Curso de Secado y Aireación de Granos y Semillas
UNC - Facultad de Ciencias Agropecuarias
Inicio: 19 de mayo de 2008 - CURSO A DISTANCIA
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Agr. César Seró


Siembra de Pradera Perenne

Agrónomo César Seró 
Jefe AER Concepción del Uruguay
 

La siembra de praderas perennes representa un importante esfuerzo económico para el productor ganadero.
No obstante, si logra una buena pradera y realiza a un aprovechamiento adecuado que permita una persistencia de no menos de cuatro años, seguramente obtendrá buenos beneficios.
Allí está en gran medida la clave del éxito: para reducir los costos de producción se debe lograr una buena pradera que dure varios años manteniendo una alta producción de forraje de calidad durante 270 días anuales, en los períodos de otoño-invierno y primavera.

Elección del potrero
Es fundamental hacer las cosas bien desde el principio. Y todo comienza con la elección del potrero. Este debería tener un suelo profundo, estar bien nivelado, con buen drenaje, que no se produzcan encharcamientos, buena fertilidad, libre de malezas, fundamentalmente libre de gramón, con buenos alambrados y con posibilidades de contar con buenas aguadas. En la mayoría de los casos el ideal no existe. De todas maneras la idea es elegir un buen potrero y prepararlo de la mejor forma posible.
En su elección se debe tener en cuenta también el uso anterior. Son buenos antecesores de praderas los cultivos de invierno: trigo y lino; también lo es el girasol si es cosechado en enero-principios de febrero, la moha de hungría y la soja . También se puede sembrar sobre una avena a condición que no se la haya dejado semillar para evitar el nacimiento de plantas guachas que actúan como malezas.
No conviene sembrar praderas sobre campo natural o chacra vieja. Cuando un campo ha estado quieto por algunos años es aconsejable hacer primero uno o dos cultivos agrícolas y recién después sembrar una pastura.
El maíz y el sorgo granífero dejan un importante volumen de rastrojo que dificultan la siembra en directa. Si la opción es la siembra convencional, el corto período que media entre su cosecha y la siembra de la pradera atenta para el logro de una buena preparación del suelo.

  
SIEMBRA CONVENCIONAL

Preparación del suelo
Fijemos como fecha de siembra principios del mes de abril. La preparación del suelo se debería iniciar con tres meses de anticipación.
Para la siembra es necesario contar con un suelo muy bien preparado que es prácticamente imposible de lograr a fuerza de herramientas a último momento.
El suelo se tiene que ir haciendo de a poco, permitiendo que en su preparación actúen las lluvias y las temperaturas.
Para ello, inmediatamente cosechado el cultivo anterior se debe pasar un disco que puede ser de doble acción pesado o un tiro excéntrico para que pique el rastrojo y lo mezcle en las primeras capas del suelo, posibilitando así su rápida descomposición. Con esta labor se comienza a controlar las malezas.
A fines de enero principios de febrero se puede realizar una segunda labor. Esta se puede efectuar con una rastra doble acción , una rastra tiro excéntrico o un vibrocultivador. La elección de la herramienta, de ser posible, se hará en función al estado de suelo.
Esta labor, algunos años, puede ser evitada. Es necesaria cuando los veranos son llovedores, el suelo se aprieta y hay un importante desarrollo de las malezas.
En los primeros días del mes de marzo, se iniciará la preparación de la cama de siembra.
Estas labores secundarias se pueden realizar con rastra doble acción, cultivador de campo o vibrocultivador y rastra de dientes.
Si antes de la siembra el suelo está muy suelto es conveniente pasar un rastrón para lograr una cama de siembra mas firme y nivelada.
Ello permite una siembra uniforme; se evitan problemas de encharcamiento que terminan por producir la muerte de plantas por asfixia radicular; facilita las labores de corte de forraje, ya sea para limpieza o reserva; permite lograr una correcta altura de corte, muchas veces fundamental para la sobrevivencia de las plantas.
En caso de cosecha de semillas de leguminosas se puede bajar la plataforma sin incorporar tierra ni provocar roturas en las cuchillas de corte.
Volviendo a la preparación de la cama de siembra, se debe evitar pulverizar el suelo ya que el planchado puede determinar el fracaso de la siembra.
De todas maneras no deben quedar cascotes grandes dado el pequeño tamaño de la semilla. Para lograr una capa firme se puede hacer un rolado antes de la siembra o realizar varias pasadas de rastra de dientes.
Lo ideal sería lograr un suelo desmenuzado y firme a 1 – 1,5 centímetros de profundidad cubierto por pequeños cascotes.

