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Tecnología para la Aplicación de Fungicidas Foliares
en Soja con Equipos Terrestres |
Autor: Ing. Agr. Rubén A. Massaro
EEA INTA Oliveros
Año 2004
Introducción
La aplicación de plaguicidas con equipos pulverizadores,
entendida como la deposición de la cantidad necesaria del principio activo en
su sitio de acción (o blanco), suele ser analizada en forma simplificada
considerando sólo la maquinaria o, aún más, sólo los elementos atomizadores
de la misma (llamados comúnmente pastillas). Sin embargo, una interpretación
sistémica del proceso es la que posibilita una adecuada preparación de los
pulverizadores para realizar una tarea exitosa.
Los componentes fundamentales de este sistema son los
siguientes:
1. El canopeo del cultivo sobre el que se va a trabajar.
Conocer la estructura que presentan las plantas, el Índice de Área Foliar
(IAF), la barrera que constituyen las hojas por su forma y superposición
espacial, son algunas cuestiones importantes a tener en cuenta al inicio de
este proceso.
2. Aspectos relacionados con la plaga: su localización en
los estratos de hojas (inferiores, medios o superiores), y su progreso en el
follaje de acuerdo con la dinámica de la infección o infestación. Éste es
el objetivo o blanco en el trabajo de pulverización.
3. Cómo actúa el plaguicida desde el punto de vista de
su translocación o no, desde el lugar al que llegó por medio de las gotas de
la pulverización.
4. El ambiente climático, fundamentalmente temperatura y
humedad relativa del aire. Estos parámetros influyen en forma directa o
indirecta sobre el cultivo, la plaga, el producto y las gotas que genera el
pulverizador.
5. La preparación del equipo pulverizador (calibración o
regulación), que debe realizarse para cada situación de trabajo,
considerando la influencia e interacción de los aspectos citados.
En el Esquema 1 se pueden observar las interacciones entre
los componentes del sistema.
El resultado final de este sistema puesto a funcionar se
obtiene evaluando la calidad de la aplicación. Esto se determina a través de
la cobertura (número de gotas/cm2 que llegan al sitio de acción del
producto o blanco) y su uniformidad (medida a través de la variabilidad o
Coeficiente de Variación = CV). Este análisis se realiza por medio de tarjetas
sensibles al agua (principal vehículo de aplicación) que, colocadas en el
lugar donde deseamos llegar con el producto, quedan marcadas con pequeñas
manchas (generalmente una por cada gota). Estas marcas se cuentan con una lupa y
se conoce la cantidad de gotas/cm2 (= cobertura).
Cada tipo de plaguicida requiere diferentes coberturas y
grados de uniformidad. Cuando se comienza a ejecutar esta medición, también se
empieza a aceptar que el volumen aplicado (litros/ha) es relativo. Generalmente
se necesita un mayor volumen pulverizado en un cultivo con más follaje a “mojar”
con las gotas, especialmente si el mismo es totalmente cerrado.
A continuación se describen los pasos a seguir para definir
una Tecnología de Aplicación para fungicidas foliares en el cultivo de soja...
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