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Criterios para el manejo de la fertilización
del cultivo de maíz. Aproximaciones Zonales - 2002 |
Autor: Dr.
Fernando O. García, INPOFOS/PPI/PPIC Cono Sur
Av. Santa Fe 910 - (B1641ABO) Acassuso - Argentina
Trabajo Presentado en el
Congreso "Maíz: Una oportunidad para la sustentabilidad de la agricultura
y sus empresas". SEMA. Buenos Aires, 11-12 Junio 2002.
El rendimiento de maíz
está determinado principalmente por el número final de granos logrados por
unidad de superficie, el cual es función de la tasa de crecimiento del cultivo
alrededor del período de floración (Andrade et al., 1996). Por lo tanto, para
alcanzar altos rendimientos, el maíz debe lograr un óptimo estado fisiológico
en floración: cobertura total del suelo y alta eficiencia de conversión de
radiación interceptada en biomasa. La adecuada disponibilidad de nutrientes,
especialmente a partir del momento en que los nutrientes son requeridos en
mayores cantidades (aproximadamente 5-6 hojas desarrolladas), asegura un buen
crecimiento foliar y una alta eficiencia de conversión de la radiación
interceptada. Los nutrientes disponibles en el suelo generalmente limitan la
producción de maíz, siendo necesario conocer los requerimientos del cultivo y
la oferta del suelo para determinar las necesidades de fertilización.
En este capítulo se
discuten los requerimientos nutricionales del cultivo, las metodologías de
diagnóstico para los principales nutrientes desarrolladas y/o utilizadas en
distintas áreas de la región pampeana, y algunos aspectos relacionados con el
uso de fertilizantes en el cultivo.
1. Requerimientos
nutricionales del maíz
Las necesidades
nutricionales del cultivo se definen de acuerdo al nivel de rendimiento a
alcanzar. La Tabla 1 muestra el requerimiento (cantidad total de nutriente
absorbida por el cultivo) y la extracción en grano de los nutrientes esenciales
para producir una tonelada de grano. Esta información resulta de numerosas
referencias nacionales e internacionales. La Tabla 2 presenta las cantidades
requeridas y extraídas en grano de nitrógeno (N), fósforo (P) y azufre (S),
los tres nutrientes mas comúnmente deficitarios en los suelos de la región
pampeana, para tres niveles de producción.
La acumulación de N a
lo largo del ciclo del cultivo se muestra en la Figura 1. La tasa de absorción
de N es baja en los estados iniciales de desarrollo hasta V5-6 (estado de 5-6
hojas desarrolladas según Ritchie et al, 1993). A partir de V5-6, la tasa de
absorción de N se incrementa marcadamente, y a floración el cultivo acumula
55-65% del N total a cosecha.
La Figura 2 muestra la
acumulación de P y materia seca de un cultivo de maíz fertilizado y sin
fertilizar, con rendimientos en grano de 11300 kg/ha y 9900 kg/ha,
respectivamente, en la zona de Balcarce, Buenos Aires (Fontanetto y Darwich,
1995). La acumulación de P antecede a la de materia seca, de manera tal que a
floración más del 70% del P total ya fue absorbido, mientras que la
acumulación de materia seca es de menos del 50% del total. La absorción
temprana de P y la dinámica del nutriente en el suelo resultan en la necesidad
de que el mismo se encuentre disponible en etapas iniciales de desarrollo.
Tabla 1.
Requerimientos y extracción en grano de nutrientes para producir una tonelada
de grano de maíz.
| Nutriente |
Requerimiento |
Indice de Cosecha |
Extracción |
|
|
kg/ton |
|
kg/ton |
| Nitrógeno |
22 |
0.66 |
14.5 |
| Fósforo |
4 |
0.75 |
3.0 |
| Potasio |
19 |
0.21 |
4.0 |
| Calcio |
3 |
0.07 |
0.2 |
| Magnesio |
3 |
0.28 |
0.8 |
| Azufre |
4 |
0.45 |
1.8 |
|
|
g/ton |
|
g/ton |
| Boro |
20 |
0.25 |
5 |
| Cloro |
444 |
0.06 |
27 |
| Cobre |
13 |
0.29 |
4 |
| Hierro |
125 |
0.36 |
45 |
| Manganeso |
189 |
0.17 |
32 |
| Molibdeno |
1 |
0.63 |
1 |
| Zinc |
53 |
0.50 |
27 |
Tabla 2.
Requerimientos y extracción en grano de nitrógeno (N), fósforo (P) y azufre
(S) para distintos rendimientos de maíz.
|
Rendimiento |
Absorción en planta |
Extracción en grano |
| |
N |
P |
S |
N |
P |
S |
|
kg/ha |
--------------- kg/ha
--------------- |
---------- kg/ha
---------- |
|
9000 |
198 |
36 |
36 |
131 |
27 |
16 |
|
12000 |
264 |
48 |
48 |
174 |
36 |
22 |
|
15000 |
330 |
60 |
60 |
218 |
45 |
27 |
Figura 1. Acumulación de
nitrógeno en biomasa aérea de maíz bajo labranza convencional (LC) y siembra
directa (SD). EEA INTA-FCA Balcarce, promedios de dos años (Echeverría y Sainz
Rozas, 2001).
Figura 2. Acumulación
de fósforo en un cultivo de maíz sin fertilizar (A) y fertilizado con 100
kg/ha de fosfato diamónico (B) en Balcarce, Buenos Aires (Fontanetto y
Darwich, 1995).
2. Diagnóstico de la
fertilización
La Figura. 3 esquematiza
las diferentes metodologías disponibles para evaluar la nutrición del cultivo
de maíz desde pre-siembra a cosecha. En general, el análisis de suelo es la
herramienta básica y fundamental para determinar los niveles de fertilidad de
cada lote y diagnosticar la necesidad de fertilización. Los análisis vegetales
permiten integrar los efectos de suelo y del ambiente sobre la nutrición de las
plantas ampliando la base de diagnóstico, y son de particular importancia para
nutrientes cuya dinámica en suelo es particularmente compleja, por ej. el caso
de los micronutrientes.
Para la realización de
análisis de suelo y de planta, se requiere seguir las normas de muestreo con
los cuales los métodos han sido calibrados. Así, para un análisis de P
disponible en suelo debemos saber a que profundidad debe hacerse el muestreo. En
el caso de análisis de plantas, el muestreo se define para un determinado
órgano y estado fenológico del cultivo. La información complementaria
utilizada para el diagnóstico de la fertilización incluye las características
climáticas de la zona, del suelo y su manejo, y del manejo del cultivo.
