|
Febrero de 2002 |
|
El ProHuerta y su real dimensión en tiempos críticos
Economía
y salud, más que nunca |
Como se ha
demostrado a través de la actividad del ProHuerta, puesto en marcha por
intermedio del INTA, la alternativa de la autoproducción de alimentos en
pequeña escala es muy eficaz para complementar la dieta en los sectores más
carenciados, otorgando a la vez una posibilidad de participación activa a sus
beneficiarios.
El Prohuerta es un
programa de seguridad alimentaria que ya lleva más de 10 años en el país,
colaborando con la mesa de los sectores de menor ingreso de la población.
Este programa ha permitido a familias de ese estrato el acceso durante
todo el año a alimentos sanos y económicos. Al ser una propuesta de carácter
orgánico, sin el uso de ningún tipo de agrotóxico, ha logrado que cada vez
más personas se acerquen no sólo para reducir el gasto en alimentos sino
también por la necesidad de comer más saludablemente y productos de mejor
sabor. En definitiva, estas últimas razones también terminan siendo una
cuestión económica ya que la alimentación saludable redunda en una menor
incidencia de enfermedades. Está demostrado que los sectores de menores
recursos gastan entre un 60-80% de sus ingresos en alimentos y son quienes más
solicitan la asistencia de los centros de salud públicos.
De esta forma, si las personas pueden alimentarse mejor, esto redundará en
mejor calidad de vida.
El suelo y el
hombre: la verdadera alianza productiva
En la actual situación
argentina, en la que el crecimiento del número de pobres durante el último año
ha sido de 3 millones, aumentando en más de 8.000 personas por día, adquiere
significativa importancia la autoproducción de alimentos.
Simplificando,
se puede decir que el 45% de la población del país se encuentra en situación
económica comprometida, y que en la gran mayoría de los casos, la reducción
de gastos no implica suprimir elementos superfluos sino poner en riesgo la
salud.
Dentro de ese panorama quienes llevan la peor parte son los niños y jóvenes,
que son quienes en realidad deberían estar mejor alimentados ya que los daños
de una mala nutrición a temprana edad dejan secuelas irreversibles, y esto se
relaciona definitivamente con el país en el que pretendamos vivir en el
futuro.
El momento de actuar frente a la desnutrición es desde la prevención
de la misma.
Por todo lo antes
mencionado es que hoy más que nunca, a diez años de su implementación,
crece la importancia del Prohuerta y sus objetivos, tanto en lo que hace a
procurar una alimentación adecuada en cantidad y calidad como también en
cuanto a una forma de empleo autogestionado logrando una nueva
alternativa productiva con tecnología de escaso insumo externo y bajo impacto
ambiental, incrementando la participación comunitaria. Otro valor agregado
del programa son las capacidades y habilidades que quedan instaladas en la
gente en cuanto al trabajo ambientalmente saludable, la educación alimentaria
y ambiental, y el aprovechamiento y la conservación de alimentos.
Las actividades que
desarrolla el Prohuerta se enmarcan dentro de la agricultura urbana.
Si bien el mundo posee
la capacidad de producir alimentos suficientes para todos sus habitantes y se
estima que alcanzaría al menos para las próximas décadas, se prevé que en
los años venideros aumente la cantidad de pobres y los niveles de inseguridad
alimentaria en los países en vías de desarrollo.
En general quienes padecen estas situaciones en cada uno de los pueblos no son
quienes deben tomar las medidas para paliar los efectos de la crisis, tampoco
son consultados y por lo tanto, esas medidas escasamente alcanzan a solucionar
sus problemas.
Los beneficios
del esfuerzo propio
Las crisis
alimentarias en el mundo han pasado de ser hambrunas generalizadas y
estruendosas a una desnutrición crónica, lacerante y silenciosa que pasa
desapercibida por parte de las autoridades. Pero también pasa desapercibida
muchas veces la capacidad productiva que tienen las ciudades (terrenos baldíos
que podrían estar produciendo alimentos, terrenos lindantes al ferrocarril,
patios, etc.)
Normalmente, las verduras y hortalizas viajan cientos de kilómetros desde las
zonas productoras a los centros de consumo, cuando en realidad podrían estar
produciéndose en el mismo lugar en el que se van a consumir. Estas verduras
que vienen de grandes centros de producción, normalmente están tratadas con
productos químicos que impactan directamente en la salud de quienes los
consumen y de quienes los aplican y en definitiva sobre el ambiente de todos.
Además, llegan al consumidor a un precio mucho mayor que el que pagaría
si se produjera en el mismo lugar ya que tiene que absorber el costo del
transporte y las pérdidas que se producen durante el mismo. Finalmente,
no tienen la misma calidad nutricional de un alimento cosechado para consumir
en el momento.
Afortunadamente
existen casos que pueden ser tomados como ejemplo en los que se combina el
accionar de la gente, del gobierno local que apoya las iniciativas de producción,
programas gubernamentales como el Prohuerta y el trabajo de organizaciones de
la sociedad civil. Un ejemplo es el caso de una ONG Centro de Estudios de
Producciones Agroecológicas de Rosario (CEPAR) que trabaja íntimamente
ligada al Prohuerta en la localidad de Camilo Aldao (Pcia de Córdoba),
con la participación de la Municipalidad local.
El Proyecto Prohuerta promueve la autoproducción de alimentos a escala
familiar pero también brinda apoyo a aquellas iniciativas que toman un carácter
más comercial ya sea a través de la venta o del trueque. El tiempo de vida
de este proyecto ha demostrado que además de cubrir las necesidades de
alimentación de las personas cubre otras necesidades del ser humano como son
la participación comunitaria, el reconocimiento, la valoración, el sentirse
útil y con capacidad para ayudar a otros.
En muchos casos las mujeres que participan del proyecto comentan que se
sienten mas reconocidas a nivel familiar y con mayor tranquilidad frente a las
bajas en el ingreso familiar ya que saben que poseen el alimento para sus
familias. Otras que se han podido integrar mas a su barrio a través del
intercambio de conocimientos, herramientas o plantines entre los vecinos.
En el caso del área
de influencia de la EEA Marcos Juárez, el número de huertas/granjas
familiares supera las 13.600, lo cual pone en evidencia el interés de la
población por producir.
Comunicaciones INTA Marcos Juárez
Andrés del Pino
Sección Comunicaciones
INTA EEA MARCOS JUAREZ
03472-425001. Int. 113. |