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Ing. Martín Díaz-Zorita (*)  |
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Manejando la Nutrición Mineral de Cultivos de Girasol |
Autor: Ing. Agr. (MSc)
Martín Díaz-Zorita
EEA INTA "Gral.Villegas" y Univ. of Kentucky – E-mail: zorita@inta.gov.ar
El cultivo de girasol en
la República Argentina se extiende desde las provincias de Formosa y Chaco en
el Norte hasta el Sur de la de Buenos Aires, en un rango sensiblemente variado
de condiciones agroecológicas. Si bien la producción media de grano ha
mostrado un marcado crecimiento en los últimos 20 años, los rendimientos
actuales (aprox. 1800 kg/ha) contrastan significativamente con los logrados en
sistemas intensivos de cultivo (aprox. 4000 kg/ha). En esta brecha se conjugan e
interactúan factores ambientales, fisiológicos y de manejo tecnológico del
cultivo entre los que se encuentran las deficiencias nutritivas.
El girasol requiere de
la provisión de abundantes niveles de agua y nutrientes (Tabla 1), con demandas
proporcionales a los rendimientos logrados por lo que el logro de cultivos de
alta producción acentúan la necesidad de un adecuado manejo en la provisión
de nutrientes.
Tabla 1:
Requerimientos medios de nutrientes de cultivos de girasol (Blamey y col.
1987)
| |
|
|
Rendimiento de
4000 kg/ha |
| |
Requerimiento |
|
Rastrojos |
Granos |
Necesidad
total |
| Nutriente |
kg/tn
de grano |
|
-----------------
kg/ha ----------------- |
|
| Nitrógeno
(N) |
41 |
|
103 |
62 |
165 |
| Fósforo
(P) |
5 |
|
16 |
5 |
20 |
| Potasio
(K) |
29 |
|
24 |
91 |
114 |
| Calcio
(Ca) |
18 |
|
4 |
66 |
70 |
| Magnesio
(Mg) |
11 |
|
9 |
35 |
44 |
| Azufre
(S) |
5 |
|
7 |
12 |
19 |
| Boro
(B) |
0.07 |
|
0.06 |
0.20 |
0.26 |
| Cobre
(Cu) |
0.02 |
|
0.05 |
0.02 |
0.08 |
| Hierro
(Fe) |
0.26 |
|
0.13 |
0.91 |
1.04 |
| Manganeso
(Mn) |
0.06 |
|
0.06 |
0.16 |
0.22 |
| Molibedeno
(Mo) |
0.03 |
|
0.02 |
0.09 |
0.12 |
| Zinc
(Zn) |
0.10 |
|
0.19 |
0.20 |
0.40 |
A nivel mundial son
numerosas las experiencias que describen respuestas positivas en la producción
de grano y aceite al agregado de fertilizantes. En nuestro país los
antecedentes verificables de estudios similares se remontan al inicio de la
década del ‘70 intensificándose en la última década con resultados
variables pero con una evidente respuesta positiva a la aplicación de
fertilizantes. En sistemas de siembra directa los resultados son coincidentes
indicándose que la ausencia de remoción del suelo en este sistema induce a una
menor fertilidad actual con limitaciones en la provisión de nitrógeno
recomendándose la fertilización con dosis moderadas de fertilizantes
nitrogenados aún en suelos provenientes de pasturas (Redolatti y col. 2000;
Mirassón y col. 2000). Es objetivo de este artículo resumir alguno de los
logros de estudios de fertilización de cultivos de girasol de alta producción
con especial atención en experiencias con nitrógeno, fósforo y boro ya que
han sido descriptos como los elementos que en mayor magnitud y frecuencia
limitan la normal producción de girasol en la República Argentina.
