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El cultivo de trigo y la siembra directa en la Región
Central Norte (Actualización 2005) |
Jorge
Fraschina, Carlos
Bainotti, José
Salines
Area Mejoramiento Genético Vegetal
INTA Marcos Juárez
Marzo 2005
Siembra directa y trigo
El factor clave para alcanzar
mejores resultados en la agricultura de secano es tratar de maximizar el uso del
agua de lluvia por parte de los cultivos. Si tenemos en cuenta que el agua de
lluvia debe infiltrarse en el perfil de suelo y luego ser absorbida por el
sistema radicular para su utilización en el resto de la planta, surge la
importancia de favorecer la mayor acumulación de agua y así tender a mantener
una adecuada disponibilidad hídrica durante el mayor tiempo posible.
La acumulación de agua en el suelo
no sólo depende de la capacidad de retención que es característica de cada
tipo de suelo, sino también de la velocidad de infiltración del agua de lluvia
debido al posible escurrimiento. La técnica de siembra directa tiene un impacto
directo sobre la capacidad de infiltración del suelo, debido a que modifica
favorablemente algunos factores que actúan sobre ella, como son la permanente
cobertura con rastrojos y la acumulación de residuos orgánicos en los primeros
centímetros de suelo. Un suelo cubierto está protegido frente a los efectos
erosivos de la lluvia y de la rápida evaporación posterior.
El cultivo de trigo contribuye a la
sustentabilidad de los sistemas de producción en siembra directa con su
importante aporte de residuos de cosecha y su particular tipo de sistema
radicular. En una experiencia realizada por Marelli et al. (1983) en un suelo de
serie Marcos Juárez de excelente aptitud agrícola pero con el 3% de pendiente,
una cobertura de 4000 kg/ha de rastrojo de trigo comparada con el mismo suelo
desnudo, incrementó un 23% la infiltración de agua de lluvia, disminuyó un
28% el escurrimiento superficial y disminuyó un 80% la pérdida de suelo.
Experiencias más recientes mostraron que un suelo con 3500 kg/ha de rastrojo de
trigo evaporó un 72% menos de agua que el suelo sin cobertura (Marelli, datos
no publicados).
En general la cantidad de residuos
de cosecha que aporta un cultivo de trigo depende más del rendimiento obtenido
que de la variedad. Sin embargo a igual rendimiento, hay algunas variedades de
siembra temprana que tienden a dejar mayor cantidad de rastrojo. Los residuos de
cosecha de trigo además quedan distribuidos en forma homogénea en la
superficie del suelo y se caracterizan por su durabilidad en el tiempo,
favorecida por su alta relación C/N y contenido de lignina. Esta situación se
observa claramente en la presencia de rastrojo de trigo en la cobertura de lotes
provenientes de trigo / soja, que resultan excelentes antecesores del cultivo de
maíz en la rotación.
La siembra directa y la disponibilidad de agua para trigo
La acumulación de agua en el perfil
de suelo en el momento de la siembra es importante para todos los cultivos, pero
lo es especialmente en el caso del trigo por la baja ocurrencia de lluvias
durante gran parte de su ciclo. Partiendo de adecuados niveles de agua
acumulada, un cultivo de trigo bien implantado puede afrontar el período
invernal normalmente seco durante el cual transcurren importantes etapas de
desarrollo como son el macollaje y gran parte del encañado. Posteriormente en
el momento de espigazón, que eligiendo adecuadamente la variedad y época de
siembra debería ocurrir inmediatamente pasado el riesgo de heladas tardías, la
probabilidad de lluvia aumenta y la disponibilidad hídrica generalmente resulta
suficiente para abastecer el llenado de los granos.
El trigo puede alcanzar elevadas
eficiencias en el uso del agua que está acumulada en el suelo. Ensayos de
variedades de trigo conducidos durante varios años en campo de productores en
el sudeste de Córdoba y sur de Santa Fe, han permitido medir consumos de agua
entre 10 y 15 kg de grano por cada milímetro de agua total utilizada por el
cultivo medida hasta 1,5 metros (Fraschina et al. 2000).
Para el caso de trigo, tanto el cultivo anterior como el sistema de labranza
modificarán la acumulación de agua en el suelo durante la segunda mitad del
verano y el otoño, y por lo tanto la disponibilidad hídrica inicial del
cultivo.
Esta situación es especialmente
importante en la región central norte triguera donde el maíz y las variedades
de soja que maduran durante el mes de marzo, resultan buenos antecesores de
trigo.
Se debe recordar que las pérdidas de humedad de suelo posteriores a la madurez
fisiológica del cultivo antecesor, dependerán del manejo realizado en cada
situación y es aquí donde adquiere mayor importancia ajustar debidamente la técnica
de barbecho químico.
Elección de variedades de trigo para siembra directa
Si bien dentro de la estrategia de
manejo del cultivo de trigo en siembra directa la mayor atención se debe poner
en la elección de lotes con buena disponibilidad de agua y en la implementación
de una equilibrada suplementación de nutrientes para cada situación, nuestra
experiencia reciente muestra que también resulta importante la elección de
variedades y fechas de siembra adaptadas a esta modalidad de cultivo (Kohli et
al. 1999). Junto a esta última pauta, se debe mencionar también la necesidad
de utilizar semilla sana, curada y con adecuado desarrollo de grano, que permita
alcanzar la cantidad de plantas recomendada para cada variedad y época de
siembra, apuntando a lograr un buen establecimiento del cultivo. Se debe
recordar que una buena implantación es la clave para mejorar la eficiencia en
el uso del agua y de los nutrientes disponibles.
