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Manejo de Gusanos Blancos en el Cultivo de Trigo |
Autor: Ing. Agr.
Nicolás Iannone,
EEA INTA Pergamino - Coord. Servicio Técnico de Alerta sobre Plagas
Año 2007
No confundir el complejo de gusanos blancos con bicho torito
No es lo mismo, y menos desde el punto de vista de su
impacto sobre el trigo. El bicho torito es una especie de gusano blanco que
tiene alto impacto sobre la producción del cultivo, mientras que las otras
especies del complejo no.
Los gusanos blancos corresponden a un grupo de coleópteros
de la familia Scarabaeidae, los cuales habitan en la tierra al estado larval
produciendo daños durante este período, y toman la forma de escarabajos al
estado adulto. A este grupo de gusanos se lo considera entre los más
importantes insectos del suelo de Argentina. Relevamientos de gusanos blancos
efectuados por el autor en el núcleo pampeano indican que las especies más
abundantes son: Philochloenia bonariensis, Cyclocephala signaticollis,
Diloboderus abderus, C. putrida, C. modesta, Anomala testaceipennis,
Heterogeniata bonariensis y otras especies con menor participación en el
complejo de gusanos blancos.
Las tres primeras especies mencionadas de este complejo de
gusanos blancos son las que normalmente se encuentran presentes en mayor
cantidad, dependiendo su abundancia relativa principalmente del sistema de
siembra y de la rotación. Sin embargo, si tenemos en cuenta el impacto en la
producción agropecuaria de los gusanos blancos (todas las especies del
complejo) sólo se destaca el conocido vulgarmente como "bicho torito"
Diloboderus abderus. Las larvas de esta especie de gusano blanco
producen daños fundamentalmente a especies gramíneas, como cultivos de trigo y
maíz en siembra directa (SD) y forrajeras perennes.
En trigo no se han registrado pérdidas significativas o
económicas producidas por las otras especies de gusanos blancos pertenecientes
al complejo, al menos resultantes de mediciones confiables. Por lo tanto, no se
debe confundir ni tomar como si fueran sinónimos a: "gusanos blancos"
y "bicho torito". Los primeros constituyen un complejo de especies las
cuales no tienen real importancia sobre el cultivo de trigo, a excepción del
bicho torito que sí la tiene.
El ciclo de vida del bicho torito se cumple en el término
de un año. Las larvas son más voraces en el tercer estadío, el cual por lo
general está presente desde mediados o fines de abril hasta mediados de
octubre, entrando alrededor de esa fecha en estado de prepupa y por consiguiente
a partir de entonces ya no es capaz de producir daño alguno.
Las larvas de bicho torito pueden dañar semillas tanto
intactas como recién germinadas. Los daños pueden ser importantes durante las
primeras etapas de desarrollo del cultivo de trigo. Al iniciarse el período
vegetativo puede matar la plántula de trigo consumiendo también sus raíces.
Posteriormente y durante el macollaje del trigo disminuye la actividad de las
larvas de bicho torito debido a que las bajas temperaturas reinantes en pleno
invierno obligan a las mismas a profundizarse. A partir de encañazón y
fundamentalmente de espigazón suelen detectarse los daños más graves y/o
éstos se hacen más evidentes, generalmente cuando a la salida del invierno y
comienzo de primavera las larvas se tornan más activas debido al aumento de la
temperatura del suelo.
Monitoreo de lotes
La forma precisa de monitorear la población de gusanos
blancos en cada lote destinado a la siembra de trigo se basa en la toma de
muestras de suelo, consistente en la realización de pozos de 50 cm x 50 cm y 30
cm de profundidad. La observación de toda la tierra obtenida del pozo con la
precaución de realizar el correspondiente desterronado manual permitirá
registrar la totalidad de larvas de gusanos blancos presentes en dicha muestra.
Para cada lote será necesario repetir este proceso realizando 8 a 10 pozos como
mínimo, dependiendo de la superficie del mismo.
