Curso de Secado y Aireación de Granos y Semillas
UNC - Facultad de Ciencias Agropecuarias
Inicio: 19 de mayo de 2008 - CURSO A DISTANCIA
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Ing. Martín Díaz-Zorita (*)


Manejando la Nutrición Mineral de Cultivos de Girasol

Autor: Ing. Agr. (MSc) Martín Díaz-Zorita
EEA INTA "Gral.Villegas" y Univ. of Kentucky – E-mail: zorita@inta.gov.ar

  

El cultivo de girasol en la República Argentina se extiende desde las provincias de Formosa y Chaco en el Norte hasta el Sur de la de Buenos Aires, en un rango sensiblemente variado de condiciones agroecológicas. Si bien la producción media de grano ha mostrado un marcado crecimiento en los últimos 20 años, los rendimientos actuales (aprox. 1800 kg/ha) contrastan significativamente con los logrados en sistemas intensivos de cultivo (aprox. 4000 kg/ha). En esta brecha se conjugan e interactúan factores ambientales, fisiológicos y de manejo tecnológico del cultivo entre los que se encuentran las deficiencias nutritivas.

El girasol requiere de la provisión de abundantes niveles de agua y nutrientes (Tabla 1), con demandas proporcionales a los rendimientos logrados por lo que el logro de cultivos de alta producción acentúan la necesidad de un adecuado manejo en la provisión de nutrientes.

 

Tabla 1: Requerimientos medios de nutrientes de cultivos de girasol (Blamey y col. 1987)

   

Rendimiento de 4000 kg/ha

  Requerimiento Rastrojos Granos Necesidad total
Nutriente kg/tn de grano

----------------- kg/ha -----------------


Nitrógeno (N) 41 103 62 165
Fósforo (P) 5 16 5 20
Potasio (K) 29 24 91 114
Calcio (Ca) 18 4 66 70
Magnesio (Mg) 11 9 35 44
Azufre (S) 5 7 12 19
Boro (B) 0.07 0.06 0.20 0.26
Cobre (Cu) 0.02 0.05 0.02 0.08
Hierro (Fe) 0.26 0.13 0.91 1.04
Manganeso (Mn) 0.06 0.06 0.16 0.22
Molibedeno (Mo) 0.03 0.02 0.09 0.12
Zinc (Zn) 0.10 0.19 0.20 0.40

 

A nivel mundial son numerosas las experiencias que describen respuestas positivas en la producción de grano y aceite al agregado de fertilizantes. En nuestro país los antecedentes verificables de estudios similares se remontan al inicio de la década del ‘70 intensificándose en la última década con resultados variables pero con una evidente respuesta positiva a la aplicación de fertilizantes. En sistemas de siembra directa los resultados son coincidentes indicándose que la ausencia de remoción del suelo en este sistema induce a una menor fertilidad actual con limitaciones en la provisión de nitrógeno recomendándose la fertilización con dosis moderadas de fertilizantes nitrogenados aún en suelos provenientes de pasturas (Redolatti y col. 2000; Mirassón y col. 2000). Es objetivo de este artículo resumir alguno de los logros de estudios de fertilización de cultivos de girasol de alta producción con especial atención en experiencias con nitrógeno, fósforo y boro ya que han sido descriptos como los elementos que en mayor magnitud y frecuencia limitan la normal producción de girasol en la República Argentina.

 

Fertilización fosfatada

El cultivo de girasol acumula unos 5 kg de fósforo en toda la parte aérea de la planta por cada tonelada de grano que produce. Si bien los requerimientos de este elemento son máximos luego de 40 días de la emergencia de las plántulas, su escasa movilidad en el suelo junto con el proceso de captación (difusión) requieren que la fertilización fosfatada se realice en el momento de la siembra. Este nutriente induce a un aumento en el desarrollo radical, permitiendo una mayor exploración del perfil de suelo. Según un estudio descripto por Valetti e Iriarte (1995), la longitud de las raíces secundarias en el estado de 8 hojas fue de 179,8 m en el tratamiento con 50 kg de superfosfato triple /ha, mientras que en el testigo sólo se extendieron 62,3 m. Otros de los beneficios del agregado de fósforo es el aumento en la velocidad de implantación y en el desarrollo del área foliar del cultivo. Esta respuesta le permite al cultivo lograr una implantación rápida y uniforme.

