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  Marzo de 2002

 
Verdeos en Directa

Ensayos del INTA en Marcos Juárez y Río Cuarto
 

Los sistemas agrícolo-ganaderos de la región subhúmeda pampeana basan su producción forrajera en las pasturas base alfalfa. Dichos sistemas, aún con alfalfas sin latencia invernal, siguen manteniendo una alta dependencia de los recursos estacionales para lograr un equilibrio de la oferta de forraje durante todo el año. La inclusión del verdeo de invierno, en un porcentaje definido de la superficie total de pasturas, resulta ideal para cumplir con este propósito.

La implantación de este recurso en forma tradicional, con remoción del suelo, suele traer aparejado ciertos problemas tales como demoras en la fecha óptima de siembra y falta de piso firme al momento de realizar el pastoreo.

A su vez, los suelos de esa región se caracterizan por su variabilidad en la provisión de agua y de nutrientes, especialmente nitrógeno, condicionando significativamente la producción de forraje. La técnica de siembra sin labranza, directamente sobre el rastrojo del cultivo anterior, además de ayudar a conservar el suelo y el agua del mismo, permite anticipar en varios días la implantación de este recurso forrajero constituyéndose en una valiosa alternativa.

Por otra parte, La ubicación de los verdeos invernales en una secuencia de cultivos es un aspecto muy importante puesto que cada antecesor afecta de manera diferente las propiedades como el contenido de agua y de nitratos, que condicionan la productividad de los cultivos forrajeros.

Para asegurar el éxito en la producción de forraje con esta modalidad de siembra se requiere, entre otras cosas, de un buen control previo de malezas y de la aplicación de un fertilizante nitrogenado en cantidad acorde a las necesidades resultantes de un análisis previo del suelo.

El potencial productivo de un verdeo como la avena manifiesta su real magnitud cuando el suelo se halla adecuadamente provisto de nutrientes y la disponibilidad de agua alcanza alrededor de 250-260 mm en el período de abril a agosto. En la región sudeste de Córdoba las precipitaciones de los últimos treinta años alcanzaron en ese período una media cercana a 200 mm, de modo tal que la diferencia para llegar a los niveles señalados debería provenir del agua almacenada en el perfil del suelo. En este sentido, la técnica de siembra directa, a través de la cobertura del suelo que proporcionan los residuos de cosecha, puede contribuir a la eficiencia tanto en almacenamiento como en utilización.

Las diferencias en el contenido de agua del suelo debido al uso efectuado por el cultivo precedente y la variación en la cobertura proporcionada por cada rastrojo, permiten especular acerca de efectos diferentes sobre la implantación y producción de verdeos sembrados sobre distintos rastrojos de cultivos estivales.

 

SIEMBRA DIRECTA DE AVENA CON FERTILIZACION NITROGENADA

Para conocer el efecto del rastrojo del cultivo anterior sobre la implantación y productividad de la avena en SD, en los años 1999 y 2000 se realizaron en el INTA Marcos Juárez sendos ensayos sembrados en el mes de abril, sobre rastrojo de maíz y rastrojo de soja incluyendo a su vez la aplicación de distintos niveles de fertilizante nitrogenado (urea).

Según destacan los resultados de estos ensayos, en 1999 la producción media de forraje del tratamiento sobre rastrojo de soja, con 3940 kg de MS/ha, fue superior al de rastrojo de maíz (3522 kg/ha). Este comportamiento se repitió en el año 2000, donde el primer tratamiento alcanzó 4205 kg de MS/ha mientras que el segundo solo registró 3515 kg.

Las importantes lluvias de marzo de 1999 permitieron almacenar una buena cantidad de agua en el perfil del suelo que sumada a una lluvia en junio hicieron que este elemento no fuera limitante para el desarrollo del cultivo durante todo el ciclo. En el ensayo del año siguiente, si bien al momento de la siembra el perfil se encontraba con menor cantidad de agua útil, las importantes precipitaciones de abril y mayo permitieron llegar al final del ciclo con más de 300 mm de agua disponible.

El período abril–agosto de 1999, comparado con el mismo del año 2000, resultó deficitario en disponibilidad de agua pero la producción total de forraje fue muy similar entre ciclos. Esto indica que, en ambos años, el rendimiento fue la resultante de una compensación entre la cantidad de agua en el perfil y las precipitaciones registradas durante el ciclo del cultivo.

Por otro lado, los valores de calidad del forraje de cada corte mostraron diferencias, especialmente en proteína bruta. Los porcentajes tendieron a incrementarse a medida que aumentó el nivel de nitrógeno aportado y disminuyeron en los cortes sucesivos en todos los tratamientos. Este patrón de comportamiento típico se verificó en el primer año pero los valores de proteína bruta fueron muy similares entre niveles de fertilización en el año 2000. Por el contrario, los valores de fibra detergente ácido se mantuvieron relativamente estables entre tratamientos principales y entre distintos niveles de fertilización.

Según se observó en los resultados, los distintos rendimientos debidos a los tipos de rastrojo pudieron originarse en eventuales diferencias en algunas propiedades edáficas propias de cada condición confrontada resultando factible asignar esas diferencias a la mayor tasa de descomposición del residuo de soja.