Es obvio que el método descrito es muy preciso pero
también en cierta medida engorroso. Ello es tan así que la realidad indica, en
base a estimaciones de referentes técnicos de distintas zonas de la región
pampeana, que la adopción del método de muestreo mediante la realización de
los pozos es escasa. Atendiendo a ello, y para el caso de tomar decisiones de
realizar o no el control de bicho torito ante la imposibilidad práctica de
realizar el monitoreo de suelo en todos los lotes, conviene al menos disponer de
una evidencia empírica pero muy práctica consistente en la observación de
pequeños cúmulos o montículos de tierra sobre la superficie del terreno, lo
cual no requiere esfuerzo, a fin de tener una "idea a priori" de la
posible existencia del problema.
Los montículos de tierra son el producto de la
construcción de galerías por parte de la larva de bicho torito. Estos
montículos de tierra son fáciles de ver a simple vista, y mejor aún después
de una lluvia ya que la larva al reconstruir su galería renueva el montículo
de tierra húmeda. Lo interesante de esta alternativa, además de su
practicidad, radica en que los montículos de tierra pueden ser producidos sólo
por dos insectos de suelo, bicho torito y grillo subterráneo. Pero esta última
plaga no suele ser problema para este cultivo y sólo excepcionalmente lo es
para maíz. Entre los motivos, el grillo subterráneo sale de noche a la
superficie del terreno para alimentarse sobre un cultivo, y para que salga de la
cueva deben registrarse temperaturas nocturnas superiores a los 15 o 16 ºC. Es
por ello que el grillo produce daños fundamentalmente en la implantación de
soja, (sobre soja de primera y principalmente sobre soja de segunda) momentos
coincidentes con la posibilidad que se alcancen y superen dichas temperaturas
nocturnas para que los grillos salgan al exterior a alimentarse, las cuales
normalmente se registran a fines de primavera y comienzos del verano.
En los casos de lotes de SD que tengan mucho rastrojo en
superficie se dificulta la observación de los montículos a simple vista. En
tal situación, una rápida indicación de la posible presencia del insecto
puede lograrse a través de la observación de los agujeros o bocas de galerías
con la ayuda de una pala ancha pasándola en forma rasante al terreno. En el
caso que se observen frecuentes montículos o agujeros en la superficie del lote
se recomienda tomar varios de ellos al azar y seguir el recorrido de las
galerías con una pala a fin de encontrar al insecto y comprobar si corresponde
a la larva de bicho torito.
En el centro norte de la provincia de Buenos Aires
generalmente no se registra una significativa mortalidad de larvas de bicho
torito por acción de enemigos naturales. Por lo tanto en la gran mayoría de
los años existe una correspondencia entre el montículo y la larva de bicho
torito, es decir que normalmente existe una larva de bicho torito por cada
montículo de tierra observado en el terreno previo a la siembra de trigo
(en promedio cada montículo se corresponde con 0,9 larva de bicho torito). En
dicho caso luego será sumamente fácil estimar la cantidad de gusanos o larvas
por metro cuadrado presente en el lote con sólo contar los montículos de
tierra o los agujeros de las galerías.
De esta manera, podremos tener una idea aproximada sobre la
presencia de bicho torito en el lote, lo cual se constituye en un parámetro de
rápida obtención y muy superador en relación a la toma de decisión
desconociendo la presencia de la plaga por falta de monitoreo, o bien, si está
presente en el lote en un nivel que realmente justifique su control. En este
sentido no debemos perder de vista la realidad, la cual indica que en la gran
mayoría de los casos no sólo que no se hacen los monitoreos de suelo (hay
ausencia de monitoreo en casi el 90 % de los casos), y, paralelamente lo peor es
que se toman decisiones de hacer o no hacer tratamientos contra bicho torito sin
conocer "realmente" la existencia o no del problema (sería como
tratar chinches o isocas sin saber si hay o no en el lote)
Si, previo a la siembra de trigo, no hay presencia de
montículos u orificios de galerías, o bien, si su densidad resulta menor a
cuatro por metro cuadrado, no hay que preocuparse por un impacto económico del
bicho torito en trigo. Las otras especies de gusanos blancos no hacen
montículos pero también sabemos que no producen pérdidas económicas en este
cultivo. Si en un lote tenemos una cantidad de montículos u orificios de 4 a 6
ó 7/m2, entonces se sugiere aumentar la precisión mediante el
método del monitoreo de suelo. Obviamente, que para lotes que tengan una muy
alta cantidad de montículos de tierra por metro cuadrado, tampoco resultará
necesario realizar un trabajo exhaustivo de monitoreo de suelo, ya que de no
controlar en estos casos se tendrán pérdidas muy significativas de
producción.
