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Soja : Nutrición del Cultivo y Fertilización |
Autor: Dr.
Fernando O. García, INPOFOS/PPI/PPIC Cono Sur
Av. Santa Fe 910 - (B1641ABO) Acassuso - Argentina
Los cultivos tienen requerimientos específicos y absolutos,
los cuales deben ser satisfechos para alcanzar altos rendimientos. Radiación,
agua, tiempo de crecimiento y nutrición son los principales requerimientos a
ser cubiertos. En el caso de la soja, el objetivo es desarrollar un cultivo con
optimo estado a floración (R1-2 según Fehr y Caviness, 1977) que permita
interceptar eficientemente toda la radiación incidente y maximizar la tasa de
acumulación de materia seca durante el período de llenado de granos (Vasilas
et al., 1995). Para alcanzar este objetivo, entre otros factores, el cultivo
debe cubrir sus necesidades nutricionales.
El área sembrada de soja en Argentina se expandió
marcadamente entre 1987 y 1998, pasando de aproximadamente 4.3 millones de ha a
7.8 millones de ha (Fuente: SAGPyA). Este incremento en el área sembrada
explica el aumento en la producción, 9.9 millones de ton en 1987 y 18 millones
de ton en 1998, ya que el rendimiento promedio se mantuvo estable (Fig. 1).

Fig. 1. Rendimientos promedio de soja en Argentina para
el período 1987-1998. Información SAGPyA.
Si bien las técnicas de manejo mejoraron a lo largo del
período considerado (variedades, fechas de siembra, control de malezas,
cosecha, etc.), el uso de fertilizantes en este cultivo ha sido muy escaso,
limitándose a aplicaciones de fertilizantes de arranque en el mejor de los
casos. Resultados de investigaciones realizadas en la región pampeana
demuestran la potencialidad de respuesta del cultivo ante situaciones de
deficiencia de nutrientes tales como, por ejemplo, fósforo y azufre.
En este trabajo se discuten aspectos relacionados con la
nutrición del cultivo, las posibles deficiencias nutricionales de los suelos y
algunas experiencias de fertilización realizadas en la región pampeana
argentina.
1. Requerimientos nutricionales del cultivo
El diagnostico de la fertilización del cultivo implica
conocer las necesidades nutricionales para alcanzar un rendimiento objetivo y la
capacidad del suelo de proveer esos nutrientes en la cantidad y el momento
adecuado. En la Tabla 1 se indican los requerimientos nutricionales promedio
para producir una tonelada de grano de soja, el índice de cosecha de los
distintos nutrientes y, a modo de ejemplo, las necesidades totales y extracción
en grano para un rendimiento de 4000 kg/ha. Los valores indicados en esta Tabla
son orientativos ya que se observa una marcada variabilidad en la información
de las distintas referencias.
Tabla 1. Requerimientos nutricionales e índice de cosecha
de nutrientes en soja1.
|
Nutriente |
Requerimiento |
Indice de cosecha
del nutriente |
Rendimiento de 4000 kg/ha |
|
|
|
Necesidad |
Extracción |
|
|
kg/ton grano |
|
kg/ha |
kg/ha |
|
Nitrógeno |
80 |
0.75 |
320 |
240 |
|
Fósforo |
8 |
0.84 |
32 |
27 |
|
Potasio |
33 |
0.59 |
132 |
78 |
|
Calcio |
16 |
0.19 |
64 |
12 |
|
Magnesio |
9 |
0.30 |
36 |
11 |
|
Azufre |
7 |
0.67 |
28 |
19 |
|
|
g/ton grano |
|
g/ha |
g/ha |
|
Boro |
25 |
0.31 |
100 |
31 |
|
Cloro |
237 |
0.47 |
948 |
446 |
|
Cobre |
25 |
0.53 |
100 |
053 |
|
Hierro |
300 |
0.25 |
1200 |
300 |
|
Manganeso |
150 |
0.33 |
600 |
198 |
|
Molibdeno |
5 |
0.85 |
20 |
17 |
|
Zinc |
60 |
0.70 |
240 |
168 |
1 Estimaciones promedio a partir de
numerosas referencias bibliográficas.
En general, el cultivo de soja presenta requerimientos nutricionales por kg
de grano producido e índices de cosecha de nutrientes mayores que los cereales.
