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27 de abril de 2005 |
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INTA y PROCISUR realizaron un seminario internacional en Marcos Juárez
Vigilando los Suelos del Cono Sur |
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El Seminario Internacional de Indicadores de Calidad de
Suelos realizado entre el 20 y el 22 de abril en el INTA Marcos Juárez
profundizó la inquietud e iniciativa de las instituciones oficiales vinculadas
al manejo del suelo en el Cono Sur por evaluar indicadores de sostenibilidad
para monitorear la productividad y conservación de los suelos en el marco de un
proceso de agriculturización con balances de nutrientes decrecientes y avance
del monocultivo de soja.
Entre los días 20 y 22 de abril se realizó en el INTA
Marcos Juárez el Seminario Internacional de Indicadores de Calidad de Suelo
organizado por el INTA y el Programa Cooperativo para el Desarrollo
Agroalimentario y Agroindustrial del Cono Sur (PROCISUR) con la asistencia de
150 profesionales especializados de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay
y Uruguay.
Teniendo como temas clave los indicadores de sostenibilidad
en suelos bajo siembra directa y los problemas de implantación y
emergencia de cultivos en ese sistema, este seminario tuvo como objetivos
identificar indicadores de calidad y sostenibilidad en sistemas de producción
con siembra directa permanente en monocultivo de soja, rotaciones agrícolas y
rotaciones agrícolas ganaderas, discutiéndose su homologación. Se presentaron
experiencias de los países del Cono Sur relacionadas a temas como erosión
hídrica, materia orgánica, balance de nutrientes, infiltración, condiciones
físicas, indicadores biológicos, productividad, etc. Se analizaron además los
problemas derivados principalmente de la compactación y densificación del
suelo que dificulta y demora la implantación y las primeras etapas del
desarrollo del cultivo, identificando los suelos y principales sistemas
productivos con esta problemática.
Luz roja en nutrientes
Según el Dr. Roberto Díaz, directivo del PROCISUR y
coordinador del proyecto "Consolidación y valorización de la
sostenibilidad de sistemas agrícolas productivos bajo siembra directa", el
Cono Sur enfrenta un enorme desafío de encontrar alternativas de
diversificación productiva frente a la monoculturización creciente liderada
por el cultivo de soja. En ese aspecto, destacó que "el crecimiento
productivo da oportunidad a los sectores de producción, investigación y
transferencia de pensar propuestas de mediano y largo plazo que permitan
reorientar el sendero productivo actual anticipando los problemas futuros".
Llamó la atención Díaz respecto a los balances de nutrientes "muy
negativos" que presentan la mayor parte de los sistemas productivos
dominantes en la región. "El balance negativo de carbono y nitrógeno es
especialmente preocupante por sus efectos indirectos y es allá donde el éxito
económico y productivo de los abonos verdes y las pasturas plurianuales con
leguminosas puede desempeñar un gran rol mejorando la sustentabilidad",
remarcó.
Explicó Díaz que en la región, en menos de cuarenta
años, creció de 20 a 65 millones de hectáreas la agricultura en granos,
incorporando más de un millón de tierras vírgenes por año.
"Prácticamente todo ese crecimiento a partir de los 70 responde al
incremento del cultivo de soja, ya que en cuarenta años el área cultivada
aumentó en un 320% mientras que el área agrícola de todo el mundo lo hizo en
un 15% en el mismo período".
Calificó al seminario en Marcos Juárez como "una
oportunidad inmejorable porque siendo conscientes del proceso de
intensificación agrícola en toda la región del cono sur para lo cual el
PROCISUR que es un organismo que coordina a los "intas" de cada uno de
los seis países, podemos desarrollar estos temas y procurar tener un lenguaje
común para tener un adecuado seguimiento de la sostenibilidad de los suelos y
analizar indicadores que sean sensibles y nos revelen lo que está pasando para
poder tomar las precauciones en materia de sistemas de producción y de
tecnología que estamos empleando. Por otra parte, el INTA Marcos Juárez es el
lugar más pertinente dado que es quien tiene la experimentación más antigua y
de más largo plazo de toda Latinoamérica en materia de siembra directa, un
experimento ejemplar que marcó una vanguardia con lucidez para proponerlo hace
tanto tiempo".