Fertilización fosfatada
El cultivo de girasol
acumula unos 5 kg de fósforo en toda la parte aérea de la planta por cada
tonelada de grano que produce. Si bien los requerimientos de este elemento son
máximos luego de 40 días de la emergencia de las plántulas, su escasa
movilidad en el suelo junto con el proceso de captación (difusión) requieren
que la fertilización fosfatada se realice en el momento de la siembra. Este
nutriente induce a un aumento en el desarrollo radical, permitiendo una mayor
exploración del perfil de suelo. Según un estudio descripto por Valetti e
Iriarte (1995), la longitud de las raíces secundarias en el estado de 8 hojas
fue de 179,8 m en el tratamiento con 50 kg de superfosfato triple /ha, mientras
que en el testigo sólo se extendieron 62,3 m. Otros de los beneficios del
agregado de fósforo es el aumento en la velocidad de implantación y en el
desarrollo del área foliar del cultivo. Esta respuesta le permite al cultivo
lograr una implantación rápida y uniforme.
La respuesta del cultivo
al agregado de fósforo es significativa cuando la disponibilidaden la capa
superior del suelo , según el método de Bray Kurtz 1, es inferior a 10-12
ppm, lográndose incrementos medios de 400 kg/ha de grano con aplicaciones
de 30-40 kg de P2O5/ha. Como los fosfatos son captados por
las plantas por mecanismos de difusión, proceso que se reduce en condiciones
con bajas temperaturas del suelo, en sistemas de siembra directa o en fechas de
siembra temprana, es conveniente el uso de aplicaciones fosfatadas aún en
suelos con niveles edáficos de 17 ppm o superiores (Sequeira com.pers.).
Estudios desarrollados
en Tres Arroyos (Bs.As.) muestran efectos beneficiosos en aplicaciones profundas
del nutriente (10-15 cm de profundidad) en comparación con fertilizaciones
convencionales en la línea de siembra (Fig.1). Una explicación de este
comportamiento está dado por la mayor probabilidad de disponer humedad en el
suelo para solubilizar el fertilizante y facilitar la captación por la planta.
En aplicaciones fuera de la línea de siembra y al voleo es indispensable su
incorporación en el suelo además de un incremento en aproximadamente un 50 %
de la dosis recomendada según el análisis del suelo.
Fig. 1: Efecto de la
ubicación del fertilizante fosfatado sobre el rendimiento de girasol según dos
niveles iniciales de fósforo del suelo (Valetti y Migasso, 1985).
En condiciones de suelos
con deficiencias de fósforo y pobres en materia orgánica los mejores
resultados de fertilización se logran combinando aplicaciones de fósforo en el
momento de la siembra y refertilizaciones con nitrógeno en estadios de
desarrollo vegetativo (Martín y Marangón, 1990) o total en el momento de la
siembra. Aguirrezabal y col. (1996) describen un mayor ritmo de crecimiento de
las plantas individuales durante sus primeros estadios cuando se aplican
fertilizantes con nitrógeno y con fósforo por debajo de la semilla en el
momento de la siembra.
Las fuentes mas comunes
para la corrección de deficiencias fosfatadas son el superfosfato triple (46 %
de P2O5) y el fosfato diamónico (18 % de N y 46 % de P2O5)
aunque el uso de este último en dosis superiores a los 60 kg/ha requiere de la
aplicación separada al menos a 2,5 cm de la línea de siembra dado que la
liberación de NH3, por la hidrólisis del fertilizante produce
daños fitotóxicos sobre las semillas y plántulas del cultivo que afectan su
producción. Un estudio desarrollado en la EEA INTA Gral.Villegas en 1998-99
muestra que aún aplicaciones profundas (25 cm) de fosfato diamónico inducen a
reducciones en la respuesta del cultivo, si afectar la concentración de materia
grasa o la producción de aceite (Tabla 2).
