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Proyecto Fertilizar - INTA Pergamino


Fertilización Nitrogenada en Trigo. ¿Siembra o Macollaje?

Equipo del Proyecto Fertilizar - INTA Pergamino

 

La importancia del cultivo de trigo, el uso intensivo de los suelos, la oferta masiva de fertilizantes en los últimos años y el empleo de distintas formas de aplicación hacen necesario continuar y profundizar las investigaciones en este tema. El dilema de aplicación del nitrógeno a la siembra versus el macollaje mantiene vigencia en la región pampeana.

En nuestro país, la práctica de fertilización en trigo más común es la aplicación de nitrógeno en el momento de la siembra, con la posibilidad de agregar otra dosis a fin de macollaje.

El momento en que el N está disponible para el cultivo de trigo, influye en la acumulación y partición, tanto de la materia seca, como del N. Mientras que la disponibilidad temprana de N se traduce normalmente en mejores rendimientos, su aplicación en etapas tardías puede mejorar la cantidad y calidad de las proteínas en grano (Sarandón et al. 1986; Sarandón, Caldiz 1990; Sarandón, Gianibelli 1990). Esto depende tanto de la cantidad de N acumulado, como de la eficiencia en su partición hacia el grano, lo que puede diferir entre distintos genotipos (Cox et al, 1985; Sarandón, Caldiz. 1990).

Se estima que dos tercios del N en grano a madurez fisiológica (MF) en trigo, es derivado del N asimilado por el cultivo en pre-antesis y solamente un tercio proviene de la asimilación pos-antesis. Sin embargo, esto varía, dependiendo fundamentalmente del contenido de humedad en el suelo y de la disponibilidad de N durante el llenado de granos (Cox et al 1985). Estas últimas variables están fuertemente condicionadas por el sistema de labranza implementado. Los sistemas de labranza con rastrojos en superficie, como la siembra directa (SD), generalmente presentan mayor acumulación de agua y menor disponibilidad de N en el perfil del suelo, con respecto a la denominada labranza de tipo convencional (LC) (Falotico et al 1999).

El conocimiento de la evolución del N en el sistema suelo-planta contribuirá a mejorar el diagnóstico y las estrategias de fertilización nitrogenada en condiciones de producción de secano. (Villar, J.L., 2000)

Con referencia a la demanda de N por parte del cultivo, al momento de la floración la bibliografía indica que el trigo habrá tomado aproximadamente el 80% del total de N (Walldren and Flowerday, 1979), por lo que del nutriente mineralizado por el suelo, sería más relevante la fracción transformada durante la encañazón (septiembre). El momento de incorporación del fertilizante nitrogenado en el suelo condiciona el componente del rendimiento afectado. Por lo tanto, las correcciones de las deficiencias nitrogenadas deben anticiparse a la floración como para permitir su incorporación en el suelo y posterior absorción por los cultivos.

Abundantes estudios regionales demuestran que la respuesta productiva de los cultivos a las aplicaciones de nitrógeno depende tanto de factores edáficos como climáticos y de manejo (M. Diaz-Zorita, 2000). Veamos cual es la situación en las distintas zonas de la Región triguera.

La mayoría de los lotes sembrados con trigo en el oeste bonaerense presentan insuficiente provisión de nitrógeno para cubrir las necesidades de cultivos de alta producción. Esto es consecuencia, entre varios factores, de las bajas temperaturas del suelo en etapas tempranas del crecimiento de los cultivos, de sus pobres contenidos de materia orgánica y de su manejo (duración del barbecho, sistema de siembra, etc.). En general, la mayoría de los fertilizantes nitrogenados aplicados en cultivos de trigo se realiza con anterioridad o durante la siembra aunque hacia el sur y el oeste de la región pampeana se recomiendan aplicaciones dividas entre la siembra y el macollaje (Satorre y Slafer, 1999). Por ejemplo, para el sudoeste bonaerense, en la medida que los suelos son mas profundos y menos provistos en materia orgánica la respuesta esperada a la fertilización nitrogenada es mayor, dependiendo de las posibles precipitaciones durante el mes de septiembre (Loewy y Ron, 1996). En condiciones hídricas no limitantes el contenido de nitratos en las capas superiores de los suelos es el factor determinante de esta respuesta (Díaz-Zorita y Luisetti, 1995). Hacia el oeste de la región pampeana las lluvias invernales son poco frecuentes y según Díaz-Zorita et al. (1998) entre los meses de mayo y octubre la probabilidad de obtener lluvias diarias superiores a 15 mm en un plazo de 10 días es inferior al 25 %. Por lo tanto, aplicaciones tardías (pleno macollaje) de fuentes nitrogenadas para la oportuna corrección de deficiencias serían riesgosas.

