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Ing. Agr. Ricardo Melgar (*)  |
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Manejo de la Fertilización en Maíz
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Ing. Agrs. Ricardo
Melgar1 y Martín Torres Duggan (ex - aequo)
1Coordinador, Proyecto Fertilizar EEA INTA Pergamino;
Técnico EEA INTA Pergamino Proyecto Fertilizar
El manejo eficiente de
la nutrición en el cultivo de maíz es uno de los pilares fundamentales para
alcanzar rendimientos elevados sostenidos en el tiempo y con resultados
económicos positivos, no sólo en el mismo cultivo de maíz, sino en los que
participan en su rotación, ya que por los elevados volúmenes de rastrojos
dejados por el maíz, facilitan el reciclado de nutrientes y mejoran las
condiciones físicas del suelo, y cuando el cultivo sucesor es soja, mejora la
eficiencia de la fijación simbiótica del N. Los nutrientes que limitan en
mayor medida la productividad del cultivo en la Región Pampeana son el
nitrógeno, el fósforo y más recientemente el azufre. El objetivo de esta
revisión es definir los criterios para elaborar un plan de fertilización en
maíz considerando esos tres nutrientes esenciales.
Enfoque integral y
planificación de la fertilización
El manejo nutricional es
uno de los pilares fundamentales para optimizar el resultado de los sistemas de
explotación de maíz en la Región Pampeana. Sin embargo, a nivel de
establecimiento agropecuario, la fertilización representa una tecnología más
que debe ser integrada dentro del proceso de producción. Por ello, para que la
utilización de herramienta impacte favorablemente en los resultados
técnico-económicos de la Empresa, es fundamental que exista un proceso de
planificación y programación de la producción, dentro del cual se deberá
definir un plan de fertilización.
Es muy importante que
las estrategias de fertilización se definan a nivel de lote al igual que se
hace, por ejemplo, con la elección de los híbridos utilizados y/o o el manejo
de herbicidas. Cada lote posee características intrínsecas provenientes de la
interacción compleja del tipo de suelo, antecedentes (historia agrícola,
cultivos antecesores, manejo de labores, etc.) y el efecto del clima local.
Asimismo, la unidad de producción no debería ser el cultivo sino la rotación
en su conjunto. Dentro de este esquema, el rendimiento esperado es el factor
determinante de todo el programa de fertilización.
Determinación de un plan
de fertilización
El proceso de
planificación de la fertilización podríamos dividirla en varias etapas:
-
Muestreo y Análisis
de suelos
El análisis de suelos
es una práctica básica para determinar la fertilidad actual y potencial de
cada lote. El objetivo de efectuar un análisis de suelos es determinar la
oferta de nutrientes del lote, para que, junto con la extracción de
nutrientes (demanda) se puede efectuar un balance y establecer las cantidades
a agregar como fertilizantes.
De la precisión del
muestreo dependerá la utilidad y valor de los resultados obtenidos en el
análisis de suelo. Por ello, es importante efectuar el muestreo considerando
la variabilidad espacial y temporal presente en el lote, procurando tomar
muestras en zonas representativas homogéneas y evitando mezclar muestras de
suelo de zonas diferentes en el momento adecuado en relación al momento de
siembra. La intensidad de muestreo dependerá del nutriente a evaluar y de la
variabilidad particular del lote, por ejemplo un muestreo para evaluar el
nitrógeno disponible como nitratos requiere mas densidad de observaciones que
para determinar potasio o magnesio. A modo orientativo, se debería realizar
por lo menos 20-30 piques por cada muestra compuesta. Si el lote es
relativamente parejo, esa muestra podría representar 40-50 ha. La frecuencia
cada vez mayor de lotes bajo siembra directa por un periodo largo de años
hace que se deban extremar precauciones para tomar una muestra representativa,
por la estratificación en el perfil y presencia de bandas de fertilización
más antiguas.
La incidencia
económica de su utilización es muy baja (del orden de 1$/ha) y brinda
información altamente rentable, ya que un buen diagnóstico de la
fertilización puede modificar el costo del uso de fertilizantes y el
beneficio derivado de su respuesta en una magnitud varias veces el costo del
análisis.
