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La fertilización del cultivo de trigo en la región
pampeana |
Autores: Dr.
Fernando O. García, INPOFOS/PPI/PPIC Cono Sur;
y Karina P. Fabrizzi,
Unidad Integrada EEA INTA-FCA, Balcarce, Argentina
El rendimiento potencial de trigo en la Región Pampeana
está condicionado principalmente por las variaciones climáticas (Magrin y
Travasso, 1997). El rendimiento potencial se puede estimar a partir del
coeficiente fototérmico, que es el cociente entre la radiación
fotosintéticamente activa incidente y la temperatura media menos la temperatura
base de desarrollo (4,5oC), en el período anterior a la antesis (Magrin et al.,
1993; Abbate et al., 1994). Los mayores valores de coeficiente fototérmico en
el periodo previo a la floración observados en el sur respecto al norte de la
Región explican las diferencias en rendimientos potenciales para las dos
áreas: 6000-7000 kg/ha para el sur (Sudeste de Buenos Aires) y 5000-5500 kg/ha
para el centro-norte (Norte de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos)
(Magrin y Travasso, 1996; Magrin y Travasso, 1997).
Para alcanzar estos niveles potenciales de producción deben
optimizarse el manejo del agua y nutrientes y el control de plagas, malezas y
enfermedades. El objetivo de este trabajo es discutir aspectos relacionados con
la nutrición del cultivo a partir del diagnóstico de las necesidades y del
manejo de la fertilización.El grupo de Ecofisiología de Cultivos de Balcarce publicó a
principios de 1997 el libro Ecofisiología del Cultivo de Maíz, de Editorial La
Barrosa. Este libro, que consta de 292 páginas resume los principales
resultados y conclusiones obtenidos por dicho grupo a lo largo de 10 años de
investigación sobre la ecofisiología del cultivo, logrando reunir los
conocimientos necesarios para un mejor entendimiento de su funcionamiento en
nuestro ambiente y para optimizar su manejo. El grupo de trabajo está
conformado, principalmente, por alumnos de postrado en Producción Vegetal de la
Facultad de Ciencias Agrarias de la UNMP, tres de los cuales son coautores del
libro.
1. Diagnóstico de la fertilización
El diagnostico de la fertilización del cultivo implica conocer las
necesidades nutricionales para alcanzar un rendimiento objetivo y la capacidad
del suelo de proveer esos nutrientes en la cantidad y el momento adecuado. Los
requerimientos y extracción en grano de los macronutrientes nitrógeno (N),
fósforo (P) y potasio (K) para distintos niveles de producción se indican en
la Tabla 1.
Tabla 1. Requerimientos y extracción en grano de nitrógeno (N), fósforo
(P) y potasio (K) para distintos rendimientos de trigo.
|
Rendimiento |
Absorción en planta |
Extracción en grano |
| |
N |
P |
K |
N |
P |
K |
|
kg/ha |
--------------- kg/ha --------------- |
--------------- kg/ha --------------- |
|
3000 |
90 |
15 |
57 |
60 |
11 |
14 |
|
5000 |
150 |
25 |
95 |
100 |
19 |
23 |
|
7000 |
210 |
35 |
133 |
140 |
26 |
32 |
El índice de cosecha (extraído/absorbido) de N y P es
elevado, del 65-75%, mientras que para K es mucho menor, 25%. La devolución de
K al suelo a través del residuo permite mantener los niveles de K en suelo. En
términos de fertilizante, con rendimientos de 5000 kg/ha se exportan del
sistema el equivalente a 180 kg/ha de urea más 94 kg/ha de fosfato diamónico
más 46 kg/ha de cloruro de potasio.
Los requerimientos de nutrientes secundarios (azufre, calcio
y magnesio) y micronutrientes (cobre, manganeso, zinc, boro, hierro) se indican
en la Tabla 2.