Tabla 2: Efecto de
localización de un fertilizante nitrogeno-fosfatado líquido sobre la
producción de grano y aceite de cultivos de girasol en un Hapludol típico
del oeste bonaerense. (Grosso y Díaz-Zorita, inédito)
| Fertilización |
Dosis
(l/ha) |
Rendimiento
(kg/ha) |
MG
(%) |
Aceite
(kg/ha) |
| Control |
0 |
3906
c |
48.5 |
1894 |
| Profunda |
80 |
3944
c |
47.8 |
1885 |
| |
160 |
3770
b |
47.5 |
1791 |
| Al
costado |
80 |
3894
bc |
48.2 |
1877 |
| |
160 |
4755
d |
47.5 |
2259 |
La textura de los suelos
y sus contenidos de materia orgánica son importantes a considerar al evaluar
los potenciales efectos fitotóxicos de estas aplicaciones. En suelos con
texturas arenosas, pobres en materia orgánica o en condiciones de sequía las
dosis de riesgo, para evitar estos daños, son significativamente menores. En la
Fig.2 se observa que en aplicaciones de 100 kg/ha de fosfato diamónico junto
con la semilla se logró una mayor cantidad de plantas de girasol germinadas en
el suelo de textura franco fina que en el de textura mas gruesa.
Fig. 2: Germinación de
cultivos de girasol fertilizados con 100 kg/ha de fosfato diamónico según
localización de los fertilizantes en dos suelos con texturas superficiales
contrastantes (Sequeira, com.pers.).
| Textura Franco
Gruesa |
Textura Franco
Fina |
 |
 |
Fertilización
nitrogenada
El nitrógeno es el
elemento nutritivo que en mayor medida limita la producción de girasol en la
República Argentina y se han descripto respuestas significativas a la
aplicación de fertilizantes nitrogenados en todas las regiones girasoleras.
Este elemento tiene un rol fundamental al regular el desarrollo del área foliar
y su duración verde en el período postfloración con una tasa de absorción y
acumulación máxima entre los 25 y 70 días después de la emergencia del
cultivo. Los requerimientos medios son de 40-45 kg de nitrógeno por tonelada de
grano producida. Asegurando una adecuada provisión de N antes de la iniciación
floral (cuando las hojas pasan de posiciones opuestas a alternas) afecta
mayormente el número de granos, aplicaciones posteriores sólo modificarían
parcialmente el peso de los granos afectando mayormente su contenido de
proteína y disminuyendo la concentración de aceite en los granos (Valentinuz,
1999). Cuando la fertilización se realiza en etapas de desarrollo temprano del
cultivo (siembra a inicio de floración) se pueden estimular el desarrollo
exuberante en biomasa que afecta la duración del área foliar verde
postfloración por proliferación de enfermedades o consumos hídricas excesivos
que limiten su normal provisión durante el llenado de los granos en condiciones
de escasos aportes de agua. Las dosis asociadas a los máximos rendimientos
varían entre 40 y 120 kg/ha de N. Niveles excesivos inducen a pérdidas de
rendimiento al predisponer el cultivo a enfermedades (Verticilum,
Sclerotinia, etc.), a retardos en la maduración, a disminuciones excesivas
en el contenido de materia grasa, a quebrados del tallo, al vuelco, etc..
La textura de los suelos
es uno de los factores que explica parcialmente diferencias en las respuestas al
agregado de nitrógeno. Por ejemplo, Tcach (1979) concluyó que en Chaco, con
abundantes precipitaciones entre siembra y floración, las aplicaciones de
nitrógeno muestran efectos positivos en suelos de texturas francas no así en
los arcillosos en los que los efectos de esta práctica fueron negativos.
En suelos de la región
semiárida pampeana, Zingaretti y col (1991) describieron interacciones
significativas debidas a la densidad de los cultivos con aumentos en la
producción de grano de hasta el 46 % con respecto al testigo sin fertilizar en
las condiciones de mayor densidad de plantas. En la EEA INTA Gral.Villegas se
observó en dos campañas consecutivas que las aplicaciones de 40 kg/ha de N en
estadios de V6 indujeron a mayores rendimientos en cultivos sembrados temprano
(Octubre), con densidades entre 47000 y 64000 plantas/ha y con maíz como
cultivo antecesor (Tabla 3, Díaz-Zorita y Grosso, 2000).