Figura. 3. Metodologías
disponibles para evaluar la nutrición del cultivo de maíz desde pre-siembra a
cosecha.
2.1. Nitrógeno
El N es el nutriente
más comúnmente deficiente para la producción de maíz en la región pampeana.
Los métodos de diagnóstico para la fertilización nitrogenada pretenden
predecir la probabilidad de respuesta a partir de la disponibilidad de N en
suelo y/o en planta, y el requerimiento previsto para un determinado nivel de
rendimiento. Los métodos evaluados en la región pampeana para el cultivo de
maíz incluyen el balance de N, el análisis de suelo en pre-siembra y al estado
de 5-6 hojas de desarrollo del cultivo, el análisis de planta en estadios
tempranos y avanzados de desarrollo, y el uso de modelos de simulación y
sensores remotos.
-
Balance de
nitrógeno . Este
método se basa en la evaluación de las formas de N en el suelo disponibles
para el cultivo, fundamentalmente N acumulado a la siembra y N mineralizado
durante el ciclo del cultivo (oferta de N), y los requerimientos del cultivo
de acuerdo al rendimiento esperado (demanda de N). La dinámica del N en el
sistema suelo-planta incluye pérdidas de N disponible por lavado,
desnitrificación y volatilización. Ante la dificultad de cuantificar estas
pérdidas, se considera una eficiencia de uso de las fracciones disponibles (N
siembra y N mineralizado) que puede variar entre 0.4 y 0.8, según la
fracción de N considerada, y las características de suelo y clima. En
general, las necesidades de fertilización nitrogenada se pueden estimar a
través del balance de N según la siguiente ecuación:
(Nfert*Efert) =
(Ncult) – (Nsie *Esie) – (Nmin * Emin)
donde
Nfert = N a aplicar como fertilizante
Efert =
Eficiencia de uso del N del fertilizante
Ncult = N
requerido por el cultivo, estimado a partir del rendimiento esperado
Nsie
= N disponible a la siembra del cultivo (N-nitratos, N-NO3-)
Esie =
Eficiencia de uso del N disponible a la siembra
Nmin
= N mineralizado durante el ciclo del cultivo
Emin=
Eficiencia de uso del N mineralizado durante el ciclo del cultivo
Este método
constituye una aproximación racional a la dosis de fertilizante nitrogenado a
aplicar; sin embargo, la falta de información en cuanto a las eficiencias a
utilizar para las distintas situaciones y, en muchos casos, de estimaciones
confiables de mineralización de N durante el ciclo del cultivo, afectan su
uso como criterio de diagnóstico. De todas maneras, es una herramienta
fundamental para establecer una primera aproximación a las necesidades de N.
-
Disponibilidad de
N-nitratos en pre-siembra .
Esta metodología se utiliza en modelos predictivos en algunas zonas de
EE.UU., y fue desarrollado en la Región Pampeana a partir de la década del
’80 en el área Norte de Buenos Aires y Centro de Santa Fe (Senigagliesi et
al., 1984; Barberis et al., 1985; Gambaudo y Fontanetto, 1996). El desarrollo,
calibración y validación de modelos de simulación agronómica realizado por
la Cátedra de Cereales (FAUBA) con las Zona CREA Norte de Buenos Aires y Sur
de Santa Fe (ver punto 7) permitió generar un esquema simplificado de
decisión para la fertilización nitrogenada basado en la disponibilidad
inicial de N-nitratos (N del suelo + N del fertilizante), pH del suelo y los
años de agricultura contínua (Fig. 4) (Ruiz et al., 2001).
Figura. 4. Esquema de
decisión para la fertilización nitrogenada de maíz en el norte de Buenos
Aires y sur de Santa Fe desarrollado por la Cátedra de Cereales (FAUBA) y las
zonas CREA Sur de Santa Fe y Norte de Buenos Aires (Ruiz et al, 2001).
-
Análisis de
N-nitratos en suelo al estado de 5-6 hojas desarrolladas (pre-escardillo) .
Esta metodología se basa en que el contenido de N disponible en el suelo
(0-30 cm) en este estado representa el N disponible a la siembra más el N
aportado por mineralización de N orgánico durante los primeros estados de
desarrollo del cultivo. Entre siembra y el estado V5-6, la absorción de N es
baja (Fig. 1), y las temperaturas aumentan generando un pulso de liberación
de N desde la fracción orgánica. El método fue desarrollado en el este de
EE.UU. y, posteriormente, difundido al cinturón maicero en el medio oeste
americano. Las evaluaciones en distintas áreas de la región pampeana han
mostrado resultados promisorios. En Entre Ríos, Melchiori et al. (1996)
encontraron niveles críticos de 17.4 ppm de N -nitratos en pre-escardillada a
la profundidad de 0-40 cm. Ferrarri et al. (2000) reportaron niveles críticos
de 18-20 ppm para el norte de Buenos Aires. En el sudeste bonaerense, los
resultados obtenidos muestran que, en general, se pueden esperar respuestas a
la aplicación de N si el nivel de N-nitratos es menor de 15-27 ppm,
dependiendo del nivel de rendimiento alcanzado (Sainz Rozas et al., 2000). En
maíz de secano, con rendimientos promedio de 9000 kg/ha, los niveles
críticos se ubicaron entre 15 y 17 ppm N-nitratos (Fig. 5) (García et al.,
1997; Sainz Rozas et al., 2000). Bajo condiciones de riego, con rendimientos
de hasta 15000 kg/ha, los umbrales críticos se ubican entre 24 y 27 ppm
(Sainz Rozas et al., 2000). Sainz Rozas et al. (2000) demostraron que, para el
sudeste bonaerense, la determinación de N-amonio o el muestreo hasta los 60
cm no mejoraban la confiabilidad del método. Una variante para esta
metodología fue propuesta por Díaz Zorita y Duarte (1997) para el oeste
bonaerense. Estos autores encontraron una relación significativa entre los
rendimientos y la disponibilidad de N en suelo (0-60 cm) más el N aplicado
como fertilizante (Rendimiento = 6994 + 18 (N suelo + fertilizante, R2=
0.51). Utilizando un criterio similar (N suelo, 0-60 cm + N fertilizante al
estado de 4-6 hojas), Alvarez y Alvarez (2001) reportaron un umbral económico
de 140 kg/ha de N, para relaciones precio N fertilizante: precio grano de 7:1,
analizando 217 ensayos de región pampeana con precipitaciones durante el
ciclo del cultivo (septiembre-febrero) menores de 600 mm.