El trigo es el recurso agrícola más importante en el sudoeste bonaerense. Desde hace varias décadas el nitrógeno es el elemento más deficitario en los suelos del área. Esta situación, más el delicado equilibrio con la disponibilidad hídrica, comprometen anualmente la estabilidad y calidad de la producción triguera. La técnica integral de fertilización nitrogenada, junto a la rotación de cultivos, hacen un aporte vital a la viabilidad productiva de los sistemas. En el sudoeste bonaerense la eficiencia entre épocas (siembra & macollaje) resulta en promedio similar, con factores de sitio y año que inclinan las ventajas hacia uno u otro momento (Loewy 1990, Kruger 1996).

Desde 1977 hasta 1989 se realizaron estudios en el Este de La Pampa, para establecer los factores más importantes que determinan el rendimiento del cultivo y la respuesta a la fertilización nitrogenada y fosforada. Como resultado de los mismos se obtuvo un método de diagnóstico para la fertilización nitrogenada, el cual define como momento optimo al macollaje al voleo. Las variables consideradas por el método son la humedad y el contenido de N de NO3- en el suelo en primavera (Fagioli, Bono, 1984, Fagioli et al. 1982); la predicción de la respuesta varía de acuerdo a la precisión en el ajuste del método de diagnóstico y a las condiciones climáticas.

Una reciente encuesta realizada en esta zona (Montoya et al. 1999), revela que en la región un 26 % del trigo es fertilizado, del cual un 28 % lo es a la siembra, fundamentalmente con fosfato diamónico (FDA) en dosis que abarcan desde 30 a 80 kg/ha; un 30 % en forma fraccionada (FDA y urea) con dosis de 30 a 70 y 40 a 100 kg/ha respectivamente; y 42 % de urea al macollaje en dosis de 30 a 100 kg/ha. (Bono A., 2000).

En el centro de Santa Fe, durante el período de macollaje del trigo (junio-agosto) la evolución del N-N03 del suelo, la fuente más importante de N mineral, es prácticamente nula por las bajas temperaturas. La mineralización del N comienza a ser importante a mediados de agosto-principios de septiembre, coincidiendo con el inicio de la encañazón del cultivo y del ascenso de las marcas térmicas (de Hein, W. I.H. 1990; de Hein y Panigatti, 1991). Cuando la temperatura es suficiente para que se produzca el proceso, éste dependerá de las lluvias acumuladas en el otoño y recién en primavera (octubre), de las precipitaciones registradas en el momento, debido a la mayor certeza de su ocurrencia en oportunidad y cantidad (Panigatti, 1980).

 

Experiencias realizadas en las distintas zonas de la Región triguera

Bono , J. Montoya y F. Babinec, de la EEA Anguil, La Pampa, condujeron entre 1996 y 1998, 25 ensayos en el Sur de Córdoba y en el Este de La Pampa bajo labranza convencional, en suelos Haplustoles Enticos (21 ensayos), Calciustoles Petrocálcicos (2 ensayos) y Ustipsamentes Típicos (2 ensayos), para determinar dosis y momento óptimo de fertilización. Se aplicó superfosfato triple al voleo e incorporado a la siembra, y urea al voleo a la siembra y en forma postergada, en distintas dosis y combinaciones.