Tabla 2. Requerimientos de nutrientes secundarios y
micronutrientes del cultivo de trigo para producir una tonelada de grano.
|
Azufre |
Calcio |
Magnesio |
Cobre |
Manganeso |
Zinc |
Boro |
Hierro |
|
-------------- kg/ton --------------- |
----------------------------- g/ton
---------------------------- |
|
4.4 |
3 |
3 |
10 |
70 |
52 |
25 |
137 |
En general, los suelos de la Región Pampeana presentan
deficiencias de N y P, aunque en los últimos años, se han observado en algunas
zonas deficiencias de azufre (S) y algunos micronutrientes, como resultado de la
intensificación de la agricultura (mayores rendimientos y reducción de
períodos bajo pastura).
El análisis de suelo es la herramienta básica y
fundamental para determinar los niveles de fertilidad de cada lote y
diagnosticar la necesidad de fertilización. Es importante conocer las
características climáticas de la zona, del suelo y su manejo y del manejo del
cultivo para definir el plan de fertilización. Para nutrientes específicos y
en distintos estados fenológicos del cultivo, los análisis vegetales son
herramientas de gran utilidad en el diagnóstico de la fertilización.
1.1. Nitrógeno
En nuestro país se han desarrollado métodos de
diagnóstico con balances de N simplificados a escala regional y/o zonal
que incluyen la evaluación de niveles de N disponible en pre-siembra, el manejo
previo del lote, las precipitaciones y el rendimiento objetivo (Barberis et al.,
1983; Novello et al., 1986; Sbaraglia, 1988; Loewy, 1990; Berardo, 1994).
La evaluación de N disponible en pre-siembra
constituye una herramienta eficaz en el diagnóstico de la fertilización
nitrogenada en áreas subhúmedas o semiáridas, pero también ha demostrado su
utilidad en zonas húmedas bajo consideraciones especiales de suelo, manejo de
cultivo y profundidad de muestreo (Hergert, 1987).
Ensayos bajo labranza convencional (LC) y siembra directa
(SD) realizados en el área serrana del sudeste bonaerense en 1995 y 1996
permitieron relacionar la respuesta a N con la disponibilidad de N-NO3-
(N suelo + N fertilizante) a la siembra (García et al., 1998). En suelos no
degradados, los umbrales estimados para SD son similares a los de LC: 100-110
kg/ha de N- NO3- del suelo a 0-60 cm + N fertilizante para
alcanzar rendimientos de 4000-4500 kg/ha (Fig. 1). González Montaner et al.
(1991) reportaron un umbral de 125 kg/ha de N disponible (N- NO3-
del suelo + N fertilizante) para 27 ensayos realizados bajo LC en 8 partidos del
sudeste bonaerense. La diferencia con el umbral hallado en esta investigación
podría explicarse por el mayor aporte por mineralización del N orgánico de
los suelos de la zona serrana con respecto a los suelos estudiados por González
Montaner y colaboradores (Echeverría y Bergonzi, 1995).
En los diez ensayos evaluados durante 1995 y 1996, la
disponibilidad de N- NO3- bajo SD fue menor que bajo LC
(36,0 kg/ha y 62,7 kg/ha bajo SD y LC, respectivamente), lo cual explica las
diferencias en la respuesta a N entre ambos sistemas. Las respuestas promedio
para las dosis de 30, 60, 90 y 120 kg/ha de N fueron de 387, 486, 639 y 631
kg/ha y de 814, 1041, 1355 y 1357 kg/ha bajo LC y SD, respectivamente.
Los análisis de planta presentan la ventaja, sobre
los análisis de suelo, de integrar los efectos de factores meteorológicos y
edáficos sobre el estado nutricional del cultivo (Papastylianou y Puckridge,
1981). Vigliezzi et al. (1996) encontraron umbrales de 4.47 g N- NO3-
kg-1 y 1.25 g N- NO3- kg-1 en
seudotallos de trigo para los estados de "doble arruga" y espiguilla
terminal, respectivamente. Estas diferencias indican la importancia de la
determinación del estado fenológico del cultivo para la utilización de este
análisis. González Montaner et al. (1987) reportan un umbral crítico de 1200
mg NO3- /L en "jugo" de tallos al macollaje del
cultivo.
Los modelos de simulación permiten integrar los
factores de suelo, clima y manejo que afectan la dinámica de N y el crecimiento
y rendimiento del cultivo. Probablemente, la mayor ventaja de estos modelos sea
incluir variables climáticas que permiten determinar las probabilidades de
alcanzar un rendimiento objetivo y la dosis necesaria de N para obtenerlo.