Figura. 5. Rendimiento
relativo de maíz de secano en función del nivel de N-nitratos (N-NO3)
a 0-30 cm de profundidad al estado de 5-6 hojas (NPE). Ensayos Unidad
Integrada EEA INTA-FCA Balcarce 1993-1996 (n=42). La línea vertical indica
N-NO3 = 15 mg/kg y la horizontal Rendimiento Relativo = 0,90
(García et al., 1997).
-
Concentración de
N-nitratos en la base de tallos .
Esta metodología permite evaluar la nutrición nitrogenada del cultivo en
distintos estados de desarrollo, con la posibilidad, en estados tempranos como
V4-7, de realizar un muestreo y análisis rápido y corregir inmediatamente la
potencial deficiencia nitrogenada. Los resultados obtenidos con concentración
de nitratos en savia al estado V4-6 en el Sur de Santa Fe por González
Montaner y Di Napoli (1997a) indican un nivel crítico de 4500 mg/L. Sin
embargo, trabajando en el sur de Santa Fe y norte de Buenos Aires, Ferrari et
al. (2001a) encontraron un nivel crítico, para alcanzar el 90% del
rendimiento máximo, del orden de 1439 mg/L de NO3. Trabajos
realizados en el sudeste de Buenos Aires mostraron niveles críticos variables
entre años y ensayos de 1200-2400 mg/L NO3 (Sainz Rozas et al.,
2001). La variabilidad observada en los umbrales críticos ha sido adjudicada
a diferencias en la humedad del suelo. Las determinaciones en base seca o en
estados avanzados (V12, R3, R6) han demostrado una menor variabilidad (Sainz
Rozas et al., 2001). Cuando el abastecimiento de N es suficiente, los nitratos-
tienden a acumularse en la base de los tallos al final de la estación de
crecimiento. En Balcarce, Sainz Rozas et al. (2001) reportaron un valor de 800
ppm para el umbral de suficiencia al estado R6, próximo al rango reportado
por autores norteamericanos.
-
Medición del
índice de verdor de las hojas utilizando el Minolta SPAD 502 .
El Minolta SPAD 502 permite medir un "índice de verdor" (IV) que se
correlaciona con el contenido de clorófila y de N de las hojas. Las
determinaciones son sencillas, rápidas y confiables. En determinaciones
realizadas en el sudeste de Buenos Aires, Sainz Rozas y Echeverría (1998)
encontraron que la sensibilidad de las mediciones no fue lo suficientemente
elevada al estado 5-6 hojas desarrolladas para diferenciar niveles
contrastantes de disponibilidad de N (Fig. 6). En estados más avanzados del
ciclo (15 días pre-floración, floración y 15 días post-floración), los
valores del índice de suficiencia de N (ISN = IV Testigo / IV Fertilizado)
oscilaron entre 0.97-0.98 para lograr el 95% del rendimiento máximo del
cultivo. Ferrari et al. (2000) en Pergamino, y Urricarriet y Zubillaga (2001)
en Bragado tampoco encontraron relaciones ajustadas entre el índice de verdor
en V5-7 y el rendimiento.
Figura. 6. Relación
entre el rendimiento relativo de maíz (RR, rendimiento testigo/ rendimiento
fertilizado) y el índice de suficiencia de N (ISN, lectura de índice de
verdor del testigo/lectura del índice de verdor del fertilizado) al estado V6
(a), pre-floración (b), floración (c) y post-floración (d) (Sainz Rozas y
Echeverría, 1998).
-
Análisis de planta .
Los análisis de planta entera o de órganos de la planta han sido utilizados
como elementos de diagnóstico. Para N, se han reportado rangos críticos de N
en planta entera al estado V3-V4 de 3.5-5.0% y de N en hoja de la espiga en
floración de 2.75-3.5% (Tabla 3) (Voss,1993). Estos análisis permiten
caracterizar la nutrición nitrogenada del cultivo pero al realizarse en
estados de desarrollo avanzados, como en el caso del análisis foliar a
floración, la metodología no permite corregir el estado nutricional actual
del cultivo, aunque es útil para decidir el manejo nutricional de futuros
cultivos. Evaluaciones en lotes de producción en Entre Ríos mostraron que 5
de 6 lotes presentaban niveles inferiores a los considerados críticos
(Valenzuela y Ariño, 2000). En una red de ensayos realizada en la campaña
2000/01 en siete localidades de la región pampeana, Ambrogio et al. (2001)
encontraron una concentración crítica de 2.7% de N en hoja de la espiga a
floración por arriba de la cual los rendimientos eran superiores a 9000 kg/ha
(Fig. 7), esta concentración se ubica en el rango considerado crítico por
Voss (1993). Valenzuela y Ariño (2000) en Entre Ríos, y Goldman et al.
(2000) en Balcarce, Paraná y Rafela, utilizaron la metodología DRIS
(Walworth y Sumner, 1987), que es aplicable en cualquier estado y parte de la
planta y permite identificar desbalances nutricionales. Estos trabajos indican
que los índices DRIS identificaron adecuadamente los lotes deficientes en N,
aunque en casos de excesos de N, no consideraron el consumo de lujo de N,
indicando desbalances con otros nutrientes.
Tabla 3. Rangos de
suficiencia de nutrientes en partes de plantas de maíz (Voss, 1993).
| Nutriente |
Rangos
de suficiencia en planta |
| Hoja
de la espiga a floración |
Planta
entera en V3-V4 |
| ---------------
% --------------- |
| N |
2.7-3.5 |
3.5-5.0 |
| P |
0.2-0.4 |
0.4-0.8 |
| K |
1.7-2.5 |
3.5-5.0 |
| Ca |
0.2-1.0 |
0.9-1.6 |
| Mg |
0.2-0.6 |
0.3-0.8 |
| S |
0.1-0.3 |
0.2-0.3 |
| |
---------------
ppm --------------- |
| B |
4-25 |
7-25 |
| Cu |
6-20 |
7-20 |
| Fe |
21-250 |
50-300 |
| Mn |
20-150 |
50-160 |
| Mo |
0-6-1.0 |
- |
| Zn |
20-70 |
20-50 |
Figura. 7. Relación
entre el rendimiento de maíz y la concentración de N en la hoja de la espiga
a floración en siete ensayos de la Región Pampeana de la Red
AAPRESID-INTA-INPOFOS (Ambrogio et al., 2001).