Por ejemplo, la soja exporta 80-85% y 55-60% del fósforo (P) y potasio (K) que
absorbe, mientras que trigo y maíz exportan 70-75% y 20-25% del K absorbido.
En cuanto a los nutrientes secundarios, la soja presenta requerimientos de
azufre (S) superiores a los de trigo y maíz, y para una eficiente fijación
biológica de nitrógeno (FBN) requiere de micronutrientes tales como molibdeno
(Mo), cobalto (Co), niquel (Ni), boro (B), hierro (Fe) y manganeso (Mn)
(Baigorri, 1999; Yamada, 1999).
2. Deficiencias nutricionales y experiencias de fertilización en la región
pampeana
En general, los suelos de la región pampeana presentan deficiencias de N y
P. En los últimos años, se han observado en algunas zonas deficiencias de S y
algunos micronutrientes, fundamentalmente a partir de la intensificación de la
agricultura (mayores rendimientos y reducción de períodos bajo pastura).
El análisis de suelo es la herramienta básica y fundamental para determinar
los niveles de fertilidad de cada lote y diagnosticar la necesidad de
fertilización. Es importante conocer las características climáticas de la
zona, del suelo y su manejo y del manejo del cultivo para definir el plan de
fertilización.
Nitrógeno
Si bien la soja presenta requerimientos muy elevados de N, una gran parte de
este requerimiento es cubierto vía FBN a través de la simbiosis soja - Bradyrhizobium.
La evolución de la FBN esta relacionada con la tasa de acumulación de carbono
(C) (Purcell, 1999), por lo tanto, las limitaciones nutricionales que afecten el
crecimiento del cultivo afectarán la tasa de acumulación de N (Yamada, 1999).
Por otro lado, numerosos nutrientes intervienen directamente en el proceso de
fijación, por ejemplo magnesio (Mg), Mo, Fe y Co (Purcell, 1999).
En la región pampeana se han determinado aportes de N por FBN del orden del
30-70% de las necesidades totales de N del cultivo dependiendo del nivel de
fertilidad nitrogenada del suelo y las características climáticas de la
estación de crecimiento (González, 1996). Por lo tanto, la inoculación de la
semilla es una práctica indispensable para lograr una adecuada provisión de N
para el cultivo. En lotes con cultivos de soja previos se ha observado respuesta
a la reinoculación del orden de 155 a 215 kg/ha (EEA INTA Oliveros, citado por
Darwich, 1999). En la región de los Cerrados en Brasil se han reportado
respuestas a la reinoculación de 80 a 368 kg/ha (Vargas et al., 1993).
Debe tenerse en cuenta que el aporte vía FBN en soja no siempre resulta en
un balance positivo de N para el suelo. Un cultivo de 4500 kg/ha de rendimiento
requiere 360 kg/ha y exporta aproximadamente 270 kg/ha de N. Si consideramos un
aporte de 50% del N total acumulado vía fijación simbiótica, es decir 180
kg/ha de N, la extracción neta de N del suelo (suministrado por el N disponible
a la siembra y/o mineralizado a partir de la fracción orgánica) sería de 90
kg/ha de N.
La FBN es más eficiente con niveles bajos de disponibilidad del nutriente en
el suelo. Altos niveles de N en el suelo por acumulación durante el barbecho o
por fertilización resultan en menores cantidades de N fijado vía FBN. Si bien
en algunas evaluaciones, en especial en cultivos de segunda bajo siembra
directa, se han observado respuestas a aplicaciones reducidas de N a la siembra
(Pablo Calviño, com. pers.), evaluaciones realizadas en el centro-norte de
Buenos Aires (Scheiner et al., 1999) y el sur de Santa Fe (Bodrero et al., 1984)
indican que si el establecimiento de la simbiosis es exitoso, la soja no
responde a la fertilización nitrogenada.
Las experiencias con fertilizaciones durante el período reproductivo,
destinadas a proveer N durante el llenado de grano cuando la actividad de los
nódulos disminuye, han mostrado resultados variables según la oferta de N del
suelo, el estado y crecimiento del cultivo y el rendimiento obtenido (Wesley et
al., 1998; Scheiner et al., 1999; Ventimiglia et al., 1999).