Si bien se observó una general respuesta a la fertilización en distintos momentos, en suelos con régimen ústico como los del presente trabajo las aplicaciones al macollaje presentan ventajas sobre las tempranas. La fertilización postergada permite evitar la aplicación del fertilizante en años con escasas lluvias en la primera parte del ciclo del cultivo (Fagioli et al. 1986). Estudios de la dinámica de N (Videla et al. 1996; Laurent et al. 1996) demostraron que la fertilización al macollaje acumuló una mayor cantidad de N que la fertilización a la siembra. Bárbaro et al. (1999) señalan que la fertilización a la siembra puede ser más ineficiente por pérdidas de N ya incorporado a la planta, por absorción temprana de N y por la influencia de precipitaciones abundantes sobre la imposibilidad de retener el N en plantas. En relación a las fertilizaciones fraccionadas, estas tendrían la ventaja de sincronizarse con las necesidades del cultivo (Melgar 1997), por lo que podrían ser una alternativa a considerar en casos de diagnóstico dudoso o en suelos con muy baja fertilidad.

 

Diaz-Zorita, en la EEA INTA Gral.Villegas (Drabble, Bs.As.) desarolló un estudio en suelos Hapludoles típicos, durante las campañas 1995, 1996 y 1997, teniendo como objetivo determinar el momento apropiado (siembra o macollaje) de aplicación superficial de urea para la corrección de deficiencias nitrogenadas en cultivos de trigo del oeste de la provincia de Bs. As. En las tres campañas, los rendimientos y la eficiencia del uso del nitrógeno fueron mayores cuando la fertilización se realizó en la siembra-emergencia (7,8 kg de grano por kg de N). En solo la campaña 1997 se observaron respuestas, aunque menores, al agregado de urea en estadios de macollaje de los cultivos. Estos comportamientos se atribuyen a la escasa frecuencia de precipitaciones invernales que permiten la total incorporación del nitrógeno del fertilizante con anterioridad a la floración de los cultivos.

 

Fig.1: Producción de grano de trigo fertilizado con nitrógeno en forma de urea en el oeste de Buenos Aires. Letras distintas indican diferencias significativas entre dosis de N en cada campaña y momento de aplicación.

 

Si bien la respuesta a esta práctica de fertilización con urea en años con pocos aportes de agua es baja, el consumo hídrico de los cultivos fertilizados no sería afectado significativamente, aún en altas dosis de fertilización (Fagioli y Bianconi, 1977). Por lo tanto, el riesgo de las correcciones tempranas de las potenciales deficiencias nitrogenadas no modificarían significativamente el uso de las reservas de agua edáfica en comparación con cultivos sin fertilización.

Para las condiciones agroecológicas del oeste de Buenos Aires las correcciones de deficiencias nitrogenadas con aplicaciones superficiales de urea en el momento de la emergencia de las plántulas de cultivos de trigo son mas eficientes y la probabilidad de respuesta es mayor que cuando la fertilización es en el macollaje.

Melaj, Echeverría, Studdert, Andrade, Barbero y López de CNEA y EEA Balcarce, estudiaron la influencia de dos sistemas de labranza, siembra directa y labranza convencional y el momento de la aplicación del fertilizante nitrogenado (a la siembra y al macollaje), en la acumulación y partición del nitrógeno total y del nitrógeno derivado del fertilizante a la madurez fisiológica del cultivo de trigo, en un suelo que es un complejo de Paleudol petrocálcico fino, ilítico, térmico y Argiudol típico fino, mixto, térmico.

La elevada cobertura bajo siembra directa contribuyó a lograr mayores contenidos de agua en el perfil, reflejándose en un mayor rendimiento en grano y mayor respuesta a la fertilización nitrogenada. Para el rendimiento en grano también se observó efecto de fertilización, siendo mayor la respuesta de la fertilización al macollaje que a la siembra (1086 y 680 kg ha-1, sobre el testigo respectivamente). Esta mayor recuperación en el grano del fertilizante aplicado, podría deberse al aumento en importancia del grano como destino, al atrasarse el momento de aplicación del N. Las aplicaciones de N al macollaje permiten una mayor eficiencia de recuperación del fertilizante a la cosecha del cultivo, que las aplicaciones a la siembra del mismo, independientemente del sistema de labranza.