Tabla 3: Porcentaje de
respuestas a la aplicación de 40 kg/ha de N en la producción de grano de
cultivos de girasol según cultivos antecesores, fecha y densidad de siembra.
Campañas 1997-98 y 1998-99 (Díaz-Zorita y Grosso, 2000).
|
|
|
1997-98 |
1998-99 |
Prom. |
| Antecesor |
Maíz |
11 |
13 |
12 |
|
|
Verdeo |
-3 |
7 |
3 |
| Fecha
Siembra |
Temprana |
4 |
12 |
10 |
|
|
Tardía |
3 |
3 |
3 |
| Densidad |
5.0
pl/m2 |
-1 |
6 |
3 |
|
|
6.4pl/m2 |
5 |
14 |
10 |
|
|
7.8pl/m2 |
5 |
9 |
7 |
Estudios desarrollados
en la región de la pampa arenosa durante cinco campañas consecutivas muestran
aumentos medio del 11 % en la producción de grano por el agregado de 40 u 80
kg/ha de nitrógeno como urea (Fig.3). En promedio, cuando se aplicaron 80 kg/ha
de urea se lograron aumentos de 7 kg de grano por kg de nitrógeno aplicado. En
el mismo estudio se observó que en condiciones de excesos hídricos (campaña
1997-98) se presentaron reducciones significativas en los rendimientos de grano
cuando se aplicaron 160 kg/ha de urea. Observaciones del
Dr. A. Ivancovich en el área oeste de la provincia de Buenos Aires
durante la campaña 1997-98 muestran que aumentos en la incidencia (porcentaje
de plantas con síntomas) de Verticillum daiae durante el estadío
R5.9/R6 de cultivos de girasol fertilizados con N coincidieron con aumentos en
las dosis de N (Fig. 4).
Fig. 3: Respuesta
al agregado de nitrógeno en 119 cultivos de girasol en la región de la pampa
arenosa (Duarte y col. 1999).
Fig. 4: Incidencia
(porcentaje de plantas con síntomas) de Verticillum daiae y nivel de
fertilización nitrogenada en un cultivo de girasol en el oeste bonaerense en la
campaña 1997-98 (Ivancovich, inédito)
En esta misma región se
estableció que en campañas con moderada a normal provisión de agua, el nivel
de respuesta es condicionado por la disponibilidad de agua para el desarrollo
del cultivo, en el momento de la siembra o en floración (Fig.5). En sistemas de
siembra directa la disponibilidad del nitrógeno es limitada y se caracterizan
por un manejo de mayor conservación y economía del agua por lo que la
eficiencia en el uso de fertilizantes con nitrógeno es mayor que en sistemas de
labranzas convencionales con remoción (Tabla 4). La duración del período del
barbecho, determinado por el cultivo antecesor y el manejo de los rastrojos,
influye significativamente sobre la cantidad de agua acumulada en el suelo. Por
ejemplo, en el oeste bonaerense es común observar diferencias de hasta 100 mm
de agua en el momento de la siembra del girasol entre antecesor maíz (270 mm) y
pasturas secadas tardíamente (187 mm) con situaciones intermedias (214 mm) si
el antecesor es un verdeo de invierno (Quiroga, 1999). Abundantes estudios son
coincidentes en destacar que para el logro de cultivos de girasol de alta
producción en sistemas de siembra directa, independientemente de la región
considerada, la oferta de N constituye la principal limitante edáfica
(Redolotti y col. 2000; Mirassón y col. 2000).
Fig.5: Respuesta de
cultivos de girasol a la aplicación de nitrógeno y contenido total de agua
en el momento de la siembra en suelos de la región de la pampa arenosa
(Díaz-Zorita, 1996).
