El fósforo (P) junto
con el nitrógeno son los dos nutrientes que con mayor frecuencia afectan la
producción del trigo en las distintas regiones trigueras del país. En los
primeros trabajos realizados en la década del 70, la mayor