Fósforo
La respuesta de los cultivos a la fertilización fosfatada depende del nivel
de P disponible en el suelo, pero también es afectada por factores del suelo,
del cultivo y de manejo del fertilizante. Entre los factores del suelo, se
destacan la textura, la temperatura, el contenido de materia orgánica y el pH;
mientras que entre los del cultivo deben mencionarse los requerimientos y el
nivel de rendimiento. El diagnóstico de la fertilización fosfatada se basa en
el análisis de muestras de suelo del horizonte superficial utilizando un
extractante adaptado a los suelos del área en evaluación. En la región
pampeana, en general, el extractante utilizado es Bray 1.
La
soja se caracteriza por presentar niveles críticos de P en suelo, por debajo de
los cuales se observan respuestas significativas a la fertilización, menores a
los de otros cultivos tales como alfalfa, trigo y maíz. Esta diferencia ha sido
atribuida, entre otras causas, a cambios generados en el ambiente rizosférico
del cultivo y al alto costo energético de los granos de soja (aceite +
proteína). La adecuada nutrición fosfatada del cultivo permite un mayor
desarrollo de nódulos y, por lo tanto, una mayor tasa de fijación de N
atmosférico (Díaz Zorita et al., 2000) (Fig.2).

Los suelos de la región pampeana muestran deficiencias de P
como resultado de la baja disponibilidad nativa y/o de la baja reposición vía
fertilizantes o abonos orgánicos. Melgar et al. (1995) recopilaron la
información de 65 ensayos realizados en el país y encontraron un 70% de
probabilidad de obtener respuestas de 300 kg/ha o superiores en suelos con menos
de 9 ppm de P Bray y una probabilidad del 40% de obtener respuestas de 200 kg/ha
o superiores en suelos con 9 a 14 ppm de P Bray. Los mayores rendimientos
obtenidos en los últimos años han resultado en una mayor demanda de P con
respuestas en rendimiento en suelos de mayor nivel de P disponible (12 ppm P
Bray 1) (Parra, 1997; Avellaneda et al., 1999; Melgar et al., 1999; Sanchez et
al., 1999; Scheiner et al., 1999; Vivas, 1999).
La Tabla 2 muestra la recomendación de
fertilización fosfatada para los suelos del sudeste bonaerense de acuerdo al
nivel de P Bray y rendimiento esperado (Echeverría y García, 1998). Estas
recomendaciones incluyen, en forma parcial, el criterio de reconstrucción para
los niveles muy bajos de P disponible, y de mantenimiento para niveles de P
disponible superiores a los 13 mg/kg.
Tabla 2. Recomendaciones de fertilización fosfatada para
soja según nivel de P Bray y rendimiento esperado (Echeverría y Garcia, 1998).
|
Rendimiento |
Concentración de P disponible en el suelo (mg/kg) |
|
|
Menos 4 |
4-6 |
6-8 |
8-11 |
11-16 |
|
Ton/ha |
----------------------------------- kg P2O5/ha
----------------------------------- |
|
2 |
43 |
33 |
28 |
24 |
|
|
2.5 |
49 |
39 |
34 |
30 |
|
|
3 |
55 |
45 |
40 |
36 |
25 |
|
3.5 |
61 |
51 |
46 |
42 |
31 |
|
4 |
67 |
57 |
52 |
48 |
37 |
|
4.5 |
73 |
63 |
58 |
54 |
43 |
Azufre
El S es esencial para la formación de proteínas por ser constituyente de
tres aminoácidos esenciales como metionina, cisteina y cistina. Es requerido en
el proceso de formación de clorofila y participa en la formación de
componentes de aceites y en la síntesis de vitaminas. Al ser un nutriente poco
móvil en la planta, sus deficiencias suelen observarse inicialmente en las
hojas jóvenes que se presentan amarillentas o cloróticas. En estados
sucesivos, las deficiencias de S pueden ser confundidas con las de N.
El ciclo del S en el sistema suelo-planta se asemeja en numerosos aspectos al
del N. La mayor reserva de S en los suelos, al igual que para el N, se encuentra
en forma orgánica. El S orgánico es mineralizado a formas inorgánicas
disponibles para los cultivos (sulfatos, SO42-), a través
de la acción de la biomasa microbiana. Las formas inorgánicas pueden ser
perdidas por lavado o en forma gaseosa. A diferencia del N, la reserva original
del S del suelo es la roca madre. Los aportes externos al sistema suelo-planta
incluyen los residuos orgánicos, la incorporación por lluvias y deposición
atmosférica y los fertilizantes (Tisdale et al., 1993).