Tabla 4: Sistemas de
labranza y respuesta de cultivos de girasol fertilizados con 80 kg/ha de urea
en un suelo arenoso de la región semiárida pampeana. (Quiroga y col., 1996).
| |
Prof.(cm) |
Siembra
directa |
Labr.Convencional |
| Nitratos
(ppm) |
0-20 |
15.8 |
30.2 |
| |
20-40 |
15.5 |
18.7 |
| Agua
(mm) |
0-140 |
203 |
180 |
| Respuesta
(kg/ha) |
|
+
400 |
0 |
La continuidad de los
sistemas de siembra directa constituyen una importante herramienta para el logro
de cultivos de alta producción mejorando el aprovechamiento del fertilizante
aplicado. Por ejemplo, Bergh y col (2000) en un estudio de fertilización y
sistemas de labranzas para la rotación trigo/girasol en Barrow (Buenos Aires)
observaron que cultivos de girasol en sistemas de siembra directa discontinua
(labores en el trigo) requerían aplicaciones de 80 kg/ha de N (urea en V6) para
el logro de rendimientos similares a los obtenibles con aplicaciones de 40 kg/ha
de N en sistemas de siembra directa continua (Fig. 6).
Fig. 6: Efecto de la
continuidad de sistemas de siembra directa en rotaciones trigo/girasol y
fertilización nitrogenada de cultivos de girasol en siembra directa en el
centro-sur bonaerense. SD Discontinua = siembra de trigo con laboreo (Bergh y
col. 2000)
1 |
Los nitratos acumulados
hasta la siembra en los 30-50 cm superficiales son un buen indicador de la
disponibilidad de nitrógeno para el cultivo. Estudios desarrollados en el
sudeste bonaerense muestran que las respuestas a la fertilización no son
significativas en condiciones de suelos con mas de 50 kg de N /ha en los
60 cm superficiales. En el oeste de Buenos Aires, Duarte y col. (1999)
observaron respuestas económicas al agregado de urea en mas del 90 % de los
sitios en los que los suelos presentaban niveles de N menores a 30 kg/ha. En el
Este de la provincia de La Pampa y en el Sur de Córdoba las mayores respuestas
al uso de fertilizantes con N se pueden esperar en suelos con niveles medios a
altos de P y con bajos contenidos de MO y de N total (Bono y col. 1999). Los
rendimientos en grano de cultivos de girasol en Entre Ríos se vieron
favorecidos por aumentos en la oferta de nitrógeno (Tabla 5), en especial en
suelos con poca disponibilidad de nitrógeno en el momento de la siembra o con
escasa capacidad de brindarlo por mineralización.
Tabla 5: Nitrógeno
edáfico en el momento de la siembra y producción de grano de 33 cultivos
de girasol fertilizados con nitrógeno en Entre Ríos (Mistrorigo y col.
1993).
|
|
Rendimiento
(kg/ha) |
|
N NO3
(ppm) |
Sin nitrógeno |
Con nitrógeno |
|
< 7 |
1500 |
2100 |
|
7 - 11 |
1700 |
2500 |
|
11 -16 |
1730 |
2200 |
|
> 16 |
1740 |
1950 |
La producción de
materia grasa tiene un requerimiento energético mayor que la producción de
hidratos de carbono en los cereales por lo que la eficiencia de aprovechamiento
del nitrógeno es significativamente menor en girasol que en otros cultivos de
cosecha. Si bien son ampliamente reconocidas las reducciones en los contenidos
de materia grasa en la medida que se incrementan los niveles de proteína bruta
de los granos al aumentar la disponibilidad de nitrógeno, resultados de
estudios en Entre Ríos y en el Oeste bonaerense muestran que las respuestas
ajustadas (base 42 % de materia grasa) o la producción de aceite (rendimiento
en grano por concentración de materia grasa) aún presentan aumentos
significativos con respecto a los tratamientos sin fertilizar (Fig.7).