  
SIEMBRA DIRECTA

Cuando el cultivo antecesor lo permite la siembra directa es una opción interesante.
No debe haber demasiados rastrojos que dificulten el paso de la sembradora.
El suelo debe estar nivelado y no presentar capas endurecidas o pié de arado que impida el desarrollo de las raíces.
De acuerdo al tipo y cantidad de malezas puede ser necesaria una o dos aplicaciones de herbicida de acción total antes de la siembra.
Es fundamental realizar un buen control de gramón.
El tipo y desarrollo de las malezas van a determinar las dosis de herbicida.
En caso de usar herbicidas de hoja ancha en el barbecho se debe tener en cuenta el poder residual de estos.

Fecha de siembra
Como fuera dicho anteriormente, nos fijamos como fecha de siembra el mes de abril. Ello no quiere decir que esta fecha no se pueda adelantar según se presenta el año.
Se debe evitar la siembra cuando las temperaturas son aún altas y la humedad del suelo insuficiente. Estos dos factores, altas temperaturas y escasa humedad en el suelo, provocan la rápida muerte de las plantas recién nacidas.
Tampoco es conveniente retrasar la siembra. Las bajas temperaturas que normalmente comienzan a registrarse a mediados del mes de mayo provocan un desarrollo inicial muy lento de las forrajeras, demorándose la implantación y se incrementa el daño que provocan las plagas, enfermedades y malezas.
Cuanto antes y mejor preparados se esté para realizar la siembra, mayores son las posibilidades de sembrar en el momento óptimo.

 

Calidad de la semilla forrajera
En general, las semillas forrajeras son caras. Representan alrededor del 30% del costo de implantación de una pradera perenne.
Cuando se adquieren debe prestarse especial atención a su calidad.
Existen en el mercado distintos lotes de semillas con diferentes precios. Muchas veces estos precios están asociados a la calidad de la semilla, aunque no siempre es así.
Es conveniente antes de decidir la compra asegurarse de su buena calidad, la cual está dada por su grado de pureza, su energía y poder germinativo.
Se entiende por pureza a la cantidad de semilla auténtica presente en una partida. Por ejemplo: si se tiene una bolsa con 25 kg de festuca, y realizado el análisis nos dará una pureza del 80%, resulta que en realidad sólo tenemos 20 kg de festuca. El resto son impurezas que pueden estar compuestas por semillas de otras plantas, hojas, tallo, tierra, etc. Si no tenemos en cuenta la pureza podemos estar comprando caro y sembrando con bajas densidades de semilla.
Con respecto a poder germinativo, este es un valor que nos indica que porcentaje del total de la semilla pura está en condiciones de germinar.
Si relacionamos la pureza con el poder germinativo obtenemos el valor cultural de la semilla. Este valor cultural se obtiene multiplicando la pureza por el poder germinativo dividido cien.

% de pureza X % de poder germinativo = valor cultural
100

Tomemos como ejemplo la bolsa de 25 kg de festuca y supongamos que tiene un 80% de pureza y un 75% de poder germinativo.

80 X 75 = 60
100

60% es el valor cultural de esta semilla de festuca

Si el valor cultural así obtenido lo multiplicamos por los kilogramos totales que tenemos en la bolsa y lo dividimos por cien sabremos cuantos kilogramos de semilla pura y en condiciones de germinar tenemos.

60 X 25 = 15
100

Para el caso del ejemplo resulta que en la bolsa de festuca que tiene 80% de pureza y 75% de poder germinativo, en realidad, de los 25 kg originales sólo tenemos 15 kg de festuca pura en condiciones de germinar.


Muchos fracasos en la implantación de praderas se deben a la mala calidad de la semilla empleada.
En el siguiente cuadro se dan algunos valores que determinan una buena calidad de semilla para las especies más usadas en la zona para la siembra de praderas perennes.

