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Octubre 2001 |
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Unidad Integrada Balcarce INTA EEA - FCA UNMdP
Artículos de Divulgación Técnica
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El
Manejo de las Enfermedades de Trigo.
El control de enfermedades en siembra directa y convencional
(Artículo publicado en Revista Visión Rural Nº
44. Agosto-Setiembre/2001)
Autores: J. Mantecón
y C. Leonardi
En
la campaña pasada, en muchos casos se comprobó la importancia de la incidencia
de las enfermedades de origen criptogámico que afectaron al trigo en nuestra
región.
Las
enfermedades que con más frecuencia se presentaron afectando las hojas del
cultivo fueron la Mancha amarilla provocada por el hongo Drechlera
tritici-repentis, la Septoriosis provocada por Septoria tritici y Septoria
nodorum, y las Royas por Puccinia sp. También suele presentarse, dependiendo de
las condiciones climáticas favorables dominantes durante la floración, la
Fusariosis o Golpe blanco producido por Fusarium graminearum atacando a las
espigas.
En
esta campaña, se ha observado ya la aparición de incipientes infecciones,
tanto de Mancha amarilla como de Septoriosis y Royas.
Por
lo tanto, es conveniente repasar algunas consideraciones que aporten elementos
al productor, al momento de tomar decisiones sobre su necesidad de control.
Recuerde
que en Septoria, las principales fuentes de inóculo son la semilla y los restos
de cultivos antecesores como girasol y con mayor gravedad maíz y trigo.
El
tratamiento de la semilla tiene como objetivo la prevención de enfermedades que
se transmiten a través de la misma. Resulta entonces una buena medida de
prevención al eliminar los rastrojos sobre los que sobreviven los organismos
causantes de estas enfermedades.
También,
resulta una medida preventiva imprescindible, la utilización de semilla de alta
calidad, es decir con un buen poder germinativo, con alto vigor que asegure una
emergencia rápida.
Trigo en
siembra directa
En
sistemas de siembra directa, la aparición de enfermedades dependerá de las
condiciones ambientales y del rastrojo acumulado, pues las hojas basales del
trigo podrán tomar contacto con los restos, posibilitando su infección. Este año
se han presentado infecciones debido a las condiciones climáticas dominantes en
el sudeste bonaerense.
Ante
estas condiciones, la elección de la variedad a sembrar en cuanto a su
comportamiento frente a enfermedades, cobra aún mayor importancia.
Cuando
se observen infecciones tempranas generalizadas es aconsejable consultar a su
profesional de confianza.
Trigo en
siembra convencional
En
sistemas de siembra convencional, en general los cultivos de trigo mantienen
alta sanidad hasta llegar al fin de la etapa de macollaje dependiendo claro está,
de las condiciones climáticas y de la susceptibilidad de la variedad sembrada.
A
partir de este momento debe ser monitoreado mediante recorridas periódicas.
Es
muy importante conocer la historia previa del lote, los cultivos anteriores y la
presencia de enfermedades en los mismos. Ya es sabido que una aplicación
oportuna y necesaria de funguicida en esta etapa avanzada del cultivo, resulta
altamente rentable al disminuir los daños causados por la presencia de
enfermedades fúngicas, ya sea en las hojas, en las espigas o en ambas. Frente a
la duda de tomar la decisión de realizar un tratamiento, es necesario acudir al
asesoramiento profesional, quien evaluará la conveniencia de realizar el
tratamiento, determinando el fungicida y dosis a emplear y el momento oportuno
de aplicación .
La
aparición en el mercado de nuevos productos, abre las posibilidades técnicas
de buscar una solución, por lo que es imprescindible recurrir al asesoramiento
profesional indicado.
Monitoreo
Deberá
realizarse periódicamente, a partir de que el trigo alcanza el final del
macollaje, es decir en el momento de la elongación del tallo (clave en hoja
bandera-2 a hoja bandera).
En
la práctica esto es coincidente con la posibilidad de detectar por presión del
tallo, el primer nudo de encañado.
En
el monitoreo se tomará en cuenta tanto la incidencia como la severidad
de las enfermedades en el cultivo, entendiéndose como incidencia el
desarrollo vertical de la enfermedad en la planta, y como severidad el
porcentaje de afectación en la superficie de la hoja. Estos datos resultan
fundamentales para realizar un diagnóstico cierto que permita tomar la decisión
correcta para la aplicación de un funguicida.
El
grado de incidencia y de severidad de una enfermedad detectado en el cultivo, y
también las condiciones climáticas reinantes y el momento de desarrollo del
mismo, determinarán entonces el momento óptimo de realizar la aplicación del
funguicida.
Se
debe tener presente, que pese a las propiedades sistémicas y curativas de los
principios activos modernos, el mayor efecto de control se realiza como
preventivo, exigiendo una acción rápida una vez determinada la necesidad de
realizar el tratamiento.
También
debemos tener en cuenta que según la presión infectiva de la enfermedad,
ayudada por las condiciones favorables a su desarrollo, existe la posibilidad de
tener que realizar un segundo tratamiento durante el ciclo del cultivo. Es el
caso por ejemplo, de haber tenido que realizar un tratamiento muy temprano y que
la enfermedad siga desarrollándose al encontrar condiciones ambientales
favorables, necesitándose la realización de un nuevo tratamiento.
También
en el caso de que aparezcan condiciones favorables al desarrollo de la
Fusariosis próximas a la antesis o floración, requiriendo efectuar un
tratamiento preventivo para esa enfermedad de la espiga.
Aplicación
La
aplicación aérea o terrestre de funguicidas, ha demostrado ser eficaz siempre
que se preste atención a su calidad.
En
todos los casos, es aconsejable lograr un mínimo de 60-70 impactos por centímetro
cuadrado en la horizontal a la altura de las espigas, para lo cual, en las
aplicaciones aéreas se recomienda trabajar con más de 15 litros de agua por
hectárea y en las terrestres con más de 150 litros por hectárea.
Si
bien el objetivo es lograr los 60-70 impactos por centímetro señalados, más
volumen en la aplicación facilitará un mayor mojado de las hojas inferiores y
de las espigas, al depender menos de la influencia del viento.
Se
evitará además, posibles derivas del producto lejos de su blanco específico,
con las consecuentes pérdidas económicas y disminución en la eficiencia de
control, al llegar con menor dosis que la propuesta.
Sin
embargo, se debe señalar las ventajas de la aplicación aérea en cuanto a
oportunidad del tratamiento, sin depender del estado del piso y evitando el
pisado del cultivo.
En
la medida que se generalizó la aplicación terrestre de herbicidas y
fertilizantes nitrogenados, esta última pérdida por pisado se descuenta en los
costos, haciendo coincidir la trocha de las máquinas aplicadoras.
Ya
hay algunos productores que dejan sin sembrar estos surcos que se perderían por
pisado.
Como
conclusión de estas consideraciones, tal vez valga la pena insistir sobre la
necesidad de que, en materia de enfermedades de trigo: PREVENIR
ES LA CLAVE.
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