Fig. 7: Rendimiento
en grano y rendimientos ajustados (base 42 % de materia grasa) de cultivos
de girasol en Entre Ríos (Valentinuz y Mistrorigo, 1997).
Con respecto a las
herramientas de diagnóstico de necesidades de fertilización nitrogenada la
información disponible es muy variada. Los análisis de suelos han mostrado
comportamientos adecuados en estudios desarrollados en Entre Ríos y en el
sudeste bonaerense, fundamentalmente en suelos someros en los que el espesor
explorable por las raíces es limitado. Otras metodologías, aún en desarrollo
y calibración consideran los análisis en plantas, tal las desarrolladas para
diagnóstico y recomendación de nutrición nitrogenada en maíz y trigo. Entre
estas se encuentra el uso de curvas de dilución del nitrógeno total a partir
de la biomasa (materia seca). En estados de desarrollo vegetativo del cultivo se
puede estimar el contenido de nitrógeno por encima del cual el crecimiento no
se encuentra limitado, en condiciones de adecuada provisión de agua y otros
nutrientes. La concentración de nitrógeno en la planta que permite alcanzar la
máxima tasa de crecimiento es denominada concentración crítica, las que
varían de acuerdo a la biomasa (Fig.8).
Fig. 8: Nitrógeno en la
materia seca y biomasa aérea de plantas de girasol. Resultados experimentales
en Balcarce. (Sosa y col. 1996).
Estudios en desarrollo
en la región de la pampa arenosa muestran que al incrementarse el contenido de
nitrógeno total en el tratamiento testigo (sin fertilización nitrogenada) la
respuesta al agregado del nitrógeno disminuye significativamente. Con
concentraciones de nitrógeno en la planta superiores a 3.5 % no se esperarían
respuestas al agregado de este nutriente, coincidiendo con observaciones
realizadas en el sudeste bonaerense (González Montaner y col. 1995).
Otro indicador útil
para la detección de deficiencias tempranas de nitrógeno es el índice de
nutrición nitrogenada (INN). Este índice se calcula en base al cociente entre
la concentración de N en el cultivo con respecto a la concentración crítica
estimada a partir de la materia seca. En la medida que el INN tiende a la unidad
la respuesta por el agregado de nitrógeno, independientemente de la dosis
aplicada, disminuye (Fig. 9)
Fig. 9: Indice de
nutrición nitrogenada y rendimiento relativo de cultivos de girasol (Duarte y
col.1996)
La concentración de
nitratos en la base de pecíolos de la hoja más joven, también refleja una
medida del estado nutricional del cultivo en estadios vegetativos, pudiéndose
emplear como alternativa de diagnóstico (Fig.10). Como el contenido de
nitrógeno en la planta se encuentra estrechamente vinculado con la
concentración de clorofila, la lectura de la intensidad de esta serviría como
indicadora del estado de nutrición nitrogenada del cultivo. No obstante,
estudios desarrollados en el sudeste bonaerense (González Montaner y col. 1995)
y en el oeste bonaerense (Díaz-Zorita, datos no publicados) muestran una débil
relación con la proporción de nitrógeno en la planta entera y las lecturas
del clorofilómetro o SPAD pero más estrecha con los niveles en el suelo en el
momento de la medición (Díaz-Zorita y Grosso, 2000).
Fig.10: Contenido de
nitratos en jugos de pecíolos de girasol y rendimiento relativo (Díaz-Zorita y
Duarte, 1998a).
Fertilización con boro
El girasol es una planta
particularmente sensible a las deficiencias de boro, esta característica ha
sido empleada para el análisis de niveles edáficos de este elemento. Por el
contrario, solo recientemente y en sistemas intensivos de producción se ha
reconocido a esta deficiencia con una significancia económica importante. Las
deficiencias se manifiestan al emerger las plántulas (fallas en el desarrollo y
expansión de cotiledones), al aparecer las hojas (pequeñas y deformadas,
manchas pardo-rojizas) y durante el desarrollo del cultivo (rotura del tallo y
caída de los capítulos, mal llenado de los capítulos, adelantamiento de la
madurez, etc.). El sistema radical de las plantas también es afectado, la
elongación de las raíces se detiene en condiciones de deficiencias severas de
este elemento nutritivo.