Con respecto a la elección de
variedades de trigo para siembra directa la sugerencia es tratar de caracterizar
previamente cual será el ambiente de producción. Si bien en la mayoría de las
situaciones se sigue observando buena adaptación de las variedades que permiten
una siembra temprana, en los buenos ambientes de producción se alcanzan iguales
rendimientos con variedades de ciclo intermedio y corto de buen potencial de
rendimiento (Fraschina et al 2001). La siembra temprana de trigo asegura una
mejor implantación del cultivo y ofrece condiciones más favorables en las
primeras etapas de desarrollo, y por lo tanto tiende a un mejor uso del agua
almacenada en el suelo. Sin embargo se debe tener en cuenta que cuando los
ambientes de producción de trigo son mejores por su mayor disponibilidad hídrica,
adecuado nivel de nutrientes, años de siembra directa y rotación de cultivos,
las diferencias entre ciclos desaparecen y prevalece el potencial de rendimiento
de la variedad independientemente de su ciclo.
En varias regiones del área central
norte triguera es común observar daño de frío por heladas durante la
implantación del trigo en siembra directa y también se verifica que existen
diferencias entre cultivares frente a esta modalidad de estrés ambiental
(Fraschina et al. 2002). Este tipo de daño se observa especialmente cuando la
ocurrencia de helada es acompañada por cambios bruscos de temperatura. Los
resultados fueron coincidentes con observaciones registradas en años anteriores
y obliga a replantear el uso de algunas variedades susceptibles a este tipo de
daño en condiciones de siembra directa con abundante rastrojo en superficie que
incrementa el efecto de la helada sobre los tejidos. Esta situación resulta
importante porque en ambientes más secos las pérdidas de área foliar por daño
de helada no siempre podrán ser compensadas.
Para la elección de variedades de trigo con buena adaptación a siembra
directa, también se deberá prestar especial atención a su comportamiento
frente a enfermedades producidas por parásitos necrotróficos, es decir
aquellos que tienen posibilidades de transmisión a través de los rastrojos
como son la 'mancha amarilla', la 'septoriosis de la hoja' y la 'fusariosis de
la espiga' (Galich y Galich. 2000).
El área de mayor difusión del
trigo en siembra directa es la dedicada al doble cultivo trigo / soja, en rotación
con maíz y soja de primera siembra. En este sistema de producción, la
secuencia trigo / soja con buenos rendimientos suele ser una alternativa de
excelente rentabilidad (Peretti, 2001). Para ello el cultivo de soja de segunda
siembra debe ser implantado lo antes posible. En el sudeste de Córdoba y el
centro sur de Santa Fe la situación ideal sería llegar a sembrar la soja de
segunda hacia fines de noviembre o principios de diciembre. Aquí es donde
adquiere importancia la elección de variedades de trigo de siembra temprana
pero con madurez rápida, como así también en los buenos ambientes de producción,
la siembra de variedades de ciclo más corto. En ambos casos la idea es tener
una cosecha más temprana con un rastrojo que permita una rápida implantación
de la soja de segunda y así alcanzar un mejor resultado físico y económico de
la secuencia trigo / soja y su aporte al sistema.
Pensando en facilitar la implantación
de la soja sobre trigo, otra característica a la que también debe prestarse
atención en siembra directa es el tipo de rastrojo que deja el cultivo de trigo
y su distribución en el lote, debido a que algunas de las variedades difundidas
tienen marcada tendencia a vuelco en condiciones favorables. Esta situación
origina pérdidas de rendimiento antes y durante la cosecha, pudiendo también
ocasionar dificultades y demoras en la siembra de soja de segunda.
Referencias
-
Fraschina, J., Salines, J. y
Bainotti, C. 2001. Caracterización de variedades de trigo de distinto ciclo
en siembra directa. Resúmenes del V Congreso Nacional de Trigo. Villa
Carlos Paz 25 - 28 de septiembre.
-
Galich, M. T. Villar de y
Galich, A. 2000. Manejo de enfermedades del trigo en el área pampeana
central norte. Hoja Informativa nº 339. EEA INTA Marcos Juárez.
-
Fraschina, J., Salines, J. y
Bainotti, C. 2002. El cultivo de trigo y la siembra directa. AAPRESID. Trigo
en siembra directa. Mayo de 2002, pp 31.
-
Fraschina, J., Salines, J. y
Bainotti, C. 2002. Daño por frío en trigo. Trigo Actualización 2002.
Información para extensión nº 71 EEA INTA Marcos Juárez.
-
Kohli, M.M., Annone, J.G. y García,
R. Germoplasma de trigo específicamente adaptado a siembra directa. El
ideotipo de germoplasma para siembra directa. Actas del 7º Congreso Nac, de
AAPRESID. 18 al 20 de agosto, Mar del Plata.
-
Marelli, H. 1983. Evaluación de
la erosión hídrica en suelo saturado. Actas del X Congreso Argentino y
VIII Latinoamericano de la Ciencia del Suelo. Mar del Plata.
-
Peretti, M. 2001. Economía del
cultivo de trigo en los últimos 20 años. Trigo Actualización 2001.
Información para extensión nº 65 EEA INTA Marcos Juárez, pp 42 - 48.
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