González Montaner et al. (1997) desarrollaron un modelo basado en el balance de
N durante la estación de crecimiento del cultivo, con el cual se pueden
predecir las necesidades de fertilización. Los datos de entrada necesarios
("inputs") son: N- NO3- en pre-siembra, C
orgánico, porcentaje de arcilla, contenido de agua inicial, contenido de agua a
capacidad de campo y, para los períodos siembra-fin de macollaje, fin de
macollaje-antesis y antesis-madurez fisiológica, las precipitaciones, la
temperatura media y la relación presión de vapor del aire real/presión de
vapor del aire saturada. Este modelo ha sido desarrollado y validado bajo las
condiciones del sudeste de Buenos Aires, para trigos de ciclo corto, en lotes
con más de 10 años de agricultura, bajo labranza convencional y con antecesor
girasol.
Para el Norte de Buenos Aires y Sur de Santa Fe, la Facultad
de Agronomía (UBA) y los grupos CREA calibraron un modelo de fertilización
nitrogenada basado en el modelo de simulación de crecimiento y rendimiento
CERES Trigo (Ritchie et al., 1988; Maddoni, 1997). El modelo de fertilización
incluye alternativas de manejo, variables edáficas y estadísticas
climatológicas zonales.

Fig. 1. Rendimientos relativos de trigo con respecto al
máximo en función de la disponibilidad de N (N-NO3-
del suelo + N del fertilizante) a la siembra (n = 116) en 10 ensayos de
fertilización nitrogenada realizados en 1995 y 1996 en la zona serrana del
sudeste bonaerense.
1.2. Fósforo
El diagnóstico de la fertilización fosfatada se basa en el
análisis de muestras de suelo del horizonte superficial utilizando un
extractante adaptado a los suelos del área en evaluación. En la Región
Pampeana, en general, el extractante utilizado es Bray 1 (Bray y Kurtz, 1945).
Utilizando este método de extracción se ha ajustado la calibración
correspondiente para diagnosticar la fertilización fosfatada de trigo (Fig. 2)
(Berardo y Darwich, 1974; Berardo et al., 1980; Senigagliesi et al., 1983; Ron y
Loewy, 1990; Berardo, 1994).
El uso de índices de disponibilidad como Bray 1, presenta
algunos inconvenientes en cuanto a su exactitud para el diagnóstico. Los
principales problemas incluyen: diferencias en la capacidad de fijar P entre los
suelos del área por variaciones en el contenido de arcilla, aporte de P a
partir de la mineralización de la fracción orgánica del suelo, diferencias en
cuanto al criterio de recomendación entre los laboratorios y variabilidad de
las condiciones ambientales que afectan a los factores biológicos de suelo y
cultivo (Berardo, 1994; Cox, 1994).
Las investigaciones realizadas en los
últimos años en las áreas con mayor disponibilidad hídrica han permitido
establecer un valor crítico de 15-16 ppm de P extractable según el método de
Bray (Berardo, 1994). La dosis recomendada depende del nivel de P Bray, del
rendimiento esperado, de la relación de precios grano/fertilizante y del
criterio de recomendación del laboratorio y/o asesor. Respecto a este último
aspecto, debe tenerse en cuenta que existen dos criterios de recomendación: el
de suficiencia y el de reconstrucción y mantenimiento. El criterio de
suficiencia pretende satisfacer los requerimientos del cultivo a implantar
mientras que el de reconstrucción y mantenimiento también incluye aportes para
mejorar el nivel de P disponible en el suelo. Echeverría y Garcia (1998)
propusieron las dosis de fertilización fosfatada indicadas en la Tabla 3,
según el nivel de P disponible (Bray 1) y el rendimiento esperado. Estas
recomendaciones incluyen, en forma parcial, el criterio de reconstrucción para
los niveles muy bajos de P disponible, y de mantenimiento para niveles de P
disponible superiores a los 16 mg/kg.
