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07 de julio de 2005
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7
de Julio, Día de la Conservación del Suelo
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La Intensificación y Expansión Agrícola debe realizarse conservando los
suelos y los recursos naturales
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La intensificación y expansión agrícola, operada durante
los últimos años, ha determinado un incremento espectacular de la producción
granaria y la incorporación de nuevas tierras al mapa agrícola del país. Este
proceso ha sido muy beneficioso en función de los ingresos generados y la
recaudación fiscal, que a su vez permitió cumplir con los programas sociales.
Sin embargo, es necesario advertir sobre los riesgos de una
simplificación extrema de los sistemas productivos que alcanzan su expresión
máxima en el monocultivo de soja. La expansión agrícola, que está ocurriendo
en zonas marginales, plantea asimismo un problema de incompatibilidad con la
sustentabilidad de la agricultura en estas regiones.
Las transformaciones de la agricultura durante la década
del 90, en especial la difusión de la siembra directa, mejoraron la calidad de
los suelos pampeanos, debido principalmente a la drástica disminución de la
erosión y al incremento del contenido de materia orgánica y de la fertilidad.
Sin embargo, la tendencia al monocultivo de soja de los últimos años, causó
nuevamente un empobrecimiento del suelo.
Para su buen funcionamiento la siembra directa requiere que
haya a lo largo del año una cobertura vegetal del suelo, que incluye los
rastrojos de los cultivos. Ello se consigue alternando gramíneas (trigo, maíz,
sorgo) que aportan residuos de lenta descomposición, con soja, cuyos residuos
se descomponen rápidamente. En sistemas de siembra directa con rotación de
cultivos, las pérdidas de suelo anuales son inferiores a 2 toneladas por
hectárea, muy por debajo del máximo tolerable, que orientativamente está
próximo a las 10 toneladas por hectárea. La rotación de soja y gramíneas
arroja a lo largo del tiempo un balance positivo del carbono del suelo, que se
traduce en un incremento de la materia orgánica, de la fertilidad y en una
mejora de la condición estructural.
Cuando se abandonan las rotaciones, se disminuye
drásticamente la incorporación de materia orgánica al suelo rompiéndose el
ciclo virtuoso descripto. Los suelos se tornan estructuralmente más inestables
(especialmente los de mayor contenido de limo) con tendencia a compactarse, lo
cual altera desfavorablemente la dinámica del agua pluvial. Esta situación se
está difundiendo en la región Pampeana.
El recurso suelo esta potencialmente comprometido en las
áreas frágiles de expansión agrícola como en la región chaqueña y del
noroeste de la Argentina. En efecto, en el Chaco Salteño y Tucumano, partes de
las selvas pedemontanas de ambas provincias y gran parte del Chaco Seco sufren
una deforestación intensa que está generando procesos de erosión y pérdida
acelerada de la materia orgánica en función de la sobreutilización de las
tierras por encima de su aptitud natural. A la degradación de los suelos se
adicionan cuantiosas pérdidas de biodiversidad y de servicios ambientales tales
como captura de carbono, protección de cuencas, almacenaje de agua y
conservación del paisaje , entre otros.
Resulta por lo tanto particularmente importante para estos
ecosistemas frágiles encontrar puntos de equilibrio entre la producción y los
riesgos de un manejo inadecuado de los suelos y de los recursos naturales. Las
soluciones deberían encontrarse en el diseño de políticas de ordenamiento
territorial que propendan a este equilibrio de explotación y conservación.
Ello permitirá alcanzar sistemas agropecuarios sustentables, dejando de lado
una visión "cortoplacista", que sólo conduce a la degradación del
suelo y a la disminución de su productividad.
Ing. Agr. Roberto R. Casas
Director del Instituto de Suelos del INTA
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