-
Modelos de
simulación del crecimiento, desarrollo y rendimiento .
Los modelos de simulación permiten integrar las variables climáticas,
edáficas y genéticas al diagnóstico de la fertilización nitrogenada de los
cultivos. La integración de todas estas variables constituye una ventaja
importante sobre los otros criterios de diagnóstico ya que reduce el número
y el efecto de "factores no controlados" y permite estimar
probabilidades de riesgo para cada alternativa de manejo de N. En los últimos
años, la Cátedra de Cereales de la FAUBA y las Zonas CREA Norte de Buenos
Aires y Sur de Santa Fe desarrollaron las "Bases para decidir la
fertilización nitrogenada del maíz en el Norte de Buenos Aires"
(Satorre y Mercau, 2001), utilizando una versión revisada del modelo GECER.
Este modelo se calibró y validó a través de numerosos ensayos en el norte
de Buenos Aires y sur de Santa Fe (Ruiz et al, 1997; Mercau et al., 2001). La
versión revisada del modelo GECER permite plantear escenarios que incluyen
distintas localidades, series climáticas, series de suelo, niveles de materia
orgánica, perfiles de humedad a la siembra, e híbridos de maíz. El criterio
de diagnóstico se basa en la disponibilidad inicial de N-nitratos a 0-60 cm
de profundidad para cada combinación de localidad, suelo e híbrido. A partir
del nivel de N disponible a la siembra se puede i) predecir el rendimiento
para distintos escenarios climáticos, ii) predecir la cantidad de
fertilizante que será necesario aplicar para alcanzar un determinado
rendimiento objetivo, y iii) evaluar el riesgo económico asociado a la
opción de manejo seleccionada. La Fig. 8 muestra el esquema de decisión para
Junin, Serie Santa Isabel e híbrido DK752. Las figuras superiores indican la
relación entre la disponibilidad inicial de N por hectárea (N de nitratos y
amonio a 0-60 cm más el N agregado en el fertilizante) y el rendimiento del
cultivo para situaciones de baja (izquierda) y alta materia orgánica
(derecha). La línea llena central indica el rendimiento medio esperado y las
líneas punteadas superior e inferior representan el 80% y el 20% de
probabilidad de obtener rendimientos inferiores a esos valores. La banda
encerrada por las líneas punteadas incluye los posibles rendimientos que
ocurrirían para cada nivel de N en tres de cada cinco años. Dentro de la
figura se agrega la ecuación que ajusta a cada curva. Las figuras inferiores
representan la distribución de probabilidad acumulada de rendimientos en
cuatro planteos de manejo nutricional (hasta 85, 110, 135 y 160 kg de N
disponibles por hectárea) para los dos contenidos de materia orgánica. Cada
curva representa en cada planteo la probabilidad de obtener rendimientos
iguales o inferiores a cada valor. Esta figura permite estimar de manera más
precisa el riesgo asociado a la decisión tomada.
-
Uso de sensores
remotos . El uso de
sensores remotos ha sido desarrollado en los últimos años en EE.UU y Europa,
para diferenciar áreas deficientes en N y permitir la aplicación de dosis
variables de N. En Argentina, Melchiori et al. (2001) compararon aplicaciones
de N uniformes y variables utilizando el N-Sensor. El N-Sensor realiza
mediciones de reflectancia de la canopia y prescribe dosis de aplicación
variable de N en tiempo real. El manejo sitio específico permitió obtener
mayores rendimientos que el manejo de dosis uniformes y, a igual dosis de
aplicación, mejoró la eficiencia de uso del N aplicado (kg de maíz por kg
de N). El uso de fotografías aéreas también permite caracterizar ambientes
con distintas disponibilidades de N en maíz. En un trabajo reciente,
Urricarriet y Zubillaga (2001) demostraron la utilidad de fotos aéreas para
diferenciar sitios con disponibilidad variable de N al estado de grano pastoso
(R4).
Figura. 8. Relación
entre el rendimiento de maíz y la disponibilidad de N-nitratos a 0-60 cm con
el 20%, 50% y 80% de probabilidad (figuras superiores) y distribución de
probabilidad acumulada de rendimientos para cuatro planteos de disponibilidad
inicial de N (figuras inferiores). Modelo GECER, Localidad Junin, Serie Santa
Isabel, Híbrido DK752. Información Convenio Cátedra de Cereales
(FAUBA)-CREA Zonas Norte de Buenos Aires y Sur de Santa Fe (Satorre y Mercau,
2001).
2.2. Fósforo
La respuesta de los
cultivos a la fertilización fosfatada depende del nivel de P disponible en
suelo, pero también es afectada por factores del suelo, del cultivo y de manejo
del fertilizante. Entre los factores del suelo, se destacan la textura, la
temperatura, el contenido de materia orgánica y el pH; mientras que entre los
del cultivo deben mencionarse los requerimientos y el nivel de rendimiento. El
diagnóstico de la fertilización fosfatada se basa en el análisis de
muestras de suelo del horizonte superficial utilizando un extractante
adaptado a los suelos del área en evaluación. En la región pampeana, en
general, el extractante utilizado es Bray 1.
La dosis recomendada
depende del nivel de P Bray, del rendimiento esperado, de la relación de
precios grano/fertilizante, y del criterio de recomendación del laboratorio y/o
asesor. Respecto a este último aspecto, debe tenerse en cuenta que existen dos
criterios de recomendación: el de suficiencia y el de reconstrucción y
mantenimiento. El criterio de suficiencia pretende satisfacer los requerimientos
del cultivo a implantar, mientras que el de reconstrucción y mantenimiento
también incluye aportes para mejorar el nivel de P disponible en el suelo.
La Tabla 4 muestra los
niveles críticos de P Bray en suelo reportados en diferentes áreas de la
región pampeana.