Sobre el tema balance de carbono, el Ing. Carlos Galarza,
del INTA Marcos Juárez, apuntó que la producción agrícola pampeana argentina
posee herramientas fundamentales para transformar los suelos en eficientes
destinos del dióxido de carbono atmosférico. "La siembra directa, la
fertilización y la combinación de gramíneas y leguminosas de alta producción
de rastrojos pueden generar un incremento del carbono orgánico del perfil del
suelo. Considerando sólo el horizonte superficial, la directa en pocos años de
cultivos con abundantes residuos produce aumentos de materia orgánica. Para que
este incremento se dé en todo el perfil del suelo, al incremento de rastrojo
debe sumársele un balance de nitrógeno sin pérdidas de significación",
calificando de igualmente importante este nutriente como al carbono, que en
suelos en equilibrio deben mantenerse una relación constante. "Si las
extracciones con las cosechas dejan balances negativos de nitrógeno, de poco
sirve producir grandes volúmenes de rastrojo", sostuvo Galarza.
Un trabajo presentado en el seminario por otros técnicos
del Area Suelos del INTA Marcos Juárez estima que durante los últimos 100
años los suelos pampeanos han perdido el 50% de su contenido original de
carbono y nitrógeno orgánicos, apuntando la preocupación existente sobre la
sustentabilidad de los sistemas agrícolas intensivos en el largo plazo, aún
contándose con los beneficios del sistema de siembra directa. Al respecto, los
ensayos de la Estación Experimental Marcos Juárez –de 30 años de
antigüedad- en los cuales se comparan distintas rotaciones de cultivos anuales
y perennes con sistemas de labranzas convencionales y siembra directa, indican
claramente que los contenidos de C y N orgánicos tienen niveles superiores
cuando se utiliza siembra directa, incrementándose más aún la diferencia
frente a labranza convencional cuando la rotación incluye una combinación de
gramíneas con leguminosas (maíz-soja, sorgo-soja, trigo/soja-maíz). A la vez
los contenidos más altos de esos nutrientes naturales fueron encontrados en las
rotaciones agrícola ganaderas donde se utilizan pasturas de alfalfa y se maneja
el ciclo agrícola con siembra directa.
Indicadores
Especialistas de Uruguay presentaron un trabajo sobre al
efecto de las rotaciones y el laboreo en la calidad del suelo, en tarea conjunta
del INIA La Estanzuela con las experimentales argentinas del INTA de Balcarce y
Marcos Juárez, analizando el impacto con la utilización de indicadores
tradicionales como carbono orgánico y nitrógeno total y nuevos como potencial
de mineralización de nitrógeno por incubación anaeróbica, y carbono y
nitrógeno en la materia orgánica particulada. "Los indicadores son
elementos necesarios para ver cómo se están haciendo las cosas y no tener que
esperar treinta años para darse cuenta qué anduvo mal", sintetizó el
Ing. Alejandro Morón (INIA La Estanzuela, Uruguay) dando dimensión al objetivo
principal del Seminario. "De esta manera uno puede anticiparse midiendo
determinados aspectos del suelo para ver si el sistema de producción utilizado
y el manejo están funcionando correctamente según lo que le está pasando al
suelo.
Tradicionalmente el indicador utilizado es la materia
orgánica, que es particular para cada suelo no habiendo un valor único, pero
este indicador no tiene mucha sensibilidad, se necesitan muchos años acumulados
de determinado manejo para poder ver que va decreciendo o aumentando o se
encuentra estable. Junto con el INTA Marcos Juárez en los ensayos que cumplen
ahora 30 años medimos y evaluamos nuevos indicadores más sensibles comparando
resultados aquí y en Uruguay encontrando que efectivamente existen herramientas
nuevas que detectan más rápido los cambios".