ESPECIE

% DE PUREZA

% DE PODER
GERMINATIVO

%DE VALOR
CULTURAL

Festuca

95

85

81

Falaris

95

85

81

Aotus

95

90

85

Trébol Blanco

98

90

88

Trébol Rojo

95

90

85

  

Mezclas forrajeras
En todos los casos las pasturas se implantan con una consociación de gramíneas y leguminosas.
Podemos optar por distintas mezclas. Su elección va a depender del tipo del suelo donde la implantamos y del destino de la pastura. Existen mezclas simples de dos o tres especies, y otras más complejas donde participan seis o más especies. Las praderas que incluyen muchas especies tienen un manejo más complejo, por lo tanto es aconsejable el uso de cuatro a cinco especies como máximo.


Entre las mezclas más usadas tenemos:

Festuca   14 kg/ha
Lotus      6 Kg/ha.
Trébol blanco 1 Kg/ha.

Alfalfa 12 kg/ha
Cebadilla 7 kg/ha

Festuca 14 Kg/ha

Festuca/Falaris 7 kg/ha

Lotus 5 kg/ha

Cebadilla 8 kg/ha

Trébol rojo 2 kg/ha

Lotus 6 kg/ha

Trébol blanco 0,5 Kg/ha

Trébol rojo 2 kg/ha

Trébol blanco 0,5 kg/ha

Estas cantidades son válidas si las semillas tienen el valor cultural que determina una buena calidad de semilla.
Es importante que la festuca que sembremos esté libre de hongos que provocan la festucosis. Ello se puede determinar mediante un análisis de la semilla en laboratorio.

 
Inoculación y peleteado de la semilla

Dentro de los principales elementos que necesitan las plantas para vivir, se encuentra el nitrógeno. Todos los vegetales lo absorben del suelo por medio de sus raíces.
Las leguminosas, como ser los tréboles, alfalfa, lotus, soja, etc; son capaces de aprovechar el nitrógeno del aire que circula en el suelo. Ello se debe a que estas plantas tienen la posibilidad de alojar en sus raíces unos microbios o bacterias llamados rizobios que se encuentran en el suelo, formando engrosamientos denominados nódulos.


De esta forma se suministra a dicha bacteria azúcares que le sirven para su alimentación. Las bacterias le permiten a la planta fijar el hidrógeno sobre el nitrógeno del aire que transformado en amoníaco llega a las hojas donde se sintetizan las proteínas.


Se produce así un fenómeno de ayuda mutua denominado simbiosis, en el que la planta sale favorecida por un mayor desarrollo debido a esa alimentación "extra".


Para asegurarse de este fenómeno, es necesario recurrir a los inoculantes, que son productos comerciales que contienen a estas bacterias. Cada tipo de leguminosa posee un inoculante específico.


La inoculación es una práctica sencilla, que consiste en mezclar al inoculante con la semilla.


Existen dos tipos de tratamiento: uno en seco y otro en húmedo. El tratamiento húmedo es el más recomendado.
En cada caso, es conveniente seguir las instrucciones del fabricante, del inoculante que viene en la bolsita. Cada bolsita contiene una cantidad suficiente para tratar 25 kilogramos de semilla.


Con la mayoría de los inoculantes la siembra se debe realizar dentro de las 24 horas de efectuado el tratamiento.


A los efectos de asegurarse un mejor resultado es conveniente a la inoculación agregar el peleteado de la semilla.


Si bien la técnica es algo más complicada, el peleteado se justifica plenamente dado que aumenta considerablemente las posibilidades de sobrevivencia de las bacterias.


Para inocular 25 kilogramos de lotus, trébol blanco o alfalfa, se procede de la siguiente forma: 24 horas antes de realizar el tratamiento, se prepara una solución adherente. A tres litros de agua se le agrega 150 gramos de polvo adherente, sin revolver.
A este preparado se lo debe mantiene en un lugar fresco. No es conveniente el uso de agua salobre.
En el momento de inocular, se mezcla una bolsita de inoculante para 25 kilogramos de semilla, con 400 cc de agua.
Se procede luego a mezclar el inoculante con el adherente. Una vez que se logra una mezcla homogénea se le agregan lentamente y revolviendo constantemente, los 25 kilogramos de semilla.
Una vez que se ha logrado un buen mojado de toda la semilla, se la extiende sobre un piso impermeable o un plástico y de golpe se le agrega de una sola vez, 15 kilogramos de polvo de recubrimiento, que puede ser carbonato de calcio en estado de polvo impalpable.
Se mezcla bien hasta que las semillas queden bien recubiertas y separadas entre sí.
Se las deja secar protegida del sol, extendida durante 24 horas y luego, con un tamiz se retira el polvo no adherido, a los efectos que no dificulte la siembra. Se pesa la semilla así preparada para calcular el aumento de peso por el polvo de recubrimiento, y dosificar así correctamente la siembra.
La semilla en estas condiciones puede esperar hasta diez o doce días para ser sembrada, sin que se vean afectados seriamente los rizobios.
Tanto la inoculación como el peleteado se deben realizar siempre a la sombra, ya que los rayos solares matan los rizobios.
Igual cuidado se debe tener con la semilla ya tratada. Las bolsitas de inoculantes también deben ser protegidas del sol y conservadas en lugares frescos, de ser posible en la parte baja de la heladera.