 

Comparando aplicaciones de urea a la siembra, fraccionada y al macollaje, Loewy (1990) y Barbaro et al. (1999) en Balcarce, Barrow y Bordenave, observaron en todos los casos respuesta significativa a la fertilización, pero el momento de aplicación no tuvo incidencia. Loewy (1996) observó en Argiudoles típicos de Cnel. Suárez una mejor respuesta a la fertilización fosforada cuando se acompañó con urea a la siembra, en relación con aplicaciones al macollaje, probablemente por una mejor disponibilidad del P aplicado.

 

Ron y Loewy, en 42 ensayos realizados entre 1982 y 1998 en Bahía Blanca y Bordenave, en un estudio cuyo objetivo fue estudiar la eficiencia relativa de dos épocas de fertilización (siembra y macollaje) y relacionar sus variaciones con las variables de suelo, clima y cultivo, disponibles, llegaron a las siguientes conclusiones: Las variedades de ciclo largo e intermedio, satisfacen los requerimientos iniciales con el N nativo, más fácilmente que las de ciclo corto. Los cultivares de ciclo corto, en cambio, son más dependientes de la fertilización. Con primaveras secas el N a la siembra asegura una mayor disponibilidad y absorción del elemento. Las aplicaciones al macollaje mejoran en ciclos largos e intermedios, a medida que aumenta la MO del suelo. Lo inverso parece ocurrir con los cultivares precoces (ciclos cortos). La incertidumbre climática, en los momentos de fertilización, aconseja una estrategia de fraccionamiento tentativo. Tal enfoque permite capitalizar, en parte, las ventajas relativas de ambas épocas.

 

Sarandón, Zuluaga y Golik de la UNLP, evaluaron sobre un suelo Argiudol típico, el efecto del tipo y forma de aplicación del N, en la acumulación y partición de la materia seca y el N, bajo dos sistemas de labranza (reja y cincel).

Se observó un efecto significativo de la fertilización sobre la producción y partición de la materia seca, pero que no dependió del momento de aplicación del fertilizante. A diferencia de lo encontrado en SD (Sarandón et al. 1997) la respuesta en las parcelas con cincel fue similar a la encontrada en reja indicando la ausencia de algún impedimento para la utilización del N.

No se observaron diferencias entre ambos sistemas de labranza en la producción de macollos ni en la biomasa a fines de macollaje. La fertilización favoreció la generación de macollos en ambos sistemas, independientemente de la forma de aplicación.

 

Bibliografía:

Bono A, Montoya JC, Babinec FJ. 2000. Dosis y momentos de fertilización en trigo en la Región semiárida Pampeana. 17 Congreso Argentino de la Ciencia del Suelo.

Diaz-Zorita M. 2000. Momento de aplicaciones de urea para aumentar la producción de grano de trigo en el oeste bonaerense. 17 Congreso argentino de la Ciencia del Suelo.

Melaj MA, Echeverría HE, Studdert GA, Andrade FH, Barbaro NO, López SC. 2000. Acumulación y partición de nitrógeno en el cultivo de trigo en función del sistema de labranza y momento defertilización nitrogenada. 17 Congreso Argentino de la Ciencia del Suelo.

Ron MM, Loewy T. 2000 Factores de eficiencia del N aplicado en trigo, a la siembra o macollaje. 17 Congreso Argentino de la Ciencia del Suelo.

Sarandón SJ, Zuluaga MS, Golik SI. 2000. Rendimiento, acumulación y partición del N en 2 cultivares de trigo según el momento de aplicación y tipo de fertilizante utilizado, en dos sistemas de labranza (reja y cincel). 17 Congreso Argentino de la Ciencia del Suelo.

Villar JL. 2000. Evolución del nitrógeno en el sistema suelo-planta durante el ciclo de crecimiento del trigo en el centro de Santa Fe. 17 Congreso Argentino de la Ciencia del Suelo.

 

Vea este y otros trabajos en el sitio oficial del Proyecto Fertilizar - INTA

 

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