En general, las situaciones comunes en las que se encuentran deficiencias de
S son: 1) suelos arenosos de bajo contenido de materia orgánica; 2) sistemas de
cultivo intensivo, suelos degradados; 3) uso de fertilizantes con menor
contenido de S, 4) control de contaminación ambiental, menor aporte
atmosférico de S y; 5) exceso de precipitaciones y/o riego (Tisdale et al.,
1993).
En los últimos años se han observado respuestas a la fertilización
azufrada en numerosos cultivos (maíz, soja, trigo, canola, alfalfa, pasturas)
en la región pampeana, principalmente en el oeste de Buenos Aires-este de La
Pampa y en la zona centro-sur de Santa Fe y norte de Buenos Aires.
En el centro-sur de Santa Fe, las respuestas se observan principalmente en
suelos degradados, con muchos años de agricultura continua (especialmente
soja), y con historia de cultivos de alta producción con fertilización
nitrogenada y fosfatada (Martínez y Cordone, 1998). Estas condiciones definen
los ambientes de mayor probabilidad de respuesta a la fertilización azufrada.
Las respuestas en soja han sido observadas tanto en cultivos de siembra de
primera con aplicaciones directas (Fig. 3), como en cultivos de segunda con
aplicaciones de S en el cultivo antecesor, generalmente trigo (Fig. 4).

Fig. 3. Rendimientos de soja de primera sin y con
aplicación de azufre en la región Centro-Sur de Santa Fe. Promedios de
seis sitios, Campaña 1998/99. (Martínez y Cordone, 2000).

Fig. 4. Rendimientos de soja de segunda sin y con
aplicación de azufre en el cultivo de trigo antecesor en cinco ambientes
del Sur de Santa Fe y Córdoba. (Martínez y Cordone, 1998).
La Tabla 3 muestra los efectos de fertilización azufrada en
aplicaciones directas en soja de primera en el centro-norte de Buenos Aires y
sudoeste de Santa Fe. Es importante destacar que las repuestas al agregado de S
se verifican, en suelos con muchos años de agricultura y cuando el nivel de P
disponible es elevado o cuando se aplica P. Esta interacción positiva PS se
verifica en los resultados observados en los ensayos de Junín y Teodelina.
Si bien hay claros indicios de cuales son los ambientes de
respuesta a la fertilización azufrada, investigaciones futuras deberán
integrar diferentes mediciones del suelo y del ambiente a los fines de contar
con sistemas de diagnóstico confiables y precisos y pautas de manejo (dosis,
fuentes, momentos y métodos de aplicación) para la fertilización azufrada en
todas las situaciones de manejo y cultivo.
Tabla 3. Rendimientos de soja con distintos tratamientos de
fertilización fosfatada y azufrada en ensayos realizados en Junín y Gral.
Viamonte (Buenos Aires) (Scheiner et al., 1999) y Teodelina (Santa Fe)
(Avellaneda et al., 1999).
|
Tratamiento |
Rendimiento de Soja |
|
|
Junín |
Gral. Viamonte |
Teodelina |
|
|
------------------- kg/ha ------------------- |
|
Testigo |
2604 |
3566 |
3913 |
|
P |
2883 |
3727 |
- |
|
S |
2596 |
3756 |
4252 |
|
PS |
3272 |
3777 |
4535 |
Otros nutrientes
Los suelos de la Región Pampeana se consideran bien provistos de K. Los
lotes con mayor frecuencia de soja en la rotación serán los que muestren mayor
disminución de K disponible, por el alto requerimiento e índice de cosecha de
K. En la región sojera de EE.UU., se indican niveles críticos de K extractable
del suelo de 100 a 150 ppm (0.25-0.4 meq/100 g) según la capacidad de
intercambio catiónico (Vitosh et al, 1996); mientras que en el sur de Brasil,
los niveles críticos indicados son de 80-120 ppm K (0.2-0.3 meq/100g) (Comissao
de Fertilidade do Solo RS/SC, 1994).
La disponibilidad original de calcio (Ca) y magnesio (Mg) de los suelos
pampeanos es elevada. La intensificación de la agricultura ha resultado en la
disminución de los niveles de bases y pH en algunos suelos, especialmente en el
Norte de la región, con respuestas significativas a la aplicación de enmiendas
calcáreas y/o dolomíticas en alfalfa y soja. Los altos niveles de K en el
complejo de intercambio podrían resultar en deficiencias inducidas de Mg según
lo sugiere la bibliografía internacional.