Tabla 4. Niveles
críticos de P Bray reportados en distintas áreas de la región pampeana.
| Area |
Nivel
crítico |
Condiciones
# |
Referencia |
| |
ppm |
|
|
| Sudeste
de Buenos Aires |
15-17 |
LC,
Secano |
Berardo
et al. (2001) |
| Sudeste
de Buenos Aires |
20 |
LC,
Riego |
Berardo
et al. (2001) |
| Sudeste
de Buenos Aires |
17 |
LC
y SD, Secano |
García
et al. (1997) |
| Norte
de Buenos Aires |
13-14 |
LC
y SD, Secano |
Ferrari
et al. (2000) |
| Sur
de Santa Fe |
19-20 |
Secano |
M.
Silva Rossi (com.pers.) |
| Oeste
de Entre Rios |
17 |
SD,
Secano |
Mistrorigo
et al. (2000) |
# LC Labranza
Convencional. SD Siembra Directa.
La Tabla 5 muestra la
recomendación de fertilización fosfatada para los suelos del sudeste
bonaerense de acuerdo al nivel de P Bray y rendimiento esperado (Echeverría y
García, 1998). Estas recomendaciones fueron generadas a partir de los
resultados de los ensayos realizados en el área indicados en la Tabla 4 e
incluyen, en forma parcial, el criterio de reconstrucción para los niveles muy
bajos de P disponible, y de mantenimiento para niveles de P disponible
superiores a los 16 mg/kg.
En otras áreas de la
región pampeana se utilizan como referencia los niveles críticos indicados en
la Tabla 5 y las dosis recomendadas son similares a las indicadas en la Tabla 5.
La Fig. 9 muestra la relación existente entre la eficiencia de uso del P y el
nivel de P Bray para 12 ensayos en distintas zonas de la región pampeana.
Considerando precios de maíz de 70 U$S/ton y de fosfato diamónico de 320
U$S/ton, la eficiencia de indiferencia es de 23 kg maíz/kg de P aplicado. La
ecuación de ajuste indica que para estos datos, esta eficiencia de indiferencia
se alcanzaría con 18-19 ppm P Bray, es decir que suelos con menos de 18-19 ppm
mostrarían respuestas económicas a la aplicación de P.
Tabla 5.
Recomendaciones de fertilización fosfatada para maíz según nivel de P Bray
y rendimiento esperado (Echeverría y Garcia, 1998).
| Rendimiento |
Concentración
de P disponible en el suelo (mg/kg) |
|
|
Menos
5 |
5-7 |
7-9 |
9-11 |
11-13 |
13-16 |
16-20 |
| ton/ha |
------------------
kg P2O5/ha ------------------ |
| 5 |
59 |
48 |
43 |
39 |
35 |
30 |
|
| 6 |
65 |
54 |
50 |
45 |
41 |
37 |
26 |
| 7 |
71 |
60 |
56 |
51 |
47 |
43 |
32 |
| 8 |
77 |
66 |
62 |
57 |
53 |
49 |
38 |
| 9 |
83 |
72 |
68 |
63 |
59 |
55 |
44 |
| 10 |
89 |
78 |
74 |
70 |
65 |
61 |
50 |
| 11 |
95 |
84 |
80 |
76 |
71 |
67 |
56 |
| 12 |
101 |
90 |
86 |
82 |
77 |
73 |
62 |
| 13 |
107 |
97 |
92 |
88 |
83 |
79 |
68 |
| 14 |
114 |
103 |
98 |
94 |
90 |
85 |
74 |
Figura. 9. Eficiencia de
uso del P aplicado en maíz (kg maíz por kg P aplicado) en 12 ensayos de la
región pampeana en función del nivel de P Bray en suelo. La eficiencia se
estimo para la dosis con el rendimiento máximo en cada ensayo. Información
recopilada de Barbagelata y Paparotti (2000); Ferrari et al. (2000); M. Silva
Rossi (com. pers.);Thomas et al. (2001); Ventimiglia et al. (2001a) y
Ventimiglia et al. (2001c).
El análisis de
planta para el diagnóstico de necesidades de P puede utilizarse para
monitorear el manejo de la fertilización del cultivo y efectuar cambios en
cultivos posteriores, como ya se indicó para N. La Tabla 3 muestra
concentraciones críticas para distintos estados y partes de la planta. En el
sudeste de Buenos Aires, Fontanetto (1993) reportó concentraciones críticas de
P de 0.26% en biomasa aérea en V8, 0.25% en la última hoja desarrollada en
V10, 0.24% en la hoja de la espiga en floración, 0.29% en la hoja de la espiga
a madurez fisiológica y 0.29% en los granos a cosecha. En siete ensayos
realizados en la campaña 2000/01 en la región pampeana, los rendimientos
superiores a 9000 kg/ha presentaron concentraciones de P en la hoja de la espiga
a floración superiores a 0.28% (Fig. 10) (Ambrogio et al., 2001)
Figura. 10.
Rendimiento de maíz en función de la concentración de P en la hoja de la
espiga a floración en siete ensayos de la Región Pampeana de la Red
AAPRESID-INTA-INPOFOS (Ambrogio et al., 2001).
2.3. Azufre
La dinámica del S en el
suelo es muy similar a la de N: en ambos casos la materia orgánica es la
principal reserva en el suelo y la disponibilidad de nitratos o sulfatos para
las plantas depende la mineralización de las fracciones orgánicas. En general,
las deficiencias de S se observan en situaciones de bajo contenido original de
materia orgánica, y en situaciones en las que los niveles de materia orgánica
disminuyeron a través de los años debido al laboreo continuo de los suelos.
En los últimos años se
han observado respuestas a la fertilización azufrada en numerosos cultivos
(maíz, soja, trigo, canola, alfalfa, pasturas) en la región pampeana,
principalmente en el oeste de Buenos Aires-este de La Pampa y en la zona
centro-sur de Santa Fe y norte de Buenos Aires. Las respuestas a S se observan
cuando se han cubierto las deficiencias de los otros nutrientes, principalmente
N y P. En la zona Oeste, las respuestas a S se relacionan con el bajo nivel de
materia orgánica del suelo (<2-2.5%) y disponibilidad de S, y a los altos
rendimientos que se han obtenido en los últimos años (Díaz Zorita, 1998;
Ventimiglia et al.,1998; Ventimiglia et al., 2001b) (Fig. 11). En la zona Norte,
las respuestas se observan en suelos degradados, con muchos años de agricultura
continua (especialmente soja), y con cultivos de alta producción con
fertilización nitrogenada y fosfatada (González Montaner y Di Napoli, 1997b;
Martínez y Cordone, 1998; Fontanetto et al., 1999; Cordone et al., 2001; Di
Napoli, 2001; Fontanetto et al, 2001) (Fig. 12).
