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13 de enero de 2009 |
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Una catástrofe climática se extiende por más de la mitad del área
agrícola argentina |
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(Fuente: CREA - Consorcios Regionales de Experimentación
Agrícola)
Más de la mitad de la superficie productiva argentina está
atravesando una catástrofe climática potenciada por una elevada presión
impositiva, restricciones financieras y bajos precios de los granos, la leche y
la hacienda.
La ganadería y la lechería están vegetando. La
cosecha de trigo fracasó en buena parte de las regiones cerealeras. Los
cultivos de maíz y de girasol fueron liquidados en muchas zonas productivas por
la falta de agua. La última carta del ciclo 2008/09 se juega con una
cosecha de soja buena que pueda venderse a precios aceptables. Si esa carta no
sale, la crisis actual podría llegar a ser un grato recuerdo.
En todas las campañas existen sequías. Pero éstas por lo
general están localizadas en zonas puntuales y finalmente el promedio nacional
las termina compensando. El problema es que la crisis climática vigente es
histórica porque se extiende sobre enormes áreas de muchas regiones vitales
para la producción agrícola argentina.
La crisis habita desde el sur de las provincias de Buenos
Aires y La Pampa, atravesando las principales regiones bonaerenses, para luego trepar
por toda la extensión de Entre Ríos, centro y norte de Santa Fe, Corrientes,
Chaco, Formosa, Santiago del Estero y norte de Córdoba.
Entre Ríos
Fernando Selasco es un tambero de la localidad entrerriana
de Nogoyá, donde las lluvias fueron insignificantes en el último año. Este
año sembró 50 hectáreas de sorgo granífero (destinado a las vacas propias) y
otras 100 hectáreas de soja.
"El sorgo viene sufriendo la falta de agua, mientras
que las sojas aún no lograron cerrar el surco y sufren un ataque feroz
de hormigas: ya les pasamos dos fumigadas y los insectos siguen
apareciendo", apunta Selasco.
Las vacas por el momento están comiendo praderas residuales
que pudieron descansar bien durante el último invierno. Sin embargo, en
unos quince días esa comida se habrá acabado.
"La situación del tambo es crítica: no nos quedan
más reservas y lo que sembró para hacer reservas –el sorgo– probablemente
rinda la mitad o menos de lo obtenido el año pasado", señala Selasco.
En toda la provincia de Entre Ríos las 158.000 hectáreas
sembradas con maíz están prácticamente perdidas por la sequía y las altas
temperaturas. Por este motivo, Selasco –que este año no sembró maíz–
está buscando en la zona lotes fallidos para picarlos o hacer rollos húmedos a
cambio de pagarle al propietario del campo una suma que lo ayude a recuperar lo
invertido.
"La última sequía fuerte en nuestra zona que recuerdo
es la de 1999, pero ese año hubo unos seis meses sin llover, mientras que el
problema actual lo venimos arrastrando desde el otoño del año
pasado", recuerda.
Además del factor climático, el precio pagado por la leche
en la zona es de apenas 0,70 $/litro. "Si esto sigue así, en los próximos
meses vamos a tener usar las reservas del invierno y en el invierno no sé qué
es lo que vamos a hacer", dice Selasco.
Norte de Buenos Aires
Juan Minvielle administra un campo ubicado en la localidad
bonaerense de San Andrés de Giles. En todo el año 2008 recibió 524
milímetros de lluvias, cuando lo habitual es un registro superior a 1000
milímetros.
De todas maneras, Minvielle es afortunado si se compara con
sus vecinos del norte: en la zona de San Pedro muchos campos no lograron recibir
más de 400 milímetros el año pasado y parecen desiertos.
"La soja de primera sembrada en octubre está muy
complicada por la falta se agua: se encuentra en plena floración (fase en la
cual se define el rendimiento del cultivo) y con un gran ataque de
insectos", indica Minvielle.
Norte de Santa Fe
Alexis Paduan es un productor de Villa Ana, una zona del
norte de Santa Fe en la cual las lluvias se cayeron a niveles dramáticos desde
el año 2006. La cosecha de trigo fracasó. Los girasoles obtuvieron rindes
horribles de entre 700 y 900 kg/ha con estándares de calidad pésimos. Los
lotes se maíz y sorgo sembrados ya se picaron o se hicieron rollos porque la
sequía los liquidó. Y la mayor parte de la soja aún no se pudo sembrar
por falta de agua.
"Para nuestra zona es algo inédito que se pierda una
cosecha de girasol", comenta Paduan. Justamente, el girasol es un cultivo
que se caracteriza por resistir muy bien la escasez de agua. Pero este año fue
tan poca la lluvia que hasta este cultivo resultó destruido. "Los más
viejos dicen que habría que irse 70 años para atrás para recordar una sequía
semejante a la que tenemos en nuestra región", agrega el productor.
Los niveles de agua en las represas son mínimos. Las
perforaciones tienen crecientes dificultades para encontrar agua en las napas y
deben buscar cada vez más profundo; en algunos casos llegan tal lejos que sólo
alcanzan a obtener agua con alto contenido salino que es rechazada por la
hacienda.
"Muchos productores piden por favor que alguien les
compre a un precio regalado porque se les está muriendo; por una vaca con cría
piden apenas 150 pesos y aun así no consiguen quien la quiera comprar porque no
hay con qué alimentarla", comenta Paduan.
La falta de agua y la paralización de los desmontes está
generando además una importante migración de familias del interior productivo
del norte hacia Villa Ana y otras ciudades de la región Norte de Santa Fe. Los
intendentes deben hacerse cargo de ellos con presupuestos magros y en el marco
de una recesión económica regional que viene de arrastre desde el año pasado.
"Los intendentes de la zona se reúnen todas las
semanas para tratar la crisis en conjunto; esperamos que en la Nación puedan
advertir la gravedad del problema que estamos atravesando", señala Paduan.
Centro de Santa Fe
Ricardo Gallo tiene un campo en la zona de San Martín de
las Escobas (centro de Santa Fe). Unos dos años atrás fue consultado por
periodistas porque una enorme crecida lo obligó a sacar a las apuradas a la
hacienda que engorda en un conjunto de islas localizadas entre los ríos Coronda
y Paraná (muchos otros llegaron tarde y se murieron ahogados decenas de miles
de animales). Ahora vuelve a recibir a periodistas. Pero esta vez es por una
sequía histórica.
En el campo de Gallo cayeron en 2008 apenas 540 milímetros,
cuando los registros históricos muestran un promedio anual del orden de 1100
milímetros. En noviembre pasado –mes en el que se necesita una buena recarga
de agua para poder sembrar soja– llovieron sólo 60 milímetros (en un año
normal caen no menos de 180 milímetros en dicho mes).
La cosecha de trigo fue un fracaso en la zona (apenas unos
700 kg/ha). La mayor parte de los maíces se perdieron: fueron picados o ya son
rollos para la hacienda. Las sojas de grupos cortos comienzan a experimentar
estrés hídrico (los ciclos intermedios se pueden defender un poco más
por el momento).
"No sé cómo vamos a pasar el año si fracasa también
la cosecha de soja", advierte Gallo. "El maíz que sembramos para
generar reservas para el invierno para nuestra hacienda ya fue liquidado; si
tenemos que salir a buscar maíz a otra zona para los animales, vamos a
necesitar recursos", añade.
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