La disponibilidad de micronutrientes en suelos pampeanos ha sido considerada
adecuada en general (Sillanpaa, 1982), sin embargo, en los últimos años se han
observado respuestas y deficiencias en algunas situaciones. Se han determinado
bajos niveles de B, Zn y Cu en suelos y plantas de girasol, maíz y trigo. De
estos tres elementos, B y Cu serían los primeros a considerar para el cultivo
de soja.
El Mo es un nutriente de gran importancia en la simbiosis soja-Bradyrhizobium
por formar parte de la enzima nitrogenasa que cataliza la reducción del N2
atmosférico. Sfredo et al. (1997) reportan respuestas en rendimiento de 540
kg/ha (20% sobre el tesigo) a la aplicación de Mo vía semilla en trabajos
realizados en Paraná (Brasil). Estos autores recomiendan el uso de 12-25 g/ha
de Mo y de 1-5 g/ha de Co, por su importancia en la FBN, en aplicaciones con las
semillas, conjuntamente con inoculantes y funguicidas.
El análisis foliar constituye una herramienta de gran utilidad en el
diagnóstico de la deficiencia de nutrientes, especialmente los "no
convencionales" (otros nutrientes que no sean N y P). La Tabla 4 muestra
niveles críticos de nutrientes en hojas de soja en floración reportados por
diferentes autores. La información de EMBRAPA (1998) es orientativa para zonas
de producción de soja de Brasil. Los datos de Martins (citado por Yamada, 1999)
corresponden a la media de lotes de la zona de los Cerrados de Brasil con
producción promedio superior a 3600 kg/ha. Los datos de Flannery (1989)
corresponden a parcelas de alto rendimento en EE.UU. Los tenores críticos de
nutrientes en hoja varían de acuerdo a la zona de producción y nivel de
rendimiento objetivo, por lo tanto, es necesario desarrollar bases de datos que
establezcan los tenores críticos para distintas situaciones regionales y
condiciones de producción. El análisis foliar debe ser considerado como una
herramienta de monitoreo, que permite saber si la nutrición del cultivo fue
adecuada y si se deben planificar cambios en el sistema de manejo para próximos
cultivos.
Tabla 3. Tenores críticos de nutrientes en hojas de soja según distintos
autores. Muestras de hojas del primer trifolio superior maduro al inicio o plena
floración (Estado R1-R2).
|
Nutriente |
EMBRAPA (1998) |
Martins (1998)
3600 kg/ha |
Flannery (1989)
7963 kg/ha |
| |
--------------------- g/kg --------------------- |
|
Nitrógeno |
45-55 |
46.4 |
53.3 |
|
Fósforo |
2.6-5.0 |
2.5 |
3.6 |
|
Potasio |
17-25 |
18.7 |
21.9 |
|
Calcio |
3.6-20.0 |
7.9 |
10.2 |
|
Magnesio |
2.6-10.0 |
3.3 |
3.3 |
|
Azufre |
2.1-4.0 |
2.5 |
2.4 |
| |
-------------------- mg/kg -------------------- |
|
Boro |
21-55 |
51 |
46 |
|
Cobre |
10-30 |
8 |
12 |
|
Hierro |
51-350 |
100 |
144 |
|
Manganeso |
21-100 |
35 |
30 |
|
Molibdeno |
1-5 |
- |
- |
|
Zinc |
21-50 |
45 |
48 |
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Biblioteca
(*) Director Regional del Instituto de la Potasa y el Fósforo
(INPOFOS) para el Cono Sur desde Mayo 1998. INPOFOS Cono Sur es la oficina
regional del Potash and Phosphate Institute (PPI) y el Potash and Phosphate
Institute of Canada (PPIC).
Previamente, Investigador en Fertilidad y Manejo de Suelos
del Departamento Agronomía de la EEA INTA Balcarce y Profesor Invitado de la
Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Mar del Plata.
Ingeniero Agrónomo (UBA), 1980. Master of Science
(Fertilidad de Suelos), Kansas State University (EEUU), 1989. Ph.D. (Microbiología
y Fertilidad de Suelos), Kansas State University (EEUU), 1992.
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