Figura. 11.
Rendimientos de maíz con cinco dosis de fertilización azufrada. Promedios de
tres ensayos realizados en 1998/99, 1999/00 y 2000/01 en 9 de Julio (Buenos
Aires). Fertilización de base con 70 kg/ha de N y 14 kg/ha de P (Ventimiglia
et al., 2001b).
Figura. 12.
Rendimientos de maíz con distintos tratamientos de fertilización nitrogenada
y azufrada en el centro-sur de Santa Fe. Promedio de cinco sitios, campaña
2000/01. Fertilización de base 20 kg/ha de P (Cordone et al., 2001).
Las experiencias
desarrolladas hasta la fecha no han permitido generar metodologías de
diagnóstico confiables para determinar las necesidades de S para maíz y otros
cultivos. El análisis de S-sulfatos en suelo a la siembra ha sido
evaluado en algunos estudios con resultados dispares. Thomas et al. (2001) (Fig.
13), y Di Napoli (2001), en el sur y centro-sur de Santa Fe, respectivamente,
estimaron niveles críticos de S-sulfatos en suelo a la siembra de 10-12 ppm.
Sin embargo, Ambrogio et al. (2001) y Ventimiglia et al. (2001b) no encontraron
relación alguna entre respuesta a S y S-sulfatos en suelo.
Figura. 13. Respuesta
de maíz a la fertilización azufrada (20 kg/ha de S a la siembra) en función
de la concentración de S-sulfatos en suelo a 0-20 cm de profundidad en
pre-siembra. Ensayos Red de Nutrición Zona CREA Sur de Santa Fe (Thomas et
al., 2001).
En el estudio realizado
por Di Napoli (2001), la inclusión de la concentración de S total permitió
mejorar el ajuste del modelo de respuesta a S. Sin embargo, se encontró que la
concentración de N-nitratos a la siembra (0-60 cm) era un mejor estimador de la
respuesta a S. Esta asociación entre las respuestas a N y S se explica a partir
de la similitud en la dinámica de ambos nutrientes en el suelo.
Investigaciones
realizadas en Australia demuestran la importancia de cuantificar las fracciones
lábiles de S orgánico del suelo para predecir las necesidades de
fertilización azufrada (Blair et al., 1991). El análisis de planta podría ser
otra alternativa para el diagnóstico de la fertilización azufrada (Tabla 3),
sin embargo, la concentración de S en hoja de la espiga no se relacionó con
los rendimientos en los ensayos de la red de AAPRESID mencionados anteriormente
(Ambrogio et al., 2001).
Los suelos de la Región
Pampeana se consideran bien provistos de potasio (K). La
continua extracción del nutriente y la falta de reposición resultará en la
disminución de K disponible, especialmente en los lotes con mayor frecuencia de
soja, cultivo que presenta un alto índice de cosecha de K (cercano al 60% del K
absorbido). Es así, que en algunos suelos de la zona sudeste de la Provincia de
Córdoba, con alta frecuencia de soja en la rotación, el nivel de K
intercambiable ha disminuido a valores de 200-250 mg/kg.
La disponibilidad
original de calcio (Ca) y magnesio (Mg) de los suelos
pampeanos es elevada. La intensificación de la agricultura ha resultado en la
disminución de los niveles de bases y pH en algunos suelos, especialmente en el
Norte de la región, con respuestas significativas a la aplicación de enmiendas
calcáreas y/o dolomíticas en alfalfa y soja. Los altos niveles de K en el
complejo de intercambio podrían resultar en deficiencias inducidas de Mg según
lo sugiere la bibliografía internacional.
La disponibilidad de micronutrientes
en suelos pampeanos también ha sido considerada adecuada en general (Sillanpaa,
1982).
Las investigaciones
realizadas al presente con K, Mg y micronutrientes han sido fundamentalmente de
carácter exploratorio y, por lo tanto, sus resultados no se pueden generalizar.
En ensayos realizados en Las Rosas (Santa Fe) entre 1993 y 1996, González
Montaner y Di Napoli (1997b) encontraron respuestas significativas a K en uno de
18 sitios, y a zinc (Zn) en tres de 13 sitios. En 9 de Julio (Buenos Aires) se
han reportado respuestas significativas a la aplicación de boro (B)
(Ventimiglia et al., 1999) y de Zn (Carta et al., 2001). Por el contrario,
evaluaciones realizadas en Marcos Juárez (Córdoba) (Gudelj et al., 2000) y en
el sudeste bonaerense (F. García y col., com. pers.) no mostraron respuestas a
la aplicación de Mg, B y Zn, y a B, cobre (Cu) y Zn, respectivamente.
Melgar et al. (2001)
evaluaron la respuesta a B y Zn en catorce localidades del norte de Buenos Aires
y sur de Santa Fe durante las campañas 1996/97 y 2000/01. La respuesta a B fue
significativa en 30% de los casos y a Zn en 36% de los casos. Las respuestas
medias obtenidas con las dosis óptimas de cada nutriente, 0.5 y 4 kg/ha de B y
Zn, respectivamente, fueron de 780 y 740 kg/ha en los sitios con respuesta.
Estas respuestas no se correlacionaron con la disponibilidad de B y Zn en suelo
o en planta.
La aplicación de K,
K+Mg o K+Mg+B+Cu+Zn no resultó en diferencias significativas en rendimientos de
maíz de los 10 ensayos de la Red de AAPRESID en la campaña 2000/01 (Ambrogio
et al., 2001). Los análisis de hoja de la espiga a floración indicaron
concentraciones de Mg y B por debajo de los niveles considerados críticos en la
bibliografía internacional. Los resultados de la Red de Nutrición de la Zona
CREA Sur de Santa Fe no mostraron respuestas significativas a la aplicación de
K+Mg+B+Cu+Zn en los 8 ensayos evaluados en la campaña 2000/01 (Thomas et al.,
2001).
La evaluación de
sistemas de fertilización balanceada, que incluyan nutrientes "no
convencionales" como K, Mg y micronutrientes, requiere de planes de
investigación específicos bajo situaciones diversas en cuanto a tipo de suelo,
historia del lote y condiciones climáticas y con distintas formas y momentos de
aplicación de estos nutrientes.