Los suelos de textura
más fina presentan valores de boro soluble más altos que los de textura
gruesa, relacionado en parte con las pérdidas por lavado. Según Ratto de
Miguez y Diggs (1990) el área correspondiente al noroeste bonaerense está
expuesta con mayor probabilidad que otras áreas de la región pampeana a la
ocurrencia de casos de carencias en este elemento. Las deficiencias de boro
dependen no sólo de la disponibilidad de este elemento en el suelo sino
también de la ocurrencia de situaciones extremas de temperatura y de
deficiencias hídricas que alteran su normal provisión a las plantas. Altas
temperaturas y sequías regulan la provisión de boro e intensifican los riesgos
de aparición de su carencia. Estudios en el oeste bonaerense describen mayores
niveles de respuesta en campañas con baja provisión de agua que en campañas
con adecuadas condiciones de provisión de agua para los cultivos (Fig. 11).
Fig.11: Producción de
grano de cultivos de girasol fertilizados con boro en la región de la pampa
arenosa. Promedio de 13 sitios en 1995-96 (Díaz-Zorita y Duarte, 1996) b) y de
8 sitios en 1996-97 (Díaz-Zorita, 1997)
Existen diversas
metodologías de evaluación de la susceptibilidad del cultivo a carencias de
boro. En general los análisis de material vegetal (plántulas de hasta 30 días
de emergidas, hojas en floración) no resultan confiables dada la heterogeneidad
de materiales genéticos presentes en el mercado y las interacciones entre
productividad de materia seca y la ocurrencia de interferencias por factores de
manejo (ej. Aplicaciones de herbicidas). Los métodos de diagnóstico por
análisis de suelos son relativamente sensibles si se consideran los tipos de
suelos y otras propiedades ambientales. Por ejemplo, sobre la base de 13 lotes
de experimentación en el oeste de Buenos Aires, el 70 % de las diferencias en
la respuesta a la aplicación foliar de boro fueron explicados por las
variaciones en los contenidos de B en los suelos extraídos por el método de
Mehlich III (Fig. 12). Otros estudios sugieren que el reconocimiento visual y la
cuantificación de síntomas se relacionan estrechamente con los incrementos en
la producción por agregado de este elemento (Diggs y col.1992).
Fig. 12: Producción
relativa de grano de 13 cultivos de girasol en siembra directa en el oeste
bonaerense fertilizados con B en estadios de desarrollo vegetativo (Duarte y
Díaz-Zorita, inédito)
Las deficiencias de boro
pueden ser prevenidas o corregidas tanto por aplicaciones del nutriente al suelo
como foliares. En la región pampeana se han descripto aumentos medios del 20 %
(Diggs y col. 1992) y de hasta el 33 % en el oeste bonaerense
(Díaz-Zorita y Duarte, 1998 b) en la producción de cultivos de girasol
mediante aplicaciones foliares. En la mejora de la productividad de los cultivos
no sólo se observan incrementos en los rendimientos en grano, sino también en
el crecimiento de las plantas y en algunos casos en la concentración de materia
grasa de los granos.