-
Diagnóstico de la
fertilización
El proceso de
diagnóstico se efectúa analizando en forma integral los resultados
provenientes del análisis de suelo en conjunto con las características de
calidad de cada lote (rotación, cobertura de rastrojos, antecesores, historia
agrícola, aspectos físicos, etc.) y el clima local. Para la etapa de
diagnóstico de fertilización es importante disponer de información
histórica propia de cada lote (rindes, resultados de análisis de suelos
históricos, tecnología aplicada, etc.) y de ensayos realizados en el propio
campo o eventualmente en la zona. De esta manera podemos saber si la
información obtenida es representativa de las condiciones locales y por ende
valioso para considerarla dentro del manejo nutricional.
Para el maíz con
rendimientos corrientes, específicamente debe considerarse que el nivel
critico de fósforo asimilable debe ser inferior a 20 ppm (Bray 1) para
recomendar el uso de fertilizantes. Valores superior a ese nivel ameritan el
uso de fertilizantes solo si se desea cubrir los requerimientos de un cultivo
subsiguientes, o se esperan rendimientos superiores al promedio, o simplemente
se desea reponer el fósforo que se exportará con esa cosecha.
Por otro lado, es
importante definir los objetivos de producción para la campaña que estamos
planificando y la estrategia definida deberá tener coherencia con esa meta de
producción. Esto es específico para el manejo del nitrógeno como veremos
mas adelante, ya que la dosis de este nutriente es directamente dependiente
del rinde esperado.
-
Diseño del plan de
fertilización
Una vez realizado el
diagnóstico (en el cual se debería establecer la necesidad o no de
fertilizar y en el caso de hacerlo, las cantidades de nutrientes a aplicar),
es necesario armar un plan de fertilización ajustado a cada lote. Este plan
consiste en la definición de las cantidades y tipos de fertilizantes a
aplicar, así como del momento y tecnología de aplicación para satisfacer
las necesidades del cultivo. En la determinación de estos aspectos
intervienen diferentes factores: operativos (disponibilidad de máquinas, piso
en los lotes, etc.); económicos (disponibilidad de fertilizantes en la zona,
precio por unidad de nutriente del fertilizante, etc.) y por supuesto
ambientales (distribución e intensidad de lluvias, temperatura, etc.).
-
Ejecución y
monitoreo del plan de fertilización
La ejecución es
la implementación efectiva en la práctica del plan definido. Sin duda, a
medida que se va ejecutando el plan pueden surgir cuestiones no previstas
durante la planificación que requieren del ajuste según el nuevo escenario,
por ejemplo, lluvias menores a las previstas o cambios de precios del grano
que inciden en la dosis aplicadas.
-
Evaluación y
análisis de los resultados del plan de fertilización
Una vez ejecutado
el plan es necesario analizar y evaluar si la estrategia de fertilización
utilizada funcionó y con que grado de eficiencia. Para poder hacerlo, es
necesario contar con alguna parte del lote dejada como testigo con la practica
tradicional o sin fertilización por ejemplo, y puede ser solamente una franja
del ancho de una maquinada. En el mejor de los casos se pueden realizar algunas
pruebas o ensayos más elaborados.
Manejo de la
fertilización fosfatada
A diferencia de lo que
ocurre con el nitrógeno, al abordar la fertilización fosfatada en maíz hay
que considerar que el funcionamiento del fósforo (P) en el sistema suelo-planta
es totalmente diferente al del nitrógeno. Desde el punto de vista del manejo
nutricional, el principal aspecto a considerar es su baja movilidad en el suelo,
lo hace principalmente por difusión, y la presencia de retención específica
de los fosfatos en las arcillas, cuya magnitud depende de la cantidad y
mineralogía de esta fracción. Por otro lado, el pH es un factor que impacta
considerablemente sobre la disponibilidad de fósforo. La mayor disponibilidad
ocurre con pH´s entre 5.5 y 6.5, mientras que valores fuera de este rango su
concertación en la solución del suelo se reduce significativamente.