En el sudeste bonaerense, el aporte de P desde la fracción
orgánica en los suelos de alto contenido de materia orgánica de la zona
serrana (MO>6%) resulta en niveles críticos algo inferiores al resto del
área (Fig. 2). La evaluación del aporte de P a partir de la fracción
orgánica requiere de investigaciones más detalladas. En el sudoeste
bonaerense, los niveles críticos de P disponible se han establecido en 10-14
ppm de acuerdo a la textura del suelo y ciclo del cultivo de trigo (Ron y Loewy,
1990). El nivel crítico de P más bajo con respecto a las áreas más húmedas
se debe al menor potencial de producción por la menor disponibilidad de agua
(<700 mm anuales).

Fig. 2. Respuesta en rendimiento de trigo en función
del nivel de P Bray en las áreas Serrana y Mixta Triguera del Sudeste de
Buenos Aires (Berardo, 1994).
Tabla 3. Recomendaciones de fertilización fosfatada para
trigo según nivel de P Bray y rendimiento esperado (Echeverría y Garcia,
1998).
|
Rendimiento |
Concentración de P disponible en el suelo (mg/kg) |
|
|
Menos 5 |
5-7 |
7-9 |
9-11 |
11-13 |
13-16 |
16-20 |
|
ton/ha |
kg P2O5/ha |
|
2 |
45 |
34 |
30 |
25 |
21 |
17 |
|
|
3 |
53 |
43 |
38 |
34 |
29 |
25 |
|
|
4 |
62 |
51 |
47 |
42 |
38 |
33 |
23 |
|
5 |
70 |
59 |
55 |
51 |
46 |
42 |
31 |
|
6 |
78 |
68 |
63 |
59 |
55 |
50 |
39 |
|
7 |
87 |
76 |
72 |
67 |
63 |
59 |
48 |
Un aspecto importante para el manejo del P es la evaluación
de la residualidad del nutriente aplicado como fertilizante. Estudios realizados
en INTA-FCA Balcarce indican una alta residualidad de P sobre suelos argiudoles
(Berardo et al., 1993). En la rotación trigo-trigo, se obtuvieron respuestas
acumuladas en cuatro años de aproximadamente 50 kg/ha de grano de trigo por
cada kg de P2O5 aplicado en el año inicial del
experimento (Berardo, 1994). Con aplicaciones iniciales de 25 y 50 kg de P2O5
se acumularon respuestas de 1500 y 2300 kg/ha para cuatro cultivos de trigo
continuos.
Ron y Loewy (1987) demostraron los efectos residuales de la
fertilización fosfatada en un suelo Haplustol típico del sudoeste bonaerense.
Dos cultivos continuos de trigo recuperaron 27% y 18% en grano del P aplicado en
el primer año con dosis de 37 y 63 kg P2O5 ha-1,
respectivamente. Las respuestas acumuladas en rendimiento en grano fueron de
1142 y 1214 kg/ha (31 y 19 kg trigo por kg de P2O5 ) para
las dosis de 37 y 63 kg P2O5 ha-1,
respectivamente. Si bien el método de Bray detecta en forma bastante precisa
los efectos residuales de aplicaciones anteriores, estos estudios de
residualidad de P deben ser ampliados a suelos de distintas texturas para poder
incorporar este aporte al diagnóstico de la fertilización.
1.3. Otros nutrientes
Los suelos de la Región Pampeana se consideran bien
provistos de K por lo que, en general, no se considera necesaria la aplicación
de este nutriente. En ensayos realizados en el Norte de Buenos Aires en 1995 y
1996, se obtuvieron respuestas de 180 a 280 kg/ha (7% sobre el tratamiento sin
K) en 9 de 13 sitios evaluados con niveles de K disponible de 370 a 680 mg/kg.
Las dosis utilizadas fueron de 25-50 kg/ha de K2O sobre una
fertilización de base con N y P (Melgar, 1997). Como ya fuera mencionado, el
análisis de suelo sería la herramienta más adecuada para determinar
necesidades de este u otros nutrientes.
En cuanto a azufre (S), San Martín et al. (1990) evaluaron
la disponibilidad de este nutriente analizando muestras de grano de trigo de
diferentes localidades del sur de la Provincia de Buenos Aires, no observando
deficiencias de S en el área aún con fertilización nitrogenada y altos
niveles de rendimiento. Evaluaciones realizadas en la zona serrana del sudeste
bonaerense tampoco han demostrado respuestas significativas a la aplicación de
fertilizantes azufrados. Por el contrario, en otras zonas de la Región pampeana
se han encontrado respuestas significativas a la aplicación de S.
