas pocas empresas.

Contrariamente a las tendencias preconizadas desde la perspectiva "industrialista", existen otras sendas tecnológicas que desde la evolución tecnológica se ven como más adecuadas a las características de nuestro país y que podrían constituir el fundamento del desarrollo del sector, como las propuestas presentadas por el INTA.

Cerdos a campo

Se trata de métodos para la producción de cerdos a campo (en confinamiento parcial o moderado), a escala razonable, pero no capital intensivos sino manejo intensivos; ligados a la transformación de granos propios; el uso de instalaciones y equipamiento modular y portátil que cuestan la cuarta parte, o menos, de sus análogas en confinamiento; respetuosas del normal comportamiento animal; que no entregan efluentes contaminantes del suelo o el agua; que usan poca energía y no desperdician agua, y sobre todo, que incluyen a muchos productores y estimulan sus capacidades para que en conjunto redunden en beneficio de las comunidades donde están asentadas y no el las megalópolis.

Si bien las grandes empresas industriales pueden exhibir productividades llamativamente altas, con poca mano de obra y por ende bajos costos operativos, la magnitud de las inversiones (instalaciones) es tan alta que los costos indirectos –amortizaciones e intereses al capital invertido- que pueden superar cualquier ventaja obtenida por la reducción de costos operativos o directos, como en la alimentación o la mano de obra. Es que la mayor parte de la tecnología desarrollada últimamente apuntó, más que nada, y en eso ha sido muy efectiva, al reemplazo de mano de obra por capital y a permitir un ilimitado crecimiento de la escala, con el fin de manejar el mercado. Pero en definitiva, no es real que ello haya contribuido a reducir los precios al consumidor ni la calidad del producto.

Puestos de trabajo

Por último, otro argumento a favor de las unidades industriales, esgrimido a veces por el deseo de atraer modernas "inversiones" al campo sin que importe mucho si son extranjeras, es la creencia de que generan nuevos puestos indirectos de trabajo (servicios), que compensan con creces los puestos directos perdidos por el desplazamiento de los productores individuales, merced a una supuesta mayor eficacia en reasignación de los recursos humanos. Muy por el contrario, nada de eso ocurre; así, un estudio realizado por la universidad estatal de Missouri demuestra que para entregar un mismo volumen de cerdos, las unidades de gran escala desplazan 2/3 de los puestos de trabajo, tanto los directos –esperado- como también los indirectos –inesperado-.

Como corolario puede decirse que sí tiene futuro el desarrollo de la producción nacional de cerdos en unidades de tamaño razonable, que no son capital intensivos sino trabajo y manejo intensivo, que por esto estimulan las capacidades creativas del hombre sin reducirlas a las de un empleo rutinario de baja calificación, que demanda más trabajo en vez de equipamiento, que pone especial énfasis en la calidad intrínseca de la carne, que transforma y valoriza las cosechas dentro del propio establecimiento, sin malgastar combustibles en transporte de granos a grandes distancias, que diversifica las chacras saliendo del monocultivo y, sobre todo, mejorando los resultados económicos por sobre los de la agricultura pura. Todo lo cual hace que estos planteos, lejos de descalificaciones, sean los auténticamente sustentables.

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Ing. Agr. Pedro Goenaga
pgoenaga@pergamino.inta.gov.ar

 

 

 
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