Las consideraciones
previas tienen implicancias muy relevantes en el manejo de la fertilización.
Así, la baja movilidad del fósforo (P) permite independizarnos del efecto del
clima (lluvias) sobre la dinámica del nutriente en el suelo, siendo las
perdidas por lavado y escorrentía mínimas desde el punto de vista práctico,
siempre y cuando no haya erosión hídrica. Esto determina que haya residualidad
del efecto de la fertilización, es decir parte del fósforo aplicado queda
disponible para próximos cultivos de la rotación.
La determinación de la
dosis de fósforo aplicada dependerá principalmente del nivel de disponibilidad
y secundariamente de otros factores, como potencial de rendimiento, aplicación
para otros cultivos de la rotación, colocación en bandas o voleo,
fitotoxicidad de la mezcla que contenga el fertilizante fosfatado, etc. En la
tabla 2 se presentan dosis orientativas de P según nivel del nutriente en el
suelo y niveles de producción medias.
Los umbrales de P Bray I
(0-20 cm) por debajo del cual existen altas probabilidades de obtener aumentos
considerables de rendimiento por fertilización están en el orden de 18 a 20
ppm. Por encima de estos niveles las probabilidades de obtener aumentos
significativos de rendimiento por agregado de fósforo son bajas. Este rango de
suficiencia no ha sufrido grandes modificaciones desde su publicación hace mas
de cincuenta años y ha sido validada en numerosos ambientes incluidas las
regiones maiceras del país. Sin embargo, y a pesar de su amplia difusión, no
existen calibraciones de las dosis recomendadas como la presentada en la Tabla
1, elaboradas mas bien siguiendo un criterio de reposición.
Tabla 1. Dosis de
fosfatos (como pentóxido: P2O5) recomendadas según
nivel de disponibilidad de fósforo en el suelo (P-Bray I, 0-20 cm) para dos
rendimientos esperados de maíz (Echeverría y García, 1998).
| |
Nivel de P del
Suelo |
|
Rinde Esperado |
> 5 |
5 – 9 |
9 – 13 |
13 – 20 |
< 20 |
|
Kg/ha |
..............
kg de P2O5 / ha .............. |
|
7,000 |
71 |
58 |
49 |
37 |
|
|
10,000 |
89 |
76 |
67 |
56 |
|
|
13,000 |
107 |
95 |
86 |
73 |
|
|
Para expresar en kg/ha de fosfato
diamónico o superfosfato triple multiplicar por 2,2
La necesidad de
disponibilidad del fósforo durante los estadios iniciales determina que el
momento de aplicación de los fertilizantes fosfatados deba ser junto con la
siembra, aplicándolo en bandas, y preferentemente por debajo y al costado de la
línea de siembra. Ocasionalmente si no se dispone de una sembrador con trenes
de fertilización separados puede colocarse el fertilizante junto con la línea
de semillas; si el fertilizante no tiene una alta proporción de nitrógeno, y
las dosis no son demasiado altas, no hay riesgo de perdidas de plantas por
fitotoxicidad. Se estima entre 20 y 30 kg/ha de N aplicado junto con la semilla
en espaciamientos de 70 cm como límite de tolerancia para evitar efectos
fitotóxicos durante la implantación del cultivo.
En suelos con niveles
medios a altos de fósforo disponible P normalmente puede recomendarse
aplicaciones al voleo. Respecto de las fuentes fosfatadas disponibles en el
mercado, puede optarse entre los superfosfatos, simple o triple y los fosfatos
de amonio, mono o diamónico. Todos tienen el P soluble en agua e inmediatamente
disponible, varían en el nutrientes acompañante, azufre en el superfosfato
simple y cantidades variable de N en los fosfatos de amonio. Su elección
dependerá principalmente de la necesidad de estos nutrientes acompañantes y
fundamentalmente de su disponibilidad comercial.