A diferencia de la mayoría de las plagas, las cuales
normalmente suelen aparecer de una manera un tanto repentina, las larvas del
bicho torito que ahora se encuentran en un lote ya son del tercer y último
estadio larval, y serán las mismas que estarán dañando al cultivo. Es decir,
que no habrá incrementos o aparición de nuevas larvas. Las larvas de bicho
torito permanecerán activas en el suelo hasta fines de setiembre o comienzos de
octubre cuando finalice su largo período larval, y por ende la capacidad de
producir daños.
Identificación del problema
Con cierta frecuencia es posible advertir el grave error de
considerar la población de gusanos blancos como sinónimo de bicho torito,
mientras que en la realidad lo que se registra con mayor frecuencia de casos es
que la mayoría de las larvas encontradas responden a otras especies de gusanos
blancos sin impacto en la producción. Por lo tanto, al realizar el monitoreo
del suelo, resultará de suma importancia reconocer las larvas de bicho torito
D. abderus, especie de gusano blanco con potencial de daño en trigo, y
cuantificarla en cada lote a fin de poder tomar decisiones lo más racionales
posibles. En otras palabras, si no se identifican las especies presentes en el
lote, o al menos identificar aquellas larvas de bicho torito por ser la especie
que afecta a la producción del cultivo, existirá un riesgo cierto de tomar
decisiones incorrectas.
Existen claves para la identificación de especies de
gusanos blancos basadas en la disposición de pelos en el raster de las larvas,
aunque esta alternativa puede resultar demasiado engorrosa si no se cuenta con
la asistencia de un especialista. Sin embargo, se puede hacer una rápida y
práctica identificación a campo de larvas de bicho torito tomando en cuenta
características fácilmente detectables a simple vista. En este sentido, las
larvas de bicho torito se pueden diferenciar a campo del resto de las especies
por:
1. Tamaño de la larva: desde mayo a octubre ninguna
especie de gusano blanco tiene el tamaño de la larva de D. abderus
(mayor de 5 cm en bicho torito, mientras que las otras especies de gusanos
blancos en algunos casos pueden alcanzar como máximo 3,5 cm)
2. Color de la cabeza: el color de la cabeza de D.
abderus es marrón-rojizo (borravino), mientras que las otras especies de
gusanos blancos tienen cabeza color castaño bien claro o a lo sumo color
caramelo (hay una sola excepción correspondiente a la larva de Bothynus sp.,
que si bien su cabeza es de igual color a D. abderus se diferencia de ésta por
un apreciable menor tamaño).
3. Tamaño de la cabeza: el ancho de la cabeza
(viendo al gusano de frente) en D. abderus es casi tan ancha como el
ancho de su cuerpo, mientras que en las otras especies el ancho de la cabeza es
bastante menor al ancho de su cuerpo.
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Montículo de tierra (sobre la boca
de la galería)
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Nivel de acción
Alrededor de diez especies conforman el complejo de gusanos
blancos, aunque la especie de comprobado impacto sobre la producción de trigo
es el "bicho torito" Diloboderus abderus. La información disponible
sobre niveles de la plaga para la toma de decisión de su control para un lote
que será destinado a la siembra directa de trigo (cantidad de larvas de bicho
torito por metro cuadrado que justifican el control = nivel de daño económico,
NDE) es de 5 a 6 larvas/m2.
El NDE de bicho torito se constituye en una herramienta
esencial para la toma de decisiones previo a la siembra de trigo, y sobremanera
cuando este cultivo se debe implantar en lotes con muchos años de siembra
directa o en lotes que vienen de una pastura recientemente roturada. Esta
aseveración se fundamenta en resultados de relevamientos realizados en la
región núcleo pampeana, los cuales demuestran la mayor proliferación de
gusanos blancos en lotes de SD y de pasturas perennes respecto de aquellos bajo
labranza convencional. En estos últimos raramente se debe recurrir a un
tratamiento contra bicho torito, sobre todo si cuentan con varios años bajo
este tipo de labranza, o sea con remoción del suelo.
Si bien el tratamiento de semillas se considera una
tecnología de uso preventivo, en el caso particular del bicho torito se plantea
que dicha tecnología sea usada cuando se pueda evitar un daño económico
seguro, debido a que se ha detectado en el lote la presencia del insecto por
encima del umbral establecido.