 
Siembra

Las sembradoras de praderas con discos, que permiten colocar las semillas y el fertilizante en línea son las más adecuadas para lograr una buena siembra.

Las semillas de gramíneas (festuca, falaris y ray grass) deben quedar enterradas en firme contacto con el suelo. De no ocurrir así se pierden muchas semillas y ya no es posible lograr una adecuada cantidad de plantas.

Se debe tener presente que una pradera rala es rápidamente invadida por malezas, se reduce la producción de forraje y se acorta su vida útil.

Las leguminosas (lotus, tréboles) son menos exigentes.

Estas sembradoras en línea permiten colocar a las semillas a una profundidad uniforme y en un adecuado contacto con el suelo. Se debe tener especial cuidado con los tapadores. La semilla debe quedar cubierta.

Si la sembradora es la común de cereales en línea puede ocurrir que profundice excesivamente las semillas.

Si no es posible corregirlo, para subsanar este inconveniente los tubos distribuidores se desplazaran detrás de los discos fijándolos fuertemente al estribo de la máquina o a una varilla que se aplicará al bastidor.

De este modo la semilla caerá sobre la línea de siembra marcada por el disco y será tapada por las cadenas que unidas entre sí realizarán el trabajo de una pequeña rastra.

Cuando las máquinas son de siembra al voleo no quedan demasiadas alternativas. Si tiene dos cajones, uno para gramíneas y otro para leguminosas, se siembra y se tapa con una rastra construida con rollos de alambre de púa o alambre tejido romboidal.

Cuando la sembradora cuenta con un solo cajón no queda otra alternativa que mezclar gramíneas con leguminosas.

En este caso se debe tomar la precaución de no llenar el cajón a más de la mitad y cada tanto es necesario parar y re-mezclar la semilla. El movimiento de la máquina hace que la leguminosa, por ser más chica y mas pesada, tienda a ir al fondo del cajón. De no tomarse esta precaución primero caerán las leguminosas y luego las gramíneas.

En todas las sembradoras, salvo que se cuento con muy buenos removedores, el cajón de las gramíneas debe ser revisado muchas veces durante la siembra ya que tiende a formarse huecos sobre los distribuidores y a pesar de que el cajón esté lleno no caen las semillas. Este problema es más acentuado en festuca, cebadilla y raygrass y se agrava cuando la semilla no está perfectamente limpia.

Regulación de la sembradora
No se debe tratar de regular por tanteo la sembradora a medida que se realiza la siembra Se pierde mucho tiempo y parte de la pradera queda mal sembrada. Sólo deberían ser necesarios pequeños ajustes durante la siembra.

La regulación debe efectuarse con suficiente anticipación a la siembra. Previamente la máquina deberá ser revisada, reparada si es necesario y preparada convenientemente. Se deben limpiar los caños de bajada que por lo general están obstruidos. Limpiar los distribuidores, engrasar los movimientos e inflar los neumáticos.


Si bien parecen consejos elementales, pequeños detalles suelen provocar problemas y grandes pérdidas de tiempo que llegan a impedir la siembra en el momento óptimo.
Por supuesto, la sembradoras a disco requieren un mayor mantenimiento.


Una vez preparada la máquina se procede a su regulación.
El sistema propuesto es independiente al tipo de máquina.

  • Con la máquina cargada y lista para sembrar, se mide que distancia recorre por cada vuelta de rueda.

  • Se mide el ancho de la siembra.

  • Se levanta la máquina del lado de la rueda de mando. Si ambas son de mando se levantan las dos.

  • Se embraga la sembradora y se cargan los dosificadores.

  • Se colocan recipientes para recoger la semilla que entregarán los dosificadores.