3. Manejo de la fertilización
3.1. Nitrógeno
- Momento de aplicación
La demanda de N del
cultivo de maíz aumenta marcadamente a partir del estado de 5-6 hojas
desarrolladas (30-50 días después de la emergencia) (Fig. 1). Por esta
razón, la aplicación en este estado del cultivo o inmediatamente previa ha
sido reportada como la de mayor eficiencia de uso de N (Sainz Rozas et al.,
1999). La Fig. 14 muestra los rendimientos obtenidos en un cultivo de maíz
bajo SD con tres dosis de N aplicadas como urea a la siembra, al estado de 5
hojas desarrolladas o dividida (mitad a la siembra y mitad al estado de 5
hojas). La dosis de 50 kg/ha de N mostró una mayor eficiencia con la
aplicación al estado de 5 hojas que con la aplicación a la siembra o
dividida. Dosis mayores muestran respuestas decrecientes y resultan en
eficiencias similares para los distintos momentos de aplicación.
Las ventajas
operacionales pueden justificar las aplicaciones tempranas (pre-siembra o a la
siembra) en muchos casos, ya que las diferencias no siempre son de la magnitud
de las observadas en la Fig. 14. La eficiencia de estas aplicaciones tempranas
depende de 1) la cantidad y frecuencia de precipitaciones entre la aplicación
y la absorción de N del cultivo que pueden originar perdidas por lavado y/o
desnitrificación y 2) la inmovilización microbiana que depende
principalmente de la cantidad de residuos. Ferrari et al. (2001b) no
observaron diferencias entre las aplicaciones de N a la siembra y al estado V6
en suelos argiudoles, mientras que en suelos hapludoles la aplicación en V6
superó a la aplicación a la siembra. Estas diferencias entre tipos de suelo
fueron atribuidas a una mayor pérdida de nitratos por lixiviación entre
siembra y V6 en los hapludoles que en los argiudoles.
Figura. 14.
Rendimientos de maíz con distintas dosis de N aplicadas como urea en tres
momentos: Siembra, 5 hojas desarrolladas o Dividida (mitad siembra y mitad 5
hojas). Ensayo Puerta del Abra 1997/98, Balcarce, Buenos Aires, Argentina (F.
García y col., com. pers.).
- Fuente y forma de aplicación
La eficiencia de uso de
N de distintas fuentes nitrogenadas es similar cuando los fertilizantes son
incorporados. Aplicaciones superficiales de N pueden resultar en perdidas por
volatilización de amoníaco cuando se utiliza urea o fuentes que contengan urea
(García et al., 1999; Sainz Rozas et al., 1999; Urricarriet et al., 2000). Las
pérdidas por volatilización dependen del contenido de agua del suelo y de la
temperatura, las mayores pérdidas ocurren con contenidos de humedad cercanos a
capacidad de campo y temperaturas de 25oC o superiores. Bajo SD, las
perdidas por volatilización son mayores que bajo LC debido principalmente a la
mayor actividad ureásica de los residuos. La inmovilización/intercepción del
N por el residuo bajo SD representa una pérdida de N común a todos los
fertilizantes nitrogenados con aplicaciones superficiales. Fontanetto (1999) y
Ferrari et al. (2000) encontraron que los efectos sobre el rendimiento de las
pérdidas temporarias de N debidas a la intercepción del fertilizante por el
residuo y/o a la inmovilización microbiana en aplicaciones superficiales de
fertilizantes nitrogenados sobre el rastrojo bajo SD, pueden ser de igual o
mayor magnitud que las pérdidas por volatilización (Tabla 6).
Tabla 6. Estimaciones
indirectas de las magnitudes relativas de pérdidas de nitrógeno, expresadas
en rendimiento de maíz, por intercepción/inmovilización y volatilización a
partir de aplicaciones superficiales de N con distintas fuentes y
localizaciones en cultivos de maíz bajo siembra directa. Adaptado de
Fontanetto (1999) y Ferrari et al. (2000).
| Ensayo |
Fuente
de N y
Localización (1) |
Rendimiento
de grano |
Diferencia
de rendimiento por incorporación (2) |
Estimación
de pérdidas por volatilización (3) |
| |
|
-------------------------
kg ha-1 ------------------------- |
| Rafaela
(4) |
Urea
(S) |
7840 |
637 |
310 |
| Urea
(I) |
8477 |
|
|
| CAN
(S) |
8225 |
327 |
|
| CAN
(I) |
8552 |
|
|
| Bragado
(5) |
Urea
(S) |
8269 |
702 |
139 |
| Urea
(I) |
8971 |
|
|
| CAN
(S) |
8415 |
563 |
|
| CAN
(I) |
8978 |
|
|
| Alcorta
(5) |
Urea
(S) |
7412 |
559 |
173 |
| Urea
(I) |
7971 |
|
|
| CAN
(S) |
7912 |
386 |
|
| CAN
(I) |
8298 |
|
|
(1) (S) = aplicado
superficialmente; (I) = incorporado por debajo de la cobertura de rastrojos. (2)
La diferencia de rendimiento por incorporación estima las pérdidas por
intercepción/inmovilización más las pérdidas por volatilización en el caso
de Urea, y las de intercepción/inmovilización en el caso de CAN. (3) Estimadas
como diferencia entre formas de aplicación de Urea menos la diferencia entre
formas de aplicación de CAN. (4) Fontanetto (1999). Dosis de 80 kg N ha-1.
(5) Ferrari et al. (2000). Dosis de 60 kg N ha-1.
3.2. Fósforo
La aplicación de los
fertilizantes fosfatados debe hacerse a la siembra o antes de la siembra de
manera tal que el P esté disponible para el cultivo desde la implantación. La
reducida movilidad del ión ortofosfato y la retención (fijación, adsorción e
inmovilización) del fertilizante fosfatado en el suelo requieren de la
aplicación localizada del mismo, especialmente en suelos de bajo contenido de P
disponible y en siembras tempranas. Sin embargo, en los últimos años, en
ensayos realizados bajo SD se han encontrado eficiencias de uso del P aplicado
similares para aplicaciones al voleo anticipadas, y aplicaciones en bandas a la
siembra (Mallarino, 2001). En ensayos realizados en cultivos de maíz bajo SD en
el sudeste bonaerense durante la campaña 1997/98, la aplicación en bandas
superó a la aplicación al voleo en suelos con bajo nivel de P disponible;
mientras que con niveles de P disponible medios no se observaron diferencias
entre las formas de aplicación. Barbagelata y Paparotti (2000) encontraron
respuestas a P similares con aplicaciones al voleo anticipadas y en la línea de
siembra en un suelo de Entre Ríos con 13 ppm P Bray (Fig. 15). Futuras
investigaciones deben abordar la evaluación de las aplicaciones al voleo
anticipadas y los mecanismos que expliquen la dinámica del P aplicado en estas
condiciones.
