Se consolida la producción de arándanos en la
Argentina. Las causas que sustentan este crecimiento son evidentes; las
colocaciones externas en la última campaña alcanzaron las 500 toneladas, la
devaluación potenció la rentabilidad del "berrie de sangre azul" y
mejoró el paquete tecnológico disponible en el país. A esto debe sumarse que
el consumo de "blueberries" en los Estados Unidos creció un 30 por
ciento desde el 2000 por las ahora hiper-publicitadas cualidades nutritivas de
este mítico fruto del bosque. Otro parámetro alentador para la producción
nacional son los números de campaña 2003/2004 que ratifican presunciones de
comienzo de año considerando que los precios registrados en los mercados hasta
el presente son similares o superiores a los obtenidos en las temporadas
anteriores. Se comenzó con un piso de 10 dólares/kilo para fresco (Septiembre
2003) y se prevé para fin de Noviembre un pico de 25 dólares.
La experiencia local de exportación indica que
el 75 por ciento de la producción esta dirigida al mercado de los Estados
Unidos (el resto va a Europa) y, es natural, los consumidores norteamericanos
son los principales demandantes de este berrie y porque desde hace casi una década
no existen restricciones fitosanitarias para ingresar a su siempre atractivo
circuito comercial. Según relevamientos privados se prevé que durante el ciclo
2003/2004 las ventas alcancen las 900 toneladas. Esta claro que los arándanos,
pese a los muchos y controvertidos comentarios en los últimos años, logro
ganarse un lugar dentro de la canasta frutícola argentina aportando varios
millones de dólares al país. No obstante la exigente competencia de Chile
(principal productor del Hemisferio Sur y con exportaciones diez veces mayores a
las nacionales) la fruta local viene ganando prestigio por calidad.
Ahora bien, pese al óptimo futuro que presenta
el arándano por mercados estables e, inclusive, en crecimiento existen diversas
asignaturas pendientes "tranqueras adentro". Y, se sabe, resulta
esencial para no desaprovechar las ventajas que arrojan las oportunidades y
fortalezas debe trabajarse con eficiencia antes de comenzar a producir a través
de una rigurosa planificación si se quiere alcanzar el éxito esperado en términos
productivos y mercantiles y, por ende, minimizar el riesgo de verse sorprendido
por vendedores de ilusiones.
En principio los "cuellos de botella"
en la faz productiva son; la falta de información fidedigna del mercado al
productor, el uso de variedades incorrectas para cada zona y carecer de un
adecuado plan fitosanitario. Debe tenerse presente que se trata de una actividad
con los inconvenientes de cualquier labor agrícola, máxime, que se trata de
plantas con una vida útil de 30 años. Son frecuentes los manejos inadecuados
en labores culturales por desconocimiento de la temática que acarrean serios
problemas; desde ambientales hasta económicos. Y no debe soslayarse que las
cosechas deben direccionarse a los nichos comerciales más atractivos para
maximizar las ganancias, además de buscar óptimos rendimientos (12 ton/ha), la
mayor cantidad de fruta de calidad superior por cultivo (90 por ciento) y de ser
posible tender a la mecanización de la recolección de frutos y tareas
postcosecha.