Otros trabajos estuvieron relacionados a la siembra directa
y el uso de parámetros microbiológicos como bioindicadores para evaluar la
calidad del suelo y la sustentabilidad de los agroecosistemas (Brasil), el
mejoramiento de la formación de micorrizas nativas y su posterior efecto sobre
el cultivo de soja en el aprovechamiento eficiente del fósforo disponible
(Paraguay), degradación y recuperación de condiciones de suelos del sur
cordobés (Río Cuarto), consecuencias del tránsito de equipos en húmedo sobre
el suelo bajo siembra directa (INTA Roldan y Oliveros), siembra directa en
Chile, compactación y cambios en la densidad aparente del suelo (Bolivia) y
problemática en la implantación en el sur de Brasil, y la selección de
indicadores de calidad para la región pampeana y avances en la aplicación de
un sistema de información geográfica (INTA Castelar).
Según el Ing. Hugo Marelli, Coordinador del Area Suelos y
Producción Vegetal del INTA Marcos Juárez y del Seminario, el aumento de la
población mundial seguirá creando en el futuro una gran presión sobre el
recurso suelo para la producción de alimentos, "y esta demanda requerirá
en el futuro un alto nivel de productividad del suelo, la adición de nuevas
tierras y la restauración de suelos degradado". Apunta además Marelli que
"la agricultura sustentable en perspectiva de los próximos años deberá
contemplar las fortalezas y debilidades del agroecosistema y el uso de
prácticas de manejo que respeten las características específicas de cada
suelo, y para ello los indicadores de calidad deben ser medidos especialmente a
través de la evaluación de las propiedades físicas, químicas y biológicas y
los cambios que generan los distintos tipos de manejo, teniendo en cuenta los
principios de productividad, sustentabilidad y calidad ambiental".
A 30 años de una idea
Durante la realización de este seminario también se
conmemoraron los 30 años del comienzo de los trabajos de siembra directa en el
INTA Marcos Juárez por parte del Área Suelos y Producción Vegetal. Estos
ensayos -que continúan desarrollándose en la actualidad- son los más antiguos
del país y posiblemente de América del Sur y son referente para muchos
trabajos técnicos compartidos con otras instituciones a nivel nacional a
internacional. Estuvieron presentes en el acto los técnicos que desde el INTA y
la actividad privada estuvieron relacionados al inicio de las prácticas de los
cultivos sin labranzas a principios de la década del 70, que tuvo su piedra
basal en el histórico ensayo trigo/soja que hoy día funciona como un indicador
fundamental de la calidad del suelo con el paso de los años.
"Se combinaron varios factores, entre ellos una
estación experimental relativamente nueva, una zona de profesionales muy
contactados a los productores y un área con fábricas de maquinarias",
apunta Roberto Piterbarg, que en aquellos tiempos era gerente técnico de
Duperial para el producto Gramoxone. "Desde la empresa donde yo trabajaba
apoyamos la idea, y aquí fue donde se forjaron muchos técnicos para mejorar
este sistema", enfatiza .
El Ing. Osvaldo Signorile, actualmente Jefe de la agencia
INTA de Ucacha, fue otro integrante del grupo impulsor de aquel primer ensayo
trigo/soja en directa. Asegura que "tantos años atrás no imaginábamos
que esto iba a tener semejante grado de adopción ni que iba a ser tan
importante para la agricultura argentina. Hoy vemos que la siembra directa está
incorporada también masivamente en las zonas tamberas clásicas con sistemas de
alta producción –7 a 8 mil litros de leche por hectárea-, aplicándola en
verdeos, pasturas , maíz como silo o grano para alimentación y soja RR dentro
de la rotación tambera con gran éxito, esta última facilitando enormemente la
limpieza de los campos para hacer pasturas".