Entre las fuentes de P,
los fosfatos diamónico y monoamónico tienen la ventaja sobre el superfosfato
triple de presentar N-amonio en su composición, lo que mejoraría el efecto de
arranque del fertilizante a partir de los efectos benéficos de la interacción
amonio-fosfato. Sin embargo, estas diferencias entre fuentes fosfatadas no
suelen observarse a campo cuando se igualan las dosis de N aplicadas
(Ventimiglia et al., 2001a).
Figura. 15. Rendimientos
de maíz con distintas dosis de P aplicadas como superfosfato triple al voleo 40
días antes de la siembra y en líneas a la siembra. P Bray 13.2 ppm. EEA INTA
Paraná, Entre Ríos, Argentina (Barbagelata y Paparotti, 2000).
4. Consideraciones finales
En este capítulo se han
discutido los principales criterios de diagnóstico de fertilización para cada
nutriente en el cultivo de maíz. Estas herramientas deben insertarse en el
manejo de la fertilización de cultivos dentro de la rotación o sistema
(García, 2001). Al incluir a la rotación de cultivos en el análisis del
manejo de la fertilización, se consideran los efectos residuales de nutrientes
de movilidad reducida como P (Tabla 7), o incluso de movilidad media como S.
Asimismo, las fertilizaciones anteriores muestran efectos indirectos como, por
ejemplo, la mayor producción de rastrojos que permite capturar una mayor
cantidad de C en el suelo y, de esa manera, mejorar los niveles de materia
orgánica con sus consecuentes beneficios (Studdert y Echeverría, 2000;
Fabrizzi et al., 2001). El manejo de la fertilización en la rotación también
presenta beneficios desde el punto de vista operativo y económico. A modo de
ejemplo, el P puede reponerse en momentos del año de baja actividad (luego de
la cosecha de cultivos de verano) y/o en cultivos de mayor respuesta (trigo,
luego maíz y finalmente soja y girasol).
Un segundo aspecto que
debe tenerse en cuenta al considerar los criterios de diagnóstico y los
aspectos de manejo de la fertilización, discutidos individualmente para cada
nutriente, lo constituye la interacción positiva que se observa al aplicar dos
o más nutrientes deficientes. La fertilización balanceada permite que, a
medida que se cubren las deficiencias de un nutriente, se incrementen la
eficiencia de uso de todos los nutrientes. La Tabla 8 muestra un ejemplo de
fertilización balanceada e interacción positiva entre nutrientes. La respuesta
a la aplicación de P se duplicó cuando N y S no limitaban el rendimiento del
cultivo de maíz.
Los criterios de
diagnóstico discutidos en la sección 2 responden, en general, a la filosofía
de recomendación del nivel de suficiencia: aplicar la cantidad de nutriente
estrictamente necesaria para llegar al rendimiento objetivo. Una alternativa es
recomendar de acuerdo al criterio de reconstrucción y mantenimiento: aplicar la
cantidad de nutriente necesaria para llegar a un nivel objetivo de
disponibilidad del nutriente en el suelo. La Fig. 16 muestra los rendimientos de
maíz obtenidos en dos ensayos del sudeste de Córdoba donde se evalúan
distintas combinaciones de N, P y S, y los criterios de Diagnóstico
(Suficiencia) vs. Reposición (Reconstrucción y mantenimiento). El tratamiento
NPS Reposición superó al tratamiento NPS Diagnóstico en ambos sitios.
Tabla 7. Rendimientos
de maíz, trigo y soja de segunda con distintos tratamientos de fertilización
fosfatada aplicada en maíz en 1999. El Trigo/Soja de la campaña 2000/01 no
recibió fertilización. UEEA INTA 9 de Julio. (Ventimiglia et al., 2001b).
| Cultivo |
Rendimiento |
| Nivel
de P aplicado en 1999 |
| 0 |
10 |
20 |
40 |
80 |
| |
-------------
kg/ha ------------- |
| Maíz
1999/00 |
10117 |
10159 |
10843 |
11708 |
11771 |
| Trigo
2000/01 |
2989 |
3785 |
4553 |
4990 |
5566 |
| Soja
2000/01 |
1996 |
2049 |
2177 |
2764 |
2945 |
Tabla 8. Rendimientos
de maíz con y sin aplicación de NS y de P, y respuesta a la fertilización
fosfatada. Ensayo San Marcelo (Teodelina, Santa Fe). Fuente: Juan y Agustin
Avellaneda (com. pers.).
|
Fertilización NS |
Rendimiento |
Respuesta
a P |
| Sin
P |
Con
P |
| --------------------
kg/ha -------------------- |
| Testigo |
5695 |
6334 |
639 |
| 100
kg N + 20 kg S |
9395 |
10608 |
1213 |
Figura. 16.
Rendimientos de maíz en los ensayos de fertilización a largo plazo de Los
Chañaritos (Corral de Bustos) y Don Osvaldo (Camilo Aldao), Córdoba. Los
tratamientos están indicados según los nutrientes aplicados: N nitrógeno, P
fósforo y S azufre; y la metodología de recomendación: dosis de suficiencia
(diag) y dosis de reposición de los nutrientes extraídos en grano más un
10% (Rep). Fuente : Vicente Gudelj y colaboradores, EEA INTA Marcos Juárez
(Córdoba).
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este y otros trabajos en el sitio oficial de INPOFOS
Cono Sur.
Biblioteca
(*) Director Regional del Instituto de la Potasa y el Fósforo
(INPOFOS) para el Cono Sur desde Mayo 1998. INPOFOS Cono Sur es la oficina
regional del Potash and Phosphate Institute (PPI) y el Potash and Phosphate
Institute of Canada (PPIC).
Previamente, Investigador en Fertilidad y Manejo de Suelos
del Departamento Agronomía de la EEA INTA Balcarce y Profesor Invitado de la
Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Mar del Plata.
Ingeniero Agrónomo (UBA), 1980. Master of Science
(Fertilidad de Suelos), Kansas State University (EEUU), 1989. Ph.D. (Microbiología
y Fertilidad de Suelos), Kansas State University (EEUU), 1992.
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