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21 de abril de 2009 |
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El sector forestal latinoamericano ante la crisis global |
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La capacidad del sector forestal para beneficiarse de las oportunidades
que ofrece la actual crisis económica dependerá, en gran medida, de la
renovación institucional, afirma Margarita Flores.
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(Fuente: FAO - Centro Regional para América Latina y el
Caribe)
Autora: Margarita Flores (*)
Los desafíos que representan la crisis económica y la
necesidad de enfrentar el cambio climático están llevando a la gestión
forestal al centro del interés mundial.
El último Informe sobre la Situación de los Bosques del
Mundo 2009 advierte que a corto plazo, los bosques y el sector forestal
resultarán fuertemente impactados por la crisis económica mundial.
La menor demanda de productos madereros como resultado de la
desaceleración económica mundial puede reducir la presión sobre los recursos
forestales, sin embargo, la crisis también tiene un fuerte impacto negativo en
las nuevas inversiones y en los recursos disponibles para la gestión forestal
sostenible.
La importancia del sector forestal rebasa los límites
económicos y sociales de la producción de madera, celulosa, papel, combustible
y otros productos, ya que el bosque también presta servicios claves como la
conservación de la biodiversidad, la regulación del agua, y la mitigación del
cambio climático.
El tema crítico es cómo lograr una gestión forestal que
genere productos, ingresos y desarrollo socioeconómico, y al mismo tiempo
preserve el recurso y contribuya a la gestión medioambiental.
Esa ecuación todavía no ha sido resuelta a nivel mundial,
y es de especial relevancia para América Latina y el Caribe. Sin incluir
México, la Región tiene una superficie de bosques nativos de 860 millones de
hectáreas, el 22 % del total mundial. Entre 2000 y 2005 la deforestación
causó pérdidas de 4,7 millones de hectáreas forestales por año. Eso
significa alrededor de un tercio de la deforestación mundial, con una pérdida
de 0,5 % anual del total de bosques de la Región.
Con todo, la Región ha sido pionera en la aplicación de
mecanismos de conservación. Un ejemplo es el pago por servicios ambientales.
Otro dato positivo es que la Región tiene el 24 % de las áreas protegidas del
mundo, lo que es un testimonio de la voluntad de los países por preservar los
bosques. Además, 26 países han implementado Programas Forestales Nacionales,
que apoyan el manejo forestal sostenible y fortalecen la institucionalidad del
sector.
Es importante recordar que la industria forestal también
tiene un importante peso económico en América Latina y el Caribe. La Región
está emergiendo como líder en plantaciones forestales: posee más de 12
millones de hectáreas plantadas para usos industriales (principalmente en
Argentina, Brasil, Chile y Uruguay), con proyecciones de alcanzar 17 millones de
hectáreas en 2020.
Desde 1990, la contribución de la actividad forestal
regional al PIB ha aumentado de USD 30 000 millones hasta los USD 40 000
millones. En 2005, las exportaciones forestales de América Latina y el Caribe
alcanzaron alrededor de USD 10 000 millones (5 % del total mundial), mientras
que el 20 % de las exportaciones de Chile corresponden al sector forestal.
Entre 2005 y 2007, las exportaciones regionales de celulosa
tuvieron un incremento importante, y la Región alcanzó a producir el 10 % del
total mundial. Sin embargo, a partir de mediados de 2008, la industria ha
enfrentado una caída en el precio de la pulpa (que bajó de USD 900 a USD 400)
y una menor demanda.
A precios cercanos a USD 400/ton, sólo dos tercios de la
capacidad instalada a nivel mundial cubre los costos de producción. Se estima
que plantas cerrarán en Estados Unidos, Canadá y en los países nórdicos. Los
ganadores serán países como Chile, donde los costos de producción son
inferiores.
Aunque las plantaciones industriales podrían compensar
parcialmente la desaparición de bosques naturales en términos de cobertura, de
oferta de madera, y de algunos servicios ambientales, pero no en biodiversidad.
Por eso, la preservación de los recursos forestales nativos debe continuar como
prioridad para los Gobiernos de la Región.
El riesgo es que -dada la crisis actual- algunos gobiernos
abandonen sus ambiciosos objetivos medioambientales o retrasen políticas claves
relacionadas con la adaptación y mitigación del cambio climático.
Iniciativas que dependen de traspasos internacionales de
fondos pueden verse en dificultades, como también el pago por servicios
medioambientales. Los mercados del carbono ya han sido golpeados por la crisis
financiera.
No obstante, toda crisis encierra oportunidades. En este
caso, el sector forestal podría aprovechar las políticas monetarias y fiscales
de estímulo que están siendo implementadas por varios gobiernos como una
ocasión para crear capitales de recursos naturales. Plantar árboles,
incrementar la inversión en gestión forestal sostenible, y una promoción
activa de la madera en la construcción con criterios medioambientales y en la
generación de energía renovable, serían parte integral del "desarrollo
verde" del sector.
Esta es una idea que gana fuerza. De acuerdo a la FAO,
existe potencial mundial para crear 10 millones de empleos nuevos a través de
inversiones en el manejo sostenible de los bosques. Y como señalaron el
Secretario General de las Naciones Unidas Ban Ki-moon y el ex vicepresidente de
los Estados Unidos Al Gore, invertir en la "economía verde" no es un
gasto opcional, es una inversión inteligente para generar un futuro más
próspero y equitativo.
En América Latina y el Caribe, Chile es un de los países
que destaca por sus iniciativas forestales. Cambios en sus leyes forestales
permitirán aumentar la superficie a reforestar a partir de este año, y
contribuir al progreso socioeconómico sostenible de las comunidades rurales, un
objetivo específico de la Ley de Recuperación del Bosque Nativo y Fomento
Forestal.
La capacidad del sector forestal para beneficiarse de las
oportunidades que ofrece la actual crisis económica dependerá, en gran medida,
de la renovación institucional. Aunque sea difícil, la crisis puede estimular
la aceptación y la aplicación de reformas largamente esperadas.
(*) Representante Regional Adjunta de la FAO para América Latina y el Caribe y
Representante de la FAO en Chile
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