En los últimos años se
ha difundido en el mercado de fertilizantes las mezclas físicas
multinutrientes, tanto en bolsas como a granel. Todas estas mezclas poseen en su
composición fertilizantes simples como los mencionados previamente y por ende,
para su manejo, caben las mismas pautas efectuadas para los demás
fertilizantes.
Manejo de la
fertilización nitrogenada
El maíz requiere
alrededor de 20 a 25 kg/ha de nitrógeno (N) por cada tonelada de grano
producida. Por ello, para producir por ejemplo 10 t/ha de grano, el cultivo
debería disponer de alrededor de 200 a 250 kg de N/ha absorbidos por el
cultivo. Esta cantidad sería la demanda de nitrógeno para este nivel de
rendimiento. La oferta del lote (nitrógeno en el suelo + N del fertilizante)
debería satisfacer esa necesidad para mantener el sistema en equilibrio
nutricional. Esta aproximación es lo que se conoce como criterio o modelo de
balance. Sin embargo, la diferencias entre las cantidades de N en el suelo y las
absorbidas por el cultivo son determinadas por las llamadas eficiencias de
absorción, que varían según se considere al N presente en el suelo a la
siembra, al N mineralizado durante el cultivo y al N aportado como
fertilizantes.
Diferentes ensayos
realizados en la Región Pampeana indican que para maximizar los rendimientos
del cultivo, la oferta del suelo debería ser del orden de los 140 a 150 kg/ha.
Sin embargo, estos rangos de nitrógeno presentan variaciones regionales,
definidas por el potencial de rendimiento. Asimismo, en sistemas más
intensivos, bajo riego y mayor desarrollo tecnológico los rendimientos
potenciales serían mayores, y por ello la oferta de nitrógeno para cubrir la
demanda del cultivo sería superior, llegando hasta 200 a 250 kg/ha.
Esta llamada
oferta en realidad es el nitrógeno asimilable (nitratos mas amonio) medido por
análisis de suelo presente al momento de la siembra mas el nitrógeno ofrecido
de los fertilizantes, pero no considera al N que se mineraliza durante el ciclo
del cultivo. Este dato es muy difícil de evaluar ya que depende de las
condiciones climáticas y de suelo, que a través de las variaciones de humedad
y temperatura modifican la velocidad de nitrificación. En general para hacer
los balances se trabaja sobre valores promedios ya se asigna una eficiencia
igual a uno, es decir los nitratos que se producen son absorbidos inmediatamente
sin pérdidas. Para tener una idea de ese potencial de mineralizar N, se evalúa
la concentración de nitratos de la capa superficial hasta los 20 a 30 cm de
espesor al momento que el cultivo esta en el estadio de 4 a 6 hojas. Este valor
se correlaciona con la estimación de potencial de nitrificación, ya que los
presentes a la siembra habrán sido o bien absorbidos o bien lavados fuera del
alcance de las raíces. Por otra parte ese valor tendrá relación directa con
la temperatura y humedad que reguló el crecimiento del maíz hasta el estadio
de 4 a 6 hojas. En varias regiones maiceras, se ha establecido que un valor de
alrededor de 18 a 20 ppm de N de nitratos (N-NO3-) en esas
condiciones es indicador de suficiencia, ofreciendo bajas posibilidades de
respuesta económica al agregado de N como fertilizante.
Las posibles pérdidas
de nitrógeno son contempladas en la eficiencia de uso, normalmente oscila
alrededor del 50 %, con máximos de 70 %, si se aplica durante los momentos de
máxima capacidad de absorción, dosis no excesivas, proporcionales a su
utilización y con fuentes de bajo potencial de volatilización como amoniaco.
El maíz comienza su mayor consumo de nitrógeno alrededor de seis hojas
completamente expandidas (V-6 a V-7), por lo que antes de comenzada esta etapa
fenológica, el cultivo debería de disponer de una oferta de nitrógeno
adecuada para satisfacer su demanda para crecimiento. Las estrategias de
fertilización podrían resumirse en tres posibilidades:
1-Fertilizar únicamente
a la siembra o incluso antes.
2-Fertilizar sólo con
el cultivo implantado entre dos y siete hojas (V-2 a V-6).