  • Se giran la o las ruedas de mando, unas veinte vueltas. Más vueltas cuando menos precisión tenga la balanza que se tiene para pesar la semilla.

  • Multiplicando el ancho de siembra por la distancia "recorrida" de acuerdo a la cantidad de vueltas que se le dio a la rueda, se obtiene la superficie sembrada.

  • Se pesa la semilla recogida y se la relaciona con la superficie sembrada. En poco tiempo se tiene una sembradora regulada.
    Cuando se realiza este trabajo se debe observar también si todos los distribuidores entregan la misma cantidad de semilla. De no ser así, antes de regular la sembradora se debe solucionar este inconveniente.


Cuando las leguminosas han sido peleteadas, práctica que debería ser incorporada por todos los productores dados los beneficios que reporta, conviene antes de ponerla en la sembradora pasarla por una zaranda o tamiz para quitar todo el polvo de recubrimiento que no quedó adherido a la semilla. De no proceder así este polvo se va acumulando en los dosificadores y termina trabando el sistema de siembra.
La mayoría de las sembradoras tienen una tapa en la parte inferior de la carcasa de los dosificadores. Esta tapa tiene como finalidad dar mayor uniformidad a la siembra. Cuando más pequeña es la semilla más cerrada debe estar esta tapa.
Otro elemento para mejorar la uniformidad de la siembra son los rodillos acanalados heleicoidales en reemplazo de los rectos que realizan una siembra a golpe.

Profundidad de la siembra
Si bien ya se comentó algo al respecto, es bueno insistir sobre la importancia que tiene la profundidad de siembra para el logro de una buena pradera.
Se debe evitar la siembra excesivamente profunda. Las semillas de praderas son de pequeño tamaño, con escasas reservas alimenticias. Hasta que las plantitas no emergen del suelo viven a expensas de las reservas de las semillas. Una siembra excesivamente profunda hace que muchas plantas agoten sus reservas antes de llegar a la superficie.
Las semillas deben ser colocadas superficialmente y tapadas con rastras construidas con rolos de alambre de púa o tejido romboidal, o rastras de dientes muy livianas colocadas con los dientes para arriba.
Se debe evitar que el elemento que se utilice para tapar produzca arrastre de tierra.


Si se cuenta con sembradora a disco, la profundidad de siembra es de 1,5 cm. En este caso se puede eliminar los rollos de alambre detrás de la sembradora, salvo que estos controlen algunas malezas recién emergidas.

 
Fertilización

Para determinar tipo y cantidad de fertilizante a utilizar es fundamental realizar un buen análisis de suelo. Y un buen análisis de suelo comienza con una correcta toma de muestras.
Si se hizo un barbecho suficientemente prolongado y se logró la descomposición de los restos vegetales para el momento de la siembra, es posible que se cuente con los nitratos necesarios para el arranque de la pradera.


Es entonces el fósforo el nutriente más importante a tener en cuenta debido a que los suelos de la región presentan niveles muy bajos de fósforo disponible. Ello limita el crecimiento de las pasturas, fundamentalmente de las leguminosas.

El momento de la siembra es crítico para el logro de una pastura.
Si bien las plantas absorben el fósforo hasta la madurez, el período más crítico es alrededor de un mes después de la emergencia. Si bien los requerimientos no son altos la falta de fósforo impide el buen desarrollo de las plantas. Por esta razón es conveniente que el fósforo sea aplicado a la siembra.
Si la sembradora lo permite, el fertilizante se debe aplicar en profundidad por debajo y al costado de la semilla. De esta forma las pequeñas raíces acceden rápidamente al nutriente.
La cantidad de fósforo a aplicar va a depender del resultado del análisis. Las cantidades pueden variar entre cincuenta y ciento cincuenta kilogramos de superfosfato triple de calcio o fosfato diamónico, este último en caso de ser necesario el agregado de nitrógeno.
Las distintas especies que integran las praderas tienen requerimientos diferenciados. En el caso del trébol blanco el óptimo serían suelos con quince partes por millón de fósforo disponible medidos por el método Bray I, a una profundidad de diez centímetros. Los requerimientos del trébol rojo se encuentran en una cantidad de trece partes por millón. El lotus corniculatus once partes por millón y las gramíneas nueve partes por millón.


Durante la vida de la pradera es fundamental realizar un seguimiento de la evolución de los nutrientes del suelo, corregir las deficiencias, pues de ello depende en gran medida la vida útil de la pradera. 

  

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