La respuesta del cultivo al agregado de fósforo es significativa cuando la disponibilidaden la capa superior del suelo , según el método de Bray Kurtz 1, es inferior a 10-12 ppm, lográndose incrementos medios de 400 kg/ha de grano con aplicaciones de 30-40 kg de P2O5/ha. Como los fosfatos son captados por las plantas por mecanismos de difusión, proceso que se reduce en condiciones con bajas temperaturas del suelo, en sistemas de siembra directa o en fechas de siembra temprana, es conveniente el uso de aplicaciones fosfatadas aún en suelos con niveles edáficos de 17 ppm o superiores (Sequeira com.pers.).

Estudios desarrollados en Tres Arroyos (Bs.As.) muestran efectos beneficiosos en aplicaciones profundas del nutriente (10-15 cm de profundidad) en comparación con fertilizaciones convencionales en la línea de siembra (Fig.1). Una explicación de este comportamiento está dado por la mayor probabilidad de disponer humedad en el suelo para solubilizar el fertilizante y facilitar la captación por la planta. En aplicaciones fuera de la línea de siembra y al voleo es indispensable su incorporación en el suelo además de un incremento en aproximadamente un 50 % de la dosis recomendada según el análisis del suelo.

 

Fig. 1: Efecto de la ubicación del fertilizante fosfatado sobre el rendimiento de girasol según dos niveles iniciales de fósforo del suelo (Valetti y Migasso, 1985).

  

En condiciones de suelos con deficiencias de fósforo y pobres en materia orgánica los mejores resultados de fertilización se logran combinando aplicaciones de fósforo en el momento de la siembra y refertilizaciones con nitrógeno en estadios de desarrollo vegetativo (Martín y Marangón, 1990) o total en el momento de la siembra. Aguirrezabal y col. (1996) describen un mayor ritmo de crecimiento de las plantas individuales durante sus primeros estadios cuando se aplican fertilizantes con nitrógeno y con fósforo por debajo de la semilla en el momento de la siembra.

Las fuentes mas comunes para la corrección de deficiencias fosfatadas son el superfosfato triple (46 % de P2O5) y el fosfato diamónico (18 % de N y 46 % de P2O5) aunque el uso de este último en dosis superiores a los 60 kg/ha requiere de la aplicación separada al menos a 2,5 cm de la línea de siembra dado que la liberación de NH3, por la hidrólisis del fertilizante produce daños fitotóxicos sobre las semillas y plántulas del cultivo que afectan su producción. Un estudio desarrollado en la EEA INTA Gral.Villegas en 1998-99 muestra que aún aplicaciones profundas (25 cm) de fosfato diamónico inducen a reducciones en la respuesta del cultivo, si afectar la concentración de materia grasa o la producción de aceite (Tabla 2).

 

Tabla 2: Efecto de localización de un fertilizante nitrogeno-fosfatado líquido sobre la producción de grano y aceite de cultivos de girasol en un Hapludol típico del oeste bonaerense. (Grosso y Díaz-Zorita, inédito)

Fertilización Dosis (l/ha) Rendimiento 
(kg/ha)
MG (%) Aceite
(kg/ha)
Control 0 3906 c 48.5 1894
Profunda 80 3944 c 47.8 1885
  160 3770 b 47.5 1791
Al costado 80 3894 bc 48.2 1877
  160 4755 d 47.5 2259

 

La textura de los suelos y sus contenidos de materia orgánica son importantes a considerar al evaluar los potenciales efectos fitotóxicos de estas aplicaciones. En suelos con texturas arenosas, pobres en materia orgánica o en condiciones de sequía las dosis de riesgo, para evitar estos daños, son significativamente menores. En la Fig.2 se observa que en aplicaciones de 100 kg/ha de fosfato diamónico junto con la semilla se logró una mayor cantidad de plantas de girasol germinadas en el suelo de textura franco fina que en el de textura mas gruesa.

 

Fig. 2: Germinación de cultivos de girasol fertilizados con 100 kg/ha de fosfato diamónico según localización de los fertilizantes en dos suelos con texturas superficiales contrastantes (Sequeira, com.pers.).