"Fue una tarea de investigación y experimentación que
desarrollamos con entusiasmo y convicción", evalúa el Ing. Mario Nardone,
hoy fuera de la institución y participando en AAPRESID, asociación que desde
los 80 dio un nuevo empuje a la siembra directa. "Tanto en la actividad
privada o como docente universitario tuve como tema central la siembra directa
como un sistema de producción. Creo que debemos ampliar el horizonte de visión
en cuanto a esta práctica, y acentuar en la sustentabilidad de los sistemas de
producción donde no existen fronteras porque la naturaleza no los tiene aunque
los hombres sí. Es importante considerar a los sistemas agrícolas, ganaderos y
forestales interactuando de manera de enriquecerlos tanto a nivel social,
económico como ambiental".
Nestor Trentino, Jefe de la Agencia INTA Las Rosas, cuenta
que como a todos sus colegas extensionistas relacionados al tema, le tocó
"bailar con la más fea". "Había que romper barreras y
prejuicios para imponer una técnica que proponía nada más y nada menos que
revertir la costumbre de remover el suelo. Muchos productores nos trataban poco
más que de "desorbitados" por dejar de utilizar la reja, el disco
doble y la rastra y rolo para poder implantar un cultivo. Recuerda además
Trentino a Juan Carlos Plá, empresario de Las Rosas que "fue uno de los
que dio el espaldarazo para que hoy sea la agroindustria la que también pueda
exportar esta tecnología a los países vecinos".
El Ing. Jorge Cazenave era, en 1974, agregado agrícola en
la embajada de EEUU, y luego de asistir a una reunión en Pennsylvania con más
de 1000 asistentes, volvió entusiasmado por la novedad. "En ese año se
cosechó por primera vez el ensayo de Marcos Juárez.. Aquí me encontré con un
grupo capitaneado por el Ing. Alfredo Lattanzi que estaba realmente con muy
pocos recursos pero convencidos que había que buscar un nuevo sistema de
labranza para evitar el deterioro de los suelos. La siembra directa nos ha
permitido pasar del medio millón de toneladas de soja que teníamos en la
década del 70 a los más de treinta que tenemos actualmente, cosa que no
hubiéramos podido lograr sin deteriorar los suelos gravemente. Esto se debe a
un montón de técnicos, empresas y productores que se animaron a quienes quiero
rendir mi tributo, y a la EEA Marcos Juárez que fue capaz de seguir y empujar
durante todo este tiempo hasta hoy cuando la directa es ya un sistema de
labranza más corriente de la Argentina", apunta Cazenave, quien diseñó
entonces un equipo llamado "barra portaherramientas", que se
anteponía a la sembradora convencional, consistiendo en un set de cuchillas
onduladas con peso extra.
Los Ings. Alfredo Lattanzi y Hugo Marelli son quienes aún
están en la experimental marcosjuarense y quienes mantienen junto a técnicos
que se fueron incorporando con el correr de los años al Area Suelos y
Producción Vegetal el trabajo en los ensayos históricos y en otros
emprendimientos de investigación para perfeccionar el sistema. Recuerda
Lattanzi que el doble cultivo trigo soja era en esos tiempos un sistema
sumamente erosivo por la cantidad de labores que se hacían para sembrar la
soja, además del tiempo que insumían demorando la siembra. "Los primeros
ensayos dieron muy buenos resultados, la soja crecía igual o mejor que con
labranza y el problema más serio era el control de malezas que complicaba a
este cultivo. Con el paulatino entusiasmo de productores y fábricas de
maquinarias se logró un avance que recién cuando estuvo disponible el
glifosato se pudo hacer un muy buen control de malezas a costos cada vez más
razonables", apunta. Para Marelli, en aquellos tiempos fue importante
además el apoyo de empresas de agroquímicos como Duperial y de maquinarias
como Agrometal, Migra, Pierobón, Gharardi o Schiarre, que adaptaron máquinas
convencionales y se sumaron a la "aventura" de los primeros pasos en
directa. "Nada fue por generación espontánea sino que tuvieron una gran
base de trabajo oficial y privada", afirma.
Andrés del Pino
Comunicaciones INTA Marcos Juárez
Abril de 2005
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