Por su parte, bajo las condiciones climáticas registradas durante ambos ciclos, la mayor cobertura del suelo provocada por el rastrojo de maíz no se tradujo en mayor rendimiento de forraje del verdeo implantado sobre el mismo, posiblemente porque en ninguno de los ciclos evaluados se registraron restricciones hídricas severas. Corroborando resultados de ensayos de años anteriores, se notó una respuesta creciente en el rendimiento de materia seca siguiendo los niveles de fertilización, con un promedio de aproximadamente 20 kg MS por kg de N aportado, no detectándose interacción entre tipo de rastrojo y fertilización.

Entre las consideraciones finales de este trabajo, se destaca que el tipo de rastrojo del cultivo antecesor tuvo un claro efecto sobre el rendimiento de materia seca del verdeo de avena ya que, a igual fecha de siembra, fue mayor en el cultivo implantado sobre rastrojo de soja. A su vez no se observó que la mayor cobertura de suelo ofrecida por el rastrojo de maíz tuviera incidencia sobre el rendimiento de forraje del verdeo.

 

EXPERIENCIA EN RIO CUARTO: RESPUESTA PRODUCTIVA EN DIRECTA Y CONVENCIONAL

En el establecimiento San Miguel, ubicado 50 km al oeste de Río Cuarto, al pie de las sierras de los Comechingones, el INTA llevó a cabo entre 1998 y 2000 ensayos de experimentación adaptativa en implantación de verdeos bajo siembra convencional y siembra directa. El objetivo fue conocer la respuesta productiva de un cereal forrajero típico (cultivar de avena Cristal INTA) bajo dos técnicas de siembra con distintos niveles de fertilización nitrogenada (urea).

En el lugar donde se realizaron los ensayos predomina el relieve ondulado, con suelos sueltos, franco arenosos o areno francos caracterizados por elevada escorrentía superficial, desagregación, baja capacidad de retención hídrica y baja dotación de nutrientes.

Las siembras se realizaron en marzo en lotes tradicionalmente bajo labranza vertical con un verdeo como cultivo antecesor. La siembra directa se realizó directamente sobre el rastrojo de ese cultivo previa aplicación de glifosato, mientras que para la siembra convencional el suelo recibió dos labores de rastra doble acción y una de rastra de dientes.

La remoción de forraje se realizó pastoreando todo el lote con alta carga instantánea, utilizando novillos británicos con un peso medio de 300 kg/p.v., que permanecieron entre 3 y 5 días por pastoreo y fueron retirados cuando el remanente de forraje llegaba a 8-10 cm de altura. Previo a la entrada de los animales, se midió la altura del cultivo y se realizaron cortes manuales a 7 cm del suelo para establecer porcentaje de materia seca y producción de MS. Además, sobre las muestras de forraje de estos cortes, se determinó el contenido de proteína bruta y de fibra detergente ácido.

Los valores de producción promedio de cada técnica de siembra, fueron 4146 kg MS/ha y 3874 kg MS/ha para siembra convencional y directa respectivamente.

Las buenas condiciones climáticas registradas durante todo el período permitieron que la humedad del suelo no fuera limitante para el desarrollo del cultivo, lográndose altos valores de producción de forraje en todos los tratamientos con ambas técnicas de siembra. Esto, en parte, podría explicar el bajo efecto que tuvo la mayor cobertura del suelo en los tratamientos de siembra directa.

Teniendo en cuenta la producción total de forraje de todos los tratamientos, la relación de incremento en el rendimiento de forraje (en kg de MS por unidad de N aportado), fue altamente positiva. Esta relación fue, en promedio para las dos técnicas de siembra, de 40:1 en la dosis de 25 N, de 34:1 en 50 N y de 24:1 en la dosis mayor.

En coincidencia con resultados de otras experiencias, los valores de calidad de forraje muestran diferencias entre tratamientos, especialmente en lo que respecta a proteína bruta:

como en el ensayo de Marcos Juárez, los contenidos de proteína bruta tendieron a incrementarse a medida que aumentó el nivel de nitrógeno aportado por el fertilizante. A su vez, los mismos decrecieron en los cortes sucesivos en todos los tratamientos lo cual constituye un patrón de comportamiento habitual de dicho indicador para este tipo de gramíneas anuales. No obstante esta tendencia general, es posible reconocer diferencias en el comportamiento de esta variable frente a las distintas técnicas de siembra. Así, en la modalidad de SD los valores de PB fueron muy altos en el crecimiento inicial en los tratamientos con fertilización pero ya en el segundo pastoreo los mismos cayeron notablemente hasta llegar a valores del 10-11%. En cambio, en la siembra convencional este decrecimiento resultó mucho más paulatino y aún en el tercer pastoreo, los tratamientos fertilizados mantuvieron un contenido proteico del forraje del orden del 13 al 15%.

Recopilación: Comunicaciones INTA Marcos Juárez

Resumen de los trabajos "Siembra Directa de Avena sobre rastrojos de maíz y soja con fertilización nitrogenada" (Amigone, Kloster) Y "Fertilización nitrogenada de verdeos de invierno en siembra directa y convencional en Río Cuarto" (Amigone, Kloster, Montesano).
Información para Extensión Nº70 INTA Marcos Juárez. Biblioteca: bibjua@correo.inta.gov.ar

 

 
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