Fertilizaciones
combinadas con azufre
Las fertilizaciones con
fuentes azufradas (sulfato de amonio, sulfonitrato de amonio, etc.) están
teniendo una creciente difusión en cultivos de cosecha y pasturas en la pampa
húmeda. Esta práctica se emplea para cubrir deficiencias de azufre en suelos
con potenciales deficiencias, fundamentalmente arenosos y con moderados
contenidos de materia orgánica o para balancear los aportes de nitrógeno en
cultivos de alta producción. Las experiencias de fertilización de cultivos de
girasol con fuentes azufradas son menos frecuentes que las observadas en otros
cultivos y con resultados variables. Bono y col. (1999), luego de 3 años de
estudios y 44 estudios de fertilización en la región semiárida pampeana,
observaron que para lograr cultivos de girasol de alto rendimiento en el área
sur de Córdoba se requiere de la aplicación conjunta de nitrógeno, fósforo y
azufre. No obstante, en ambientes de menor productividad tales como los
evaluados en la región de la planicie arenosa o la planicie con tosca en el
Este y en el Norte de La Pampa, la aplicación de azufre no contribuiría
significativamente para el logro de cultivos de alto rendimiento (Fig. 13).
Resultados preliminares en el oeste bonaerense muestran que el reemplazo de urea
por fuentes de nitrógeno con azufre tales como el sulfato de amonio podría ser
una posibilidad para atenuar los efectos negativos de excesos nitrogenados sobre
la producción de grano en condiciones de abundantes precipitaciones (Grosso y
Díaz-Zorita, inédito).
Fig. 13: Rendimiento en
grano de cultivos de girasol fertilizados con nitrógeno, fósforo y azufre en 3
regiones de la región semiárida pampeana. Promedio de 3 años de estudios
(Bono y col. 1999).
CONSIDERACIONES FINALES
En la región pampeana,
fósforo, nitrógeno y boro son los elementos que con mayor frecuencia
restringen la obtención de cultivos de girasol de alta producción, acordes a
los a la oferta de agua y de otros elementos ambientales propios de cada región
productiva.
En el caso de fósforo
los análisis de suelo constituyen la única alternativa para el diagnóstico de
las necesidades de fertilización requiriéndose su aplicación incorporada en
suelos con marcadas deficiencias para asegurar la adecuada nutrición del
cultivo desde etapas tempranas de desarrollo.
Los cultivos en
siembra directa presentan mayores probabilidades de limitaciones de nitrógeno
ofreciendo un mejor ambiente para el logro de un mejor aprovechamiento del
fertilizante aplicado dada su eficiencia en el manejo de la economía del agua
(captación y conservación). Los métodos de diagnóstico, aún en desarrollo,
contemplan la determinación de la oferta de nitratos en los suelos o la
evaluación de indicadores del estado de nutrición nitrogenada por análisis de
plantas y foliares. La textura de los suelos, la disponibilidad de agua y la
densidad de plantas junto con la presencia de enfermedades son algunos de los
factores ambientales y de manejo que regulan la magnitud de las respuestas al
agregado de fertilizantes con nitrógeno.
Suelos de texturas
gruesa con mediana provisión de materia orgánica y cultivos de alta
producción constituyen ambientes con potenciales deficiencas en boro que
pueden detectarse por medio de análisis de suelos y observaciones de
síntomatologías específicas en las plantas desde estadios de desarrollo
temprano. En estas condiciones las aplicaciones foliares de boro han mostrado
relevantes aumentos en la producción de grano y aceite.
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Cono Sur.
Biblioteca
(*) Ingeniero Agrónomo (Universidad Nacional de La Pampa,
Arg.), Magíster en Ciencias Agrícolas (Universidad Nacional del Sur, Bahía
Blanca, Arg.) y Ph. D en Ciencias del Suelo (Universidad de Kentucky, EEUU).
Investigador especialista en Manejo y Conservación de
Suelos en la Estación Experimental Agropecuaria del INTA en General Villegas
(Bs.As.). Editor de revistas de investigación
Ha publicado más de 50 artículos en revistas científicas
y más de 200 en congresos y publicaciones de divulgación técnica en temáticas
de su especialidad. Además es co-editor de un libro sobre fertilidad de
suelos y fertilización y autor de 10 capítulos en libros del área de manejo y
fertilidad de suelos.
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