En el oeste de la Provincia de Buenos Aires, Díaz Zorita y
colaboradores (EEA INTA Gral. Villegas, comunicación personal), obtuvieron
incrementos en rendimiento de 300-350 kg/ha utilizando sulfato de amonio (21%N y
24% S) respecto de igual dosis de N aplicada como urea (46% N) en un suelo
hapludol típico con 1.6% de materia orgánica.
En 9 de Julio (Provincia de Buenos Aires), Ventimiglia et
al. (1998) reportaron incrementos de rendimiento de 378 y 242 kg/ha con
aplicaciones de 25 y 50 kg/ha de S como sulfonitrato de amonio (26% N y 14% S),
respectivamente. El contenido de proteína en grano aumentó levemente (0.1% y
0.9%) con el agregado de S. El análisis de suelo a la siembra indicaba una
disponibilidad de S como sulfato de 10 mg/kg (ppm) y 2.54% de materia orgánica.
Melgar (1997) observó respuestas a S del 6% al 8% en
cultivos fertilizados con N y P en 10 de 13 sitios evaluados en el norte de
Buenos Aires. Las respuestas se relacionaron con el nivel de rendimiento
alcanzado y la disponibilidad de S-sulfatos a la siembra, siendo más frecuentes
con rendimientos superiores a 5500 kg/ha y niveles de S-sulfatos menores a 10
mg/kg.
Experiencias realizadas en el sur de Santa Fe también
indican respuestas significativas a la aplicación de S, especialmente en suelos
bajo agricultura continua y con alta frecuencia de soja (Fernando Martínez y
Graciela Cordone, AER INTA Casilda, comunicación personal).
2. Manejo de la fertilización
En el manejo de la fertilización se consideran los aspectos
relacionados con el tipo de fertilizante y el momento y método de aplicación.
2.1. Nitrógeno
En el sudeste de Buenos Aires, evaluaciones de fuentes
nitrogenadas aplicadas superficialmente en cultivos de trigo a la siembra
mostraron una mayor eficiencia por unidad de N como nitrato de amonio calcáreo
(CAN, 27% N) que como urea (46% N) y UAN (30% N) bajo SD; mientras que bajo LC,
la eficiencia de uso por unidad de N aplicada fue similar para los tres
fertilizantes (Fig. 3) (García et al., 1998). Para cuatro ensayos bajo SD, la
eficiencia de uso fue de 18,0; 15,7; 10,8 y 6,7 kg trigo por kg de N aplicado
como CAN al voleo, urea al voleo, UAN chorreado y UAN pulverizado.
Las diferencias en eficiencia de uso entre las distintas
fuentes podrían explicarse por la ocurrencia de pérdidas por volatilización
de amoníaco. La volatilización de amoníaco (NH3) es uno de los
procesos más relevantes a tener en cuenta en el manejo del N bajo SD, ya que
los residuos presentan una actividad ureásica 20 a 30 veces superior a la del
suelo. Por lo tanto, aplicaciones superficiales de urea o fertilizantes que la
contengan pueden resultar en reducciones significativas en la eficiencia de uso
del N aplicado.

Fig. 3. Eficiencia de uso del N aplicado como CAN al
voleo, urea al voleo, UAN chorreado y UAN pulverizado en trigo a la siembra
en 4 ensayos bajo SD y 6 ensayos bajo LC en el sudeste bonaerense. Campañas
1995 y 1996 (García et al., 1998).
Gambaudo y Fontanetto (1996) también observaron una mejor
eficiencia de uso del N aplicado como CAN o nitrato de amonio (34% N) que como
urea en la zona centro de Santa Fe. Similares resultados fueron observados en el
Oeste de Buenos Aires y Sur de Santa Fe (Diaz Zorita y Duarte, 1998; Fernando
Martínez, AER INTA Casilda, comunicación personal). Por el contrario,
Barbagelata (1996) no observó diferencias significativas en rendimiento y
contenido de proteína entre urea y CAN en un suelo argiudol ácuico de Entre
Ríos.
