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  05 de junio de 2002

 
El Prohuerta y su real dimensión en tiempos críticos 
Economía y Salud, más que nunca

Como se ha demostrado a través de la actividad del ProHuerta, puesto en marcha por intermedio del INTA, la alternativa de la autoproducción de alimentos en pequeña escala es muy eficaz para complementar la dieta en los sectores más carenciados, otorgando a la vez una posibilidad de participación activa a sus beneficiarios.

El Prohuerta es un programa de seguridad alimentaria que ya lleva más de 10 años en el país, colaborando con la mesa de los sectores de menor ingreso de la población.

Este programa ha permitido a familias de ese estrato el acceso durante todo el año a alimentos sanos y económicos. Al ser una propuesta de carácter orgánico, sin el uso de ningún tipo de agrotóxico, ha logrado que cada vez más personas se acerquen no sólo para reducir el gasto en alimentos sino también por la necesidad de comer más saludablemente y productos de mejor sabor. En definitiva, estas últimas razones también terminan siendo una cuestión económica ya que la alimentación saludable redunda en una menor incidencia de enfermedades. Está demostrado que los sectores de menores recursos gastan entre un 60-80% de sus ingresos en alimentos y son quienes más solicitan la asistencia de los centros de salud públicos.

De esta forma, si las personas pueden alimentarse mejor, esto redundará en mejor calidad de vida.

El suelo y el hombre: la verdadera alianza productiva

En la actual situación argentina, en la que el crecimiento del número de pobres durante el último año ha sido de 3 millones, aumentando en más de 8.000 personas por día, adquiere significativa importancia la autoproducción de alimentos.

Simplificando, se puede decir que el 45% de la población del país se encuentra en situación económica comprometida, y que en la gran mayoría de los casos, la reducción de gastos no implica suprimir elementos superfluos sino poner en riesgo la salud.

Dentro de ese panorama quienes llevan la peor parte son los niños y jóvenes, que son quienes en realidad deberían estar mejor alimentados ya que los daños de una mala nutrición a temprana edad dejan secuelas irreversibles, y esto se relaciona definitivamente con el país en el que pretendamos vivir en el futuro.

El momento de actuar frente a la desnutrición es desde la prevención de la misma.

Por todo lo antes mencionado es que hoy más que nunca, a diez años de su implementación, crece la importancia del Prohuerta y sus objetivos, tanto en lo que hace a procurar una alimentación adecuada en cantidad y calidad como también en cuanto a una forma de empleo autogestionado logrando una nueva alternativa productiva con tecnología de escaso insumo externo y bajo impacto ambiental, incrementando la participación comunitaria. Otro valor agregado del programa son las capacidades y habilidades que quedan instaladas en la gente en cuanto al trabajo ambientalmente saludable, la educación alimentaria y ambiental, y el aprovechamiento y la conservación de alimentos.

Las actividades que desarrolla el Prohuerta se enmarcan dentro de la agricultura urbana.

Si bien el mundo posee la capacidad de producir alimentos suficientes para todos sus habitantes y se estima que alcanzaría al menos para las próximas décadas, se prevé que en los años venideros aumente la cantidad de pobres y los niveles de inseguridad alimentaria en los países en vías de desarrollo.

En general quienes padecen estas situaciones en cada uno de los pueblos no son quienes deben tomar las medidas para paliar los efectos de la crisis, tampoco son consultados y por lo tanto, esas medidas escasamente alcanzan a solucionar sus problemas.

Los beneficios del esfuerzo propio

Las crisis alimentarias en el mundo han pasado de ser hambrunas generalizadas y estruendosas a una desnutrición crónica, lacerante y silenciosa que pasa desapercibida por parte de las autoridades. Pero también pasa desapercibida muchas veces la capacidad productiva que tienen las ciudades (terrenos baldíos que podrían estar produciendo alimentos, terrenos lindantes al ferrocarril, patios, etc.)

Normalmente, las verduras y hortalizas viajan cientos de kilómetros desde las zonas productoras a los centros de consumo, cuando en realidad podrían estar produciéndose en el mismo lugar en el que se van a consumir. Estas verduras que vienen de grandes centros de producción, normalmente están tratadas con productos químicos que impactan directamente en la salud de quienes los consumen y de quienes los aplican y en definitiva sobre el ambiente de todos. Además, llegan al consumidor a un precio mucho mayor que el que pagaría si se produjera en el mismo lugar ya que tiene que absorber el costo del transporte y las pérdidas que se producen durante el mismo. Finalmente, no tienen la misma calidad nutricional de un alimento cosechado para consumir en el momento.

Afortunadamente existen casos que pueden ser tomados como ejemplo en los que se combina el accionar de la gente, del gobierno local que apoya las iniciativas de producción, programas gubernamentales como el Prohuerta y el trabajo de organizaciones de la sociedad civil. Un ejemplo es el caso de una ONG Centro de Estudios de Producciones Agroecológicas de Rosario (CEPAR) que trabaja íntimamente ligada al Prohuerta en la localidad de Camilo Aldao (Pcia. de Córdoba), con la participación de la Municipalidad local.

El Proyecto Prohuerta promueve la autoproducción de alimentos a escala familiar pero también brinda apoyo a aquellas iniciativas que toman un carácter más comercial ya sea a través de la venta o del trueque. El tiempo de vida de este proyecto ha demostrado que además de cubrir las necesidades de alimentación de las personas cubre otras necesidades del ser humano como son la participación comunitaria, el reconocimiento, la valoración, el sentirse útil y con capacidad para ayudar a otros.

En muchos casos las mujeres que participan del proyecto comentan que se sienten mas reconocidas a nivel familiar y con mayor tranquilidad frente a las bajas en el ingreso familiar ya que saben que poseen el alimento para sus familias. Otras que se han podido integrar mas a su barrio a través del intercambio de conocimientos, herramientas o plantines entre los vecinos.

En el caso del área de influencia de la EEA Marcos Juárez, el número de huertas/granjas familiares supera las 13.600, lo cual pone en evidencia el interés de la población por producir.

 

Comunicaciones INTA Marcos Juárez
Mayo 2002

 
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