3-Fraccionar la dosis
entre la siembra y V-7 en dos aplicaciones.
De las tres
alternativas, la aplicación a la siembra integra globalmente ventajas en los
aspectos operativos, agronómicos y económicos. Sin embargo, los equipos de
siembra que disponen de doble cajón fertilizador para colocar separadamente al
nitrógeno fuera de la línea de semillas no son abundantes.
Por esa razón, serían
más recomendables las aplicaciones fraccionadas, donde se garantice una gran
parte de la necesidad total de nitrógeno a la siembra (70 a 80 %), regulando
luego la cantidad de nitrógeno restante en función de la evolución de la
campaña y de las posibilidades ofrecidas por las condiciones climáticas, ya
que muchas veces, al coincidir la primavera lluviosa con ese periodo, se pierde
la oportunidad y el follaje avanza impidiendo una fácil circulación entre
líneos, agravada por la tendencia creciente a sembrar con espaciamiento de 52
cm. Una recomendación intermedia en este sentido es fraccionar en dos veces,
pero aplicando en lugar de a la siembra la mayor proporción del N en estadios
muy tempranos hasta 3 hojas, cuando la planta es flexible y admite trafico de
maquinaria de aplicación con cubiertas de alta flotación
En la tabla 2 se resumen
las ventajas y desventajas de cada modalidad de aplicación. También se ha
cuestionado cual es el valor que efectivamente se pierde del N aplicado en
presiembra; descontando que aun cuando haya lixiviación, un frente de lavado de
nitratos nunca va tan lejos en profundidad. En particular considerando las
texturas franco limosas de los Argiudoles pampeanos, como para que no lo
alcancen las raíces durante el desarrollo del cultivo.
Tabla 2. Ventajas y
desventajas de diferentes momentos de fertilización con nitrógeno (N) en
maíz
|
Momento |
Ventajas |
Desventajas |
|
Presiembra |
Simplicidad
operativa |
Riesgo de lavado
de nitratos hasta desarrollo de las raíces. No recomendable antes de 30
días de la siembra. |
|
A la siembra |
Simplicidad
operativa |
Riesgo de lavado
(lixiviación) de nitratos hasta desarrollo de raíces. |
|
|
El N queda
disponible inmediatamente para el cultivo. |
Riesgo de
fitotoxicidad en aplicaciones junto con la semilla. Depende de dosis y
ambiente. |
|
|
Facilidad para
incorporar al suelo. |
|
|
Entre 2 y 8
hojas
(V-2 y V-8) |
Mayor eficiencia
de utilización con fuentes de fertilizantes que no volatilizan |
Si no se
incorpora al suelo, hay riesgo de pérdida de N por volatilización de
amoníaco (fertilizantes con urea). Depende del ambiente (temperatura y
humedad de suelo) |
|
|
|
Dependencia de
las lluvias que a veces ocasiona retrasos o imposibilidad de aplicar por
falta de piso (común en ciclos húmedos como el actual). |
|
Fraccionada |
Necesaria para
aplicar dosis elevadas. |
Mayor
complejidad operativa. |
|
|
Distribuye y
reduce el riesgo económico de la práctica. |
Mayores costos
de aplicación |
Manejo de la
fertilización azufrada
En los últimos años se
han presentado numerosas evidencias que demuestran aumentos de rendimiento por
agregado de azufre como fertilizante. Estas respuestas son mas frecuentes con
lotes con alto potencial de rendimiento y que presentan respuestas importantes a
nitrógeno y fósforo. No se han intentado correlaciones entre estas respuestas
y los niveles de azufre de sulfatos (S-SO4=) sin embargo
es posible inferir mayores posibilidades de respuesta con valores bajos, menores
a 5 ppm. Así como con suelos degradados, con baja materia orgánica (MO) y/o
baja relación MO/arcillas (indicador de baja proporción de MO joven o
recientemente agregada), o con textura gruesa.