Control de gusanos blancos en SD de trigo
En cultivos con labranza convencional (con frecuencia de
problemas de bicho torito casi nula, a excepción de una reciente salida de
pastura), la tecnología de control consiste en la incorporación del
insecticida al suelo mediante la remoción del mismo después de la aplicación.
El panorama es totalmente distinto para la los cultivos de trigo en SD, ya que
en estos casos resulta obvia la imposibilidad de la remoción a fin de
incorporar los insecticidas al suelo. En tal sentido, los resultados obtenidos a
través de trabajos de investigación permiten señalar que la tecnología de
tratamientos de semillas, utilizando productos y dosis adecuados, resulta
eficiente para el control de bicho torito en SD de trigo.
Por no tomar las simples precauciones del caso, muchos
productores suelen sufrir los daños de estos insectos del suelo con
consecuencias que luego no son remediables, ya que no hay posibilidad de un
adecuado control una vez implantado el trigo. Por lo tanto, no intentar hacer
aplicaciones de insecticidas en postemergencia del cultivo, ya que éstas no son
efectivas. La eficiente solución de esta problemática se debe tomar antes de
la siembra y mediante el tratamiento de las semillas con productos y dosis
adecuadas.
Otra alternativa evaluada para el control de bicho torito
consiste en la aplicación de soluciones insecticidas dentro del pequeño surco
de remoción que permite la SD. Esta tecnología de control mediante aplicación
de insecticidas líquidos a nivel de la semilla (no sobre la superficie del
terreno) posibilita alcanzar similar eficiencia de control del bicho torito que
los tratamientos de semillas, aunque la desventaja de esta alternativa radica en
la disponibilidad del equipo de aplicación de fertilizantes líquidos.
Cabe la reflexión en cuanto al control sobre cuestiones que
no siempre son debidamente internalizadas. Específicamente, se debe tener en
cuenta que una semilla protegida contra bicho torito también será una semilla
protegida contra otras plagas del suelo que en la práctica son muy difíciles
de detectar oportunamente, como moscas de la semilla, gusanos alambre, etc., e
imposibles de controlar después de la siembra de trigo. Asimismo, al tratar la
semilla con un insecticida sistémico también se tendrá una eficaz protección
contra pulgón verde de los cereales, cada vez con mayor impacto en los primeros
estados vegetativos del cultivo. A su vez debemos tener presente que un adecuado
control para evitar la incidencia de bicho torito y adicionalmente estos otros
insectos, además de tener un retorno económico permiten lograr niveles de
producción que sin su uso no sería posible de alcanzar.
También desde el punto de vista económico, es aconsejable
romper con la usual premisa esgrimida por muchos usuarios respecto al aparente
alto costo del tratamiento de semillas con insecticidas eficientes para el
control del bicho torito. Dicha reticencia normalmente se traduce en, el uso de
insecticidas "baratos" pero no eficientes sobre este insecto, o de
dosis menores a las necesarias, o directamente en el no uso del tratamiento de
semillas. En todos estos casos mencionados, los resultados son totalmente
previsibles: nulo control de la plaga y pérdidas económicas de una magnitud
mucho mayores al costo de un buen tratamiento.
Resulta conveniente visualizar a la problemática de
insectos del suelo como un témpano, ya que suele apreciarse sólo una parte del
real problema, o sea, los casos extremos o más graves. A manera de un claro
ejemplo, la mayoría de los problemas leves a moderados en implantación de
maíz y de girasol frecuentemente son desestimados, aunque en realidad éstos
afectan no sólo la densidad sino fundamentalmente la "uniformidad de
planteo". Sabemos de la importancia de la densidad de siembra en dichos
cultivos y fundamentalmente de la uniformidad de plateo muy específicamente en
maíz. Tan importante es para este cultivo, además de su adecuada densidad, que
difícilmente podamos encontrar un lote cuyo rendimiento haya superado los 100
q/ha sin haber logrado uniformidad en su implantación. Sin embargo, la realidad
indica que ciertos niveles de falta de plántulas son considerados como
"normales" o bien atribuidos a otros factores, o lo que es peor aún:
pasar desapercibidos sin cuestionarnos que "otro" podría haber sido
el real problema.
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