Respecto al momento de aplicación, los requerimientos de N
son mayores a partir del fin de macollaje (Melchiori y Paparotti, 1996a), por lo
que el nutriente debe estar disponible para ser absorbido por el cultivo en ese
momento. En el sudeste y oeste de Buenos Aires, generalmente en años de menores
precipitaciones durante el macollaje del cultivo, las aplicaciones a la siembra
han resultado en una mayor eficiencia de uso del N que las aplicaciones al
macollaje (Díaz Zorita y Duarte, 1998; García et al., 1998). En el norte de la
Región Pampeana, no se han observado diferencias entre las aplicaciones a la
siembra y al macollaje, lo cual permite ajustar la decisión de fertilizar a la
ocurrencia de lluvias durante la implantación del cultivo (Gambaudo y
Fontanetto, 1996; Melchiori y Paparotti, 1996b).
El método de aplicación de N depende del fertilizante a
aplicar, el momento de aplicación y las condiciones climáticas. Bajo SD, la
aplicación más eficiente, independientemente de la fuente de N utilizada, es
la incorporada ya que de esta manera se anulan las posibles pérdidas por
volatilización e inmovilización (Baumer, 1996; Gambaudo y Fontanetto, 1996).
Bajo LC, si las temperaturas medias del aire no exceden los 15oC, las
aplicaciones superficiales resultan en eficiencias de uso similares para las
distintas fuentes (García et al., 1998).
La aplicación conjunta del fertilizante con la semilla
puede producir pérdidas de plantas por fitotoxicidad debido a la emisión de
vapores de NH3, el aumento de la presión osmótica y los cambios en
el pH. El grado de fitotoxicidad depende del tipo de fertilizante, la humedad
del suelo y los contenidos de arcilla y materia orgánica. Berardo y
colaboradores (comunicación personal) observaron pérdidas de plantas
significativas con dosis de N superiores a 30 kg/ha de N como urea, mientras que
con nitrato de amonio las pérdidas fueron reducidas aún para dosis de 90 kg/ha
de N.
2.2. Fósforo
Los fertilizantes fosfatados disponibles han resultado en
respuestas similares a igual dosis de P aplicado (Fig. 4). La aparición
reciente de fuentes fosfatadas líquidas ofrece una alternativa de manejo
interesante a considerar en los planes de fertilización.

Fig. 4. Rendimientos de trigo para distintas dosis de P2O5
en el ensayo de Mara-Hue (Balcarce), Campaña 1997/98. Junto con la dosis de
P2O5, se indica la fuente de P utilizada: SFT
superfosfato triple de calcio 46% P2O5, arrancador C
con 23,5% N y 29% P2O5 y FDA fosfato diamónico con
18% N y 46% P2O5. Todos los tratamientos, incluido el
testigo, recibieron 60 kg/ha de N (García, Fabrizzi y Gandrup, Unidad
Integrada EEA INTA-FCA Balcarce).
En todos los casos, la aplicación debe hacerse a la siembra
y, especialmente en suelos con bajo nivel de P disponible o de alta capacidad de
fijación de P, en bandas cerca de la semilla. Cuando los niveles de P
disponibles superan 12-14 mg/kg, las aplicaciones en bandas y al voleo muestran
eficiencias de uso del P similares (Loewy y Ron, 1997).
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Biblioteca
(*) Director Regional del Instituto de la Potasa y el Fósforo
(INPOFOS) para el Cono Sur desde Mayo 1998. INPOFOS Cono Sur es la oficina
regional del Potash and Phosphate Institute (PPI) y el Potash and Phosphate
Institute of Canada (PPIC).
Previamente, Investigador en Fertilidad y Manejo de Suelos
del Departamento Agronomía de la EEA INTA Balcarce y Profesor Invitado de la
Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Mar del Plata.
Ingeniero Agrónomo (UBA), 1980. Master of Science
(Fertilidad de Suelos), Kansas State University (EEUU), 1989. Ph.D. (Microbiología
y Fertilidad de Suelos), Kansas State University (EEUU), 1992.
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