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28 de julio de 2009 |
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Las retenciones reales del trigo y del maíz se acercan al 40 por ciento |
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El primero tributa el 23 por ciento y el segundo 20, pero el manejo de los
Registros de Exportación provoca descuentos adicionales del 16 y 14 por
ciento, respectivamente
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(Fuente: CREA)
Cuando se habla de los
descuentos en el valor de los granos, se suele asociar sólo con los gravámenes
a las exportaciones. Sin embargo, esta visión es incompleta, porque además del
porcentaje de retenciones impuesto por el Gobierno, el productor sufre otras
reducciones adicionales.
Este descuento extra se
traduce en el valor que recibe el productor, que es menor al precio
internacional de los granos descontadas las retenciones y los gastos de
embarque. En el caso del trigo, esta reducción adicional es de 16%; en el maíz,
del 14%.
Este comportamiento se explica
porque los Registros de Exportación de trigo y maíz estuvieron cerrados
durante la mayor parte de 2008 y en el primer semestre de 2009.
Consecuentemente, se generó una situación de sobreoferta interna que
desincentiva la competencia entre los molinos, las aceiteras, los consumos (feed
lots, industria avícola, etcétera) y los propios exportadores, lo que
provoca una baja del precio interno de los cereales sin que eso se traduzca en
beneficios al consumidor.
Si a estos valores se les
suman las retenciones (de 23% para el trigo y 20% para el maíz), se aprecia que
el productor recibe sólo el 61% y el 66% respectivamente, del precio de los
cereales.
En el caso de las oleaginosas,
los descuentos son menores porque la exportación está activa. Actualmente,
para la soja el descuento extra es del 2% y para el girasol, del 6%. Sin
embargo, estos productos tienen mayores alícuotas de derechos de exportación
(35% y 32% respectivamente), por lo cual el precio final que recibe el productor
es similar al de los cereales: 63% para la soja y 62% para el girasol.
Radiografía del descuento
Las principales causas que
explican las diferencias en los cereales son el intervencionismo en los
Registros de Exportación, los cambios de los plazos establecidos para los
embarques de exportaciones y la creación de los ROE mediante la resolución
543. La suma de todos estos factores, más el constante cambio de las reglas
vinculadas al comercio de granos, genera una gran falta de previsibilidad,
condición fundamental para el negocio, que se refleja en castigos en los
precios.
La composición del descuento
mencionado para el trigo y el maíz incluye varios elementos (gráfico 1).
Gráfico 1. Composición
del FOB teórico Argentina de los cereales
Fuente:
Unidad de Investigación y Desarrollo del Movimiento CREA sobre la base de
datos de MATba y Sagpya.
El sector verde de las barras
es el promedio de la cotización de los últimos tres meses (abril -
junio) correspondiente a la posición Disponible del Mercado a Término (Precio
bruto que el productor efectivamente recibe si vende su mercadería a través de
ese mercado).
La porción azul son las
retenciones gravadas por tonelada de grano.
La sección roja es la
diferencia entre el precio FAS Teórico (valor que debería recibir el productor
sin considerar las retenciones y los gastos de embarque) y el Disponible en el
Mercado a Término. La diferencia entre ambos precios detalla la porción que se
“toman” los distintos eslabones de la cadena comercial.
Además, en el caso del trigo,
la porción amarilla representa la diferencia entre el precio FOB teórico
Argentina y la cotización efectiva del FOB Argentina. Es un descuento adicional
que aplican los exportadores por la imprevisibilidad del mercado argentino.
Para las oleaginosas, el cálculo
de los descuentos es distinto porque se utiliza la capacidad teórica de pago de
la industria, que es el precio al cual aquélla puede comprar soja o girasol (gráfico
2).
Gráfico 2. Composición
de la capacidad teórica de pago de la industria oleaginosa
Fuente:
Movimiento CREA sobre la base de datos de MATba y Sagpya.
La porción verde es el precio
por tonelada que cotiza en el Disponible y, a la vez, es el precio bruto de
referencia para el productor si vende su mercadería a través del Mercado a Término
de Buenos Aires.
La sección azul corresponde a
los derechos de exportación y el sector rojo es la diferencia existente entre
la capacidad teórica de pago de la industria y la cotización Disponible.
Este descuento (no producido
por las retenciones) obedece a otros factores como, por ejemplo, las primas de
riesgo que toma la industria por la baja previsibilidad generada por las medidas
que afectan al comercio de granos, un negocio que requiere varios meses para ser
concretado.
Consecuencias funestas
En función de estos cálculos,
el presidente del Movimiento CREA, Rafael Llorente, considera: Estas
alteraciones en el funcionamiento del mercado afectan la producción local de
granos y la economía de los productores, perjudicada, además, por una mala
campaña climática 2008/09, durante la cual muchos sufrieron grandes pérdidas
de su capital operativo y ven dificultado el acceso al financiamiento. En este
contexto, los productores optan por desarrollar aquellos cultivos que ofrecen
menor riesgo, menor costo de siembra y mayor previsibilidad.
En este sentido, una de las
primeras señales negativas que emerge de la campaña 2009/10, es la
desalentadora siembra de trigo, con una última estimación de 2,8 millones de
hectáreas, que significa un 39% menos que la campaña anterior. Peor aún, esta
proyección representa sólo el 50% del promedio de las últimas diez
temporadas.
Si bien la sequía influyó
notablemente en la reducción del área sembrada, no hay que olvidar que el
trigo es el grano con mayor descuento (39% en el período considerado, sumando
las retenciones y el descuento extra), y esto fue un factor determinante al
tomar la decisión de siembra.
Mientras tanto, los
consumidores finales de productos elaborados con trigo no se han visto
beneficiados con precios estables en la góndola, y los importadores
internacionales del cereal, como Brasil, ven dificultado el acceso al producto
argentino por la producción escasa.
Esta importante caída en el
área sembrada también se verá reflejada en otras industrias y sectores. Los
molinos harineros se verán afectados por la menor oferta de producto, lo cual
generará capacidad ociosa, con los costos asociados que esto conlleva. También
se verán perjudicados los proveedores de insumos. Por último, no sólo el
Estado recaudará menos en concepto de derechos de exportación en el caso de
que se pueda exportar trigo; también se reducirá la recaudación originada en
todas las transacciones de la cadena comercial.
Con una mirada más amplia, el
intervencionismo en los mercados granarios produce otros efectos negativos,
entre los que sobresale el desperdicio de recursos. El principal desperdicio es
del suelo, al dejar de cultivar hectáreas que podrían aprovechar los
nutrientes y el agua disponibles para producir alimentos para la población a
partir de la fotosíntesis.
El otro recurso desperdiciado
es el humano. Cientos de contratistas rurales ven rentada su superficie para
cultivar y generarán menos ingresos para ellos y para sus empleados. Lo mismo
le cabe a los transportistas de granos cuando se pasa de una campaña de soja a
la siguiente, sin ninguna estación intermedia con trigo o con maíz.
Aún queda tiempo para
establecer condiciones diferentes a las que han llevado al trigo a la situación
actual y procurar que este efecto negativo no se repita en los demás cultivos.
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