Textura Franco Gruesa Textura Franco Fina

 

Fertilización nitrogenada

El nitrógeno es el elemento nutritivo que en mayor medida limita la producción de girasol en la República Argentina y se han descripto respuestas significativas a la aplicación de fertilizantes nitrogenados en todas las regiones girasoleras. Este elemento tiene un rol fundamental al regular el desarrollo del área foliar y su duración verde en el período postfloración con una tasa de absorción y acumulación máxima entre los 25 y 70 días después de la emergencia del cultivo. Los requerimientos medios son de 40-45 kg de nitrógeno por tonelada de grano producida. Asegurando una adecuada provisión de N antes de la iniciación floral (cuando las hojas pasan de posiciones opuestas a alternas) afecta mayormente el número de granos, aplicaciones posteriores sólo modificarían parcialmente el peso de los granos afectando mayormente su contenido de proteína y disminuyendo la concentración de aceite en los granos (Valentinuz, 1999). Cuando la fertilización se realiza en etapas de desarrollo temprano del cultivo (siembra a inicio de floración) se pueden estimular el desarrollo exuberante en biomasa que afecta la duración del área foliar verde postfloración por proliferación de enfermedades o consumos hídricas excesivos que limiten su normal provisión durante el llenado de los granos en condiciones de escasos aportes de agua. Las dosis asociadas a los máximos rendimientos varían entre 40 y 120 kg/ha de N. Niveles excesivos inducen a pérdidas de rendimiento al predisponer el cultivo a enfermedades (Verticilum, Sclerotinia, etc.), a retardos en la maduración, a disminuciones excesivas en el contenido de materia grasa, a quebrados del tallo, al vuelco, etc..

La textura de los suelos es uno de los factores que explica parcialmente diferencias en las respuestas al agregado de nitrógeno. Por ejemplo, Tcach (1979) concluyó que en Chaco, con abundantes precipitaciones entre siembra y floración, las aplicaciones de nitrógeno muestran efectos positivos en suelos de texturas francas no así en los arcillosos en los que los efectos de esta práctica fueron negativos.

En suelos de la región semiárida pampeana, Zingaretti y col (1991) describieron interacciones significativas debidas a la densidad de los cultivos con aumentos en la producción de grano de hasta el 46 % con respecto al testigo sin fertilizar en las condiciones de mayor densidad de plantas. En la EEA INTA Gral.Villegas se observó en dos campañas consecutivas que las aplicaciones de 40 kg/ha de N en estadios de V6 indujeron a mayores rendimientos en cultivos sembrados temprano (Octubre), con densidades entre 47000 y 64000 plantas/ha y con maíz como cultivo antecesor (Tabla 3, Díaz-Zorita y Grosso, 2000).

 

Tabla 3: Porcentaje de respuestas a la aplicación de 40 kg/ha de N en la producción de grano de cultivos de girasol según cultivos antecesores, fecha y densidad de siembra. Campañas 1997-98 y 1998-99 (Díaz-Zorita y Grosso, 2000).

 

 

1997-98 1998-99 Prom.
Antecesor Maíz 11 13 12

 

Verdeo -3 7 3
Fecha Siembra Temprana 4 12 10

 

Tardía 3 3 3
Densidad 5.0 pl/m2 -1 6 3

 

6.4pl/m2 5 14 10

 

7.8pl/m2 5 9 7

 

Estudios desarrollados en la región de la pampa arenosa durante cinco campañas consecutivas muestran aumentos medio del 11 % en la producción de grano por el agregado de 40 u 80 kg/ha de nitrógeno como urea (Fig.3). En promedio, cuando se aplicaron 80 kg/ha de urea se lograron aumentos de 7 kg de grano por kg de nitrógeno aplicado. En el mismo estudio se observó que en condiciones de excesos hídricos (campaña 1997-98) se presentaron reducciones significativas en los rendimientos de grano cuando se aplicaron 160 kg/ha de urea. Observaciones del Dr. A. Ivancovich en el área oeste de la provincia de Buenos Aires durante la campaña 1997-98 muestran que aumentos en la incidencia (porcentaje de plantas con síntomas) de Verticillum daiae durante el estadío R5.9/R6 de cultivos de girasol fertilizados con N coincidieron con aumentos en las dosis de N (Fig. 4).