La magnitud de las
respuestas dependerá de la fertilidad del lote y dosis utilizada. En términos
generales la misma normalmente cubre el costo del fertilizante aplicado. Las
respuestas son del orden de los 10-12 kg de maíz por kg de S/ha, y las dosis
asociadas a los máximos rendimientos son entre 5 y 15 kg de S/ha como Sulfato.
Sin embargo en algunos trabajos se encontraron respuestas a dosis más altas en
buenas condiciones hídricas, como la presentada en la figura, promedio de cinco
localidades (Caamaño y Melgar, 1998).
Análisis económico de
la fertilización
No hay practica de
manejo del maíz que tenga mas impactos en los resultados económicos como la
fertilización ya sea nitrogenada, fosfatada o azufrada cuando los suelos son
deficientes, siempre y cuando las condiciones hídricas sean las adecuadas.
Utilizando el criterio
de la relación Valor / Costo ( ó Beneficio/ Costo) y tomando los valores de
los insumos y productos en dólares, que muestran relativa estabilidad en el
tiempo por su carácter de genéricos (commodities) se presenta en la tabla
siguiente los beneficios derivados de la fertilización ante situaciones de
respuestas promedio. Estas respuestas son esperadas bajo regímenes de
producción normales, en dosis moderadas promedio. Estas relaciones son sin duda
altamente positivas y superiores a la unidad, se espera que disminuyan a medida
que las dosis son mas elevadas.
Tabla 3. Beneficio
económico derivado de la fertilización con distintos nutrientes en maíz
|
Nutriente |
Costo1 |
Beneficio (Respuesta) |
V/C |
| |
$/kg |
Kg grano / kg nutriente |
Ingreso Bruto $ 2 |
|
|
Nitrógeno |
0,56 |
25 |
1,5 |
2.7 |
|
Fósforo |
0,49 |
16 |
1,0 |
2.0 |
|
Azufre |
0,40 |
10 |
0,6 |
1.5 |
|
1 Se
toma el costo del nutriente por la fuente más barata: urea (46 % N), Fosfato
monoamónico (52 % P2O5) y Sulfato de amonio (24 % de S), a valores de mercado
de 260, 310 y 180 $/t respectivamente. Por poseer además N, el costo del S y
del P2O5 de los fertilizantes nombrados se modifican proporcionalmente.
2 Se
toma el precio de 80 $/t descontados gastos de comercialización (25%).
Bibliografía citada
Echeverría, H. y F.
García, 1998. Guía para la fertilización fosfatada de trigo, maíz, girasol
y soja. Boletín Técnico No. 149. EEA INTA Balcarce. Centro Regional Buenos
Aires Sur. ISSN 0522-0548.
García, F. 2002.
Manejo de la fertilidad de suelos y fertilización para altos rendimientos en
la región pampeana Argentina. 4º Conferencia Fertilizantes Cono Sur. British
Sulphur. Porto Alegre Brasil 18-20 Noviembre
Caamaño, A. y R.
Melgar, 1998. Fertilización con nitrógeno, fósforo y azufre en maíz de
alta productividad. Est. Exp. Ag. Pergaminito Rev. Tecnología Agropecuaria V
II Nº 5 PP 11-14.
Alvarez, R., Alvarez,
C. R., Steinbach, S. 2000. Fertilización de trigo y maíz. Ed. Hemisferio
Sur. 95 pág.
Vea este y otros trabajos en el sitio
oficial del Proyecto
Fertilizar - INTA
Biblioteca
(*) Ingeniero Agrónomo, Ph. D en Ciencias del Suelo. Efectuó
su trabajo doctoral en la Universidad de Carolina del Norte (EE.UU). Se desempeñó
como Coordinador del Sub-Programa de ámbito Nacional de Manejo de suelos para
Zonas Húmedas, con sede en la Estación Experimental Pergamino.
Desde 1996, es Coordinador del Proyecto Fertilizar y editor
de la Revista Fertilizar, publicada por el proyecto. En su actividad profesional
ha publicado más de 50 artículos en revistas científicas y más de 100 de
divulgación técnica en el área de suelos y fertilización de cultivos.
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