 

  Fig. 3: Respuesta al agregado de nitrógeno en 119 cultivos de girasol en la región de la pampa arenosa (Duarte y col. 1999).

 

Fig. 4: Incidencia (porcentaje de plantas con síntomas) de Verticillum daiae y nivel de fertilización nitrogenada en un cultivo de girasol en el oeste bonaerense en la campaña 1997-98 (Ivancovich, inédito)

 

En esta misma región se estableció que en campañas con moderada a normal provisión de agua, el nivel de respuesta es condicionado por la disponibilidad de agua para el desarrollo del cultivo, en el momento de la siembra o en floración (Fig.5). En sistemas de siembra directa la disponibilidad del nitrógeno es limitada y se caracterizan por un manejo de mayor conservación y economía del agua por lo que la eficiencia en el uso de fertilizantes con nitrógeno es mayor que en sistemas de labranzas convencionales con remoción (Tabla 4). La duración del período del barbecho, determinado por el cultivo antecesor y el manejo de los rastrojos, influye significativamente sobre la cantidad de agua acumulada en el suelo. Por ejemplo, en el oeste bonaerense es común observar diferencias de hasta 100 mm de agua en el momento de la siembra del girasol entre antecesor maíz (270 mm) y pasturas secadas tardíamente (187 mm) con situaciones intermedias (214 mm) si el antecesor es un verdeo de invierno (Quiroga, 1999). Abundantes estudios son coincidentes en destacar que para el logro de cultivos de girasol de alta producción en sistemas de siembra directa, independientemente de la región considerada, la oferta de N constituye la principal limitante edáfica (Redolotti y col. 2000; Mirassón y col. 2000).

 

Fig.5: Respuesta de cultivos de girasol a la aplicación de nitrógeno y contenido total de agua en el momento de la siembra en suelos de la región de la pampa arenosa (Díaz-Zorita, 1996).

 

Tabla 4: Sistemas de labranza y respuesta de cultivos de girasol fertilizados con 80 kg/ha de urea en un suelo arenoso de la región semiárida pampeana. (Quiroga y col., 1996).

  Prof.(cm) Siembra directa Labr.Convencional
Nitratos (ppm) 0-20 15.8 30.2
  20-40 15.5 18.7
Agua (mm) 0-140 203 180
Respuesta (kg/ha)   + 400 0

 

La continuidad de los sistemas de siembra directa constituyen una importante herramienta para el logro de cultivos de alta producción mejorando el aprovechamiento del fertilizante aplicado. Por ejemplo, Bergh y col (2000) en un estudio de fertilización y sistemas de labranzas para la rotación trigo/girasol en Barrow (Buenos Aires) observaron que cultivos de girasol en sistemas de siembra directa discontinua (labores en el trigo) requerían aplicaciones de 80 kg/ha de N (urea en V6) para el logro de rendimientos similares a los obtenibles con aplicaciones de 40 kg/ha de N en sistemas de siembra directa continua (Fig. 6).

 

Fig. 6: Efecto de la continuidad de sistemas de siembra directa en rotaciones trigo/girasol y fertilización nitrogenada de cultivos de girasol en siembra directa en el centro-sur bonaerense. SD Discontinua = siembra de trigo con laboreo (Bergh y col. 2000)

1

 

Los nitratos acumulados hasta la siembra en los 30-50 cm superficiales son un buen indicador de la disponibilidad de nitrógeno para el cultivo. Estudios desarrollados en el sudeste bonaerense muestran que las respuestas a la fertilización no son significativas en condiciones de suelos con mas de 50 kg de N /ha en los 60 cm superficiales. En el oeste de Buenos Aires, Duarte y col. (1999) observaron respuestas económicas al agregado de urea en mas del 90 % de los sitios en los que los suelos presentaban niveles de N menores a 30 kg/ha. En el Este de la provincia de La Pampa y en el Sur de Córdoba las mayores respuestas al uso de fertilizantes con N se pueden esperar en suelos con niveles medios a altos de P y con bajos contenidos de MO y de N total (Bono y col. 1999). Los rendimientos en grano de cultivos de girasol en Entre Ríos se vieron favorecidos por aumentos en la oferta de nitrógeno (Tabla 5), en especial en suelos con poca disponibilidad de nitrógeno en el momento de la siembra o con escasa capacidad de brindarlo por mineralización.

 

Tabla 5: Nitrógeno edáfico en el momento de la siembra y producción de grano de 33 cultivos de girasol fertilizados con nitrógeno en Entre Ríos (Mistrorigo y col. 1993).

  

Rendimiento (kg/ha)

N NO3 (ppm)

Sin nitrógeno

Con nitrógeno

< 7

1500

2100

7 - 11

1700

2500

11 -16

1730

2200

> 16

1740

1950

 

La producción de materia grasa tiene un requerimiento energético mayor que la producción de hidratos de carbono en los cereales por lo que la eficiencia de aprovechamiento del nitrógeno es significativamente menor en girasol que en otros cultivos de cosecha. Si bien son ampliamente reconocidas las reducciones en los contenidos de materia grasa en la medida que se incrementan los niveles de proteína bruta de los granos al aumentar la disponibilidad de nitrógeno, resultados de estudios en Entre Ríos y en el Oeste bonaerense muestran que las respuestas ajustadas (base 42 % de materia grasa) o la producción de aceite (rendimiento en grano por concentración de materia grasa) aún presentan aumentos significativos con respecto a los tratamientos sin fertilizar (Fig.7).

 

Fig. 7: Rendimiento en grano y rendimientos ajustados (base 42 % de materia grasa) de cultivos de girasol en Entre Ríos (Valentinuz y Mistrorigo, 1997).

 

Con respecto a las herramientas de diagnóstico de necesidades de fertilización nitrogenada la información disponible es muy variada. Los análisis de suelos han mostrado comportamientos adecuados en estudios desarrollados en Entre Ríos y en el sudeste bonaerense, fundamentalmente en suelos someros en los que el espesor explorable por las raíces es limitado. Otras metodologías, aún en desarrollo y calibración consideran los análisis en plantas, tal las desarrolladas para diagnóstico y recomendación de nutrición nitrogenada en maíz y trigo. Entre estas se encuentra el uso de curvas de dilución del nitrógeno total a partir de la biomasa (materia seca). En estados de desarrollo vegetativo del cultivo se puede estimar el contenido de nitrógeno por encima del cual el crecimiento no se encuentra limitado, en condiciones de adecuada provisión de agua y otros nutrientes. La concentración de nitrógeno en la planta que permite alcanzar la máxima tasa de crecimiento es denominada concentración crítica, las que varían de acuerdo a la biomasa (Fig.8).

 

Fig. 8: Nitrógeno en la materia seca y biomasa aérea de plantas de girasol. Resultados experimentales en Balcarce. (Sosa y col. 1996).

Estudios en desarrollo en la región de la pampa arenosa muestran que al incrementarse el contenido de nitrógeno total en el tratamiento testigo (sin fertilización nitrogenada) la respuesta al agregado del nitrógeno disminuye significativamente. Con concentraciones de nitrógeno en la planta superiores a 3.5 % no se esperarían respuestas al agregado de este nutriente, coincidiendo con observaciones realizadas en el sudeste bonaerense (González Montaner y col. 1995).

Otro indicador útil para la detección de deficiencias tempranas de nitrógeno es el índice de nutrición nitrogenada (INN). Este índice se calcula en base al cociente entre la concentración de N en el cultivo con respecto a la concentración crítica estimada a partir de la materia seca. En la medida que el INN tiende a la unidad la respuesta por el agregado de nitrógeno, independientemente de la dosis aplicada, disminuye (Fig. 9)

  

Fig. 9: Indice de nutrición nitrogenada y rendimiento relativo de cultivos de girasol (Duarte y col.1996)

 

La concentración de nitratos en la base de pecíolos de la hoja más joven, también refleja una medida del estado nutricional del cultivo en estadios vegetativos, pudiéndose emplear como alternativa de diagnóstico (Fig.10). Como el contenido de nitrógeno en la planta se encuentra estrechamente vinculado con la concentración de clorofila, la lectura de la intensidad de esta serviría como indicadora del estado de nutrición nitrogenada del cultivo. No obstante, estudios desarrollados en el sudeste bonaerense (González Montaner y col. 1995) y en el oeste bonaerense (Díaz-Zorita, datos no publicados) muestran una débil relación con la proporción de nitrógeno en la planta entera y las lecturas del clorofilómetro o SPAD pero más estrecha con los niveles en el suelo en el momento de la medición (Díaz-Zorita y Grosso, 2000).

 

Fig.10: Contenido de nitratos en jugos de pecíolos de girasol y rendimiento relativo (Díaz-Zorita y Duarte, 1998a).

  

Fertilización con boro

El girasol es una planta particularmente sensible a las deficiencias de boro, esta característica ha sido empleada para el análisis de niveles edáficos de este elemento. Por el contrario, solo recientemente y en sistemas intensivos de producción se ha reconocido a esta deficiencia con una significancia económica importante. Las deficiencias se manifiestan al emerger las plántulas (fallas en el desarrollo y expansión de cotiledones), al aparecer las hojas (pequeñas y deformadas, manchas pardo-rojizas) y durante el desarrollo del cultivo (rotura del tallo y caída de los capítulos, mal llenado de los capítulos, adelantamiento de la madurez, etc.). El sistema radical de las plantas también es afectado, la elongación de las raíces se detiene en condiciones de deficiencias severas de este elemento nutritivo.

Los suelos de textura más fina presentan valores de boro soluble más altos que los de textura gruesa, relacionado en parte con las pérdidas por lavado. Según Ratto de Miguez y Diggs (1990) el área correspondiente al noroeste bonaerense está expuesta con mayor probabilidad que otras áreas de la región pampeana a la ocurrencia de casos de carencias en este elemento. Las deficiencias de boro dependen no sólo de la disponibilidad de este elemento en el suelo sino también de la ocurrencia de situaciones extremas de temperatura y de deficiencias hídricas que alteran su normal provisión a las plantas. Altas temperaturas y sequías regulan la provisión de boro e intensifican los riesgos de aparición de su carencia. Estudios en el oeste bonaerense describen mayores niveles de respuesta en campañas con baja provisión de agua que en campañas con adecuadas condiciones de provisión de agua para los cultivos (Fig. 11).

 

Fig.11: Producción de grano de cultivos de girasol fertilizados con boro en la región de la pampa arenosa. Promedio de 13 sitios en 1995-96 (Díaz-Zorita y Duarte, 1996) b) y de 8 sitios en 1996-97 (Díaz-Zorita, 1997)

 

Existen diversas metodologías de evaluación de la susceptibilidad del cultivo a carencias de boro. En general los análisis de material vegetal (plántulas de hasta 30 días de emergidas, hojas en floración) no resultan confiables dada la heterogeneidad de materiales genéticos presentes en el mercado y las interacciones entre productividad de materia seca y la ocurrencia de interferencias por factores de manejo (ej. Aplicaciones de herbicidas). Los métodos de diagnóstico por análisis de suelos son relativamente sensibles si se consideran los tipos de suelos y otras propiedades ambientales. Por ejemplo, sobre la base de 13 lotes de experimentación en el oeste de Buenos Aires, el 70 % de las diferencias en la respuesta a la aplicación foliar de boro fueron explicados por las variaciones en los contenidos de B en los suelos extraídos por el método de Mehlich III (Fig. 12). Otros estudios sugieren que el reconocimiento visual y la cuantificación de síntomas se relacionan estrechamente con los incrementos en la producción por agregado de este elemento (Diggs y col.1992).

 

Fig. 12: Producción relativa de grano de 13 cultivos de girasol en siembra directa en el oeste bonaerense fertilizados con B en estadios de desarrollo vegetativo (Duarte y Díaz-Zorita, inédito)

  

Las deficiencias de boro pueden ser prevenidas o corregidas tanto por aplicaciones del nutriente al suelo como foliares. En la región pampeana se han descripto aumentos medios del 20 % (Diggs y col. 1992) y de hasta el 33 % en el oeste bonaerense (Díaz-Zorita y Duarte, 1998 b) en la producción de cultivos de girasol mediante aplicaciones foliares. En la mejora de la productividad de los cultivos no sólo se observan incrementos en los rendimientos en grano, sino también en el crecimiento de las plantas y en algunos casos en la concentración de materia grasa de los granos.

 

Fertilizaciones combinadas con azufre

Las fertilizaciones con fuentes azufradas (sulfato de amonio, sulfonitrato de amonio, etc.) están teniendo una creciente difusión en cultivos de cosecha y pasturas en la pampa húmeda. Esta práctica se emplea para cubrir deficiencias de azufre en suelos con potenciales deficiencias, fundamentalmente arenosos y con moderados contenidos de materia orgánica o para balancear los aportes de nitrógeno en cultivos de alta producción. Las experiencias de fertilización de cultivos de girasol con fuentes azufradas son menos frecuentes que las observadas en otros cultivos y con resultados variables. Bono y col. (1999), luego de 3 años de estudios y 44 estudios de fertilización en la región semiárida pampeana, observaron que para lograr cultivos de girasol de alto rendimiento en el área sur de Córdoba se requiere de la aplicación conjunta de nitrógeno, fósforo y azufre. No obstante, en ambientes de menor productividad tales como los evaluados en la región de la planicie arenosa o la planicie con tosca en el Este y en el Norte de La Pampa, la aplicación de azufre no contribuiría significativamente para el logro de cultivos de alto rendimiento (Fig. 13). Resultados preliminares en el oeste bonaerense muestran que el reemplazo de urea por fuentes de nitrógeno con azufre tales como el sulfato de amonio podría ser una posibilidad para atenuar los efectos negativos de excesos nitrogenados sobre la producción de grano en condiciones de abundantes precipitaciones (Grosso y Díaz-Zorita, inédito).

 

Fig. 13: Rendimiento en grano de cultivos de girasol fertilizados con nitrógeno, fósforo y azufre en 3 regiones de la región semiárida pampeana. Promedio de 3 años de estudios (Bono y col. 1999). 

 

CONSIDERACIONES FINALES

En la región pampeana, fósforo, nitrógeno y boro son los elementos que con mayor frecuencia restringen la obtención de cultivos de girasol de alta producción, acordes a los a la oferta de agua y de otros elementos ambientales propios de cada región productiva.

En el caso de fósforo los análisis de suelo constituyen la única alternativa para el diagnóstico de las necesidades de fertilización requiriéndose su aplicación incorporada en suelos con marcadas deficiencias para asegurar la adecuada nutrición del cultivo desde etapas tempranas de desarrollo.

Los cultivos en siembra directa presentan mayores probabilidades de limitaciones de nitrógeno ofreciendo un mejor ambiente para el logro de un mejor aprovechamiento del fertilizante aplicado dada su eficiencia en el manejo de la economía del agua (captación y conservación). Los métodos de diagnóstico, aún en desarrollo, contemplan la determinación de la oferta de nitratos en los suelos o la evaluación de indicadores del estado de nutrición nitrogenada por análisis de plantas y foliares. La textura de los suelos, la disponibilidad de agua y la densidad de plantas junto con la presencia de enfermedades son algunos de los factores ambientales y de manejo que regulan la magnitud de las respuestas al agregado de fertilizantes con nitrógeno.

Suelos de texturas gruesa con mediana provisión de materia orgánica y cultivos de alta producción constituyen ambientes con potenciales deficiencas en boro que pueden detectarse por medio de análisis de suelos y observaciones de síntomatologías específicas en las plantas desde estadios de desarrollo temprano. En estas condiciones las aplicaciones foliares de boro han mostrado relevantes aumentos en la producción de grano y aceite.

 

REFERENCIAS

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Vea este y otros trabajos en el sitio oficial de INPOFOS Cono Sur.

 

Biblioteca


(*) Ingeniero Agrónomo (Universidad Nacional de La Pampa, Arg.), Magíster en Ciencias Agrícolas (Universidad Nacional del Sur, Bahía Blanca, Arg.) y Ph. D en Ciencias del Suelo (Universidad de Kentucky, EEUU).

Investigador especialista en Manejo y Conservación de Suelos en la Estación Experimental Agropecuaria del INTA en General Villegas (Bs.As.). Editor de revistas de investigación

Ha publicado más de 50 artículos en revistas científicas y más de 200 en congresos y publicaciones de divulgación técnica en temáticas de su especialidad. Además es co-editor de un libro sobre fertilidad de suelos y fertilización y autor de 10 capítulos en libros del área de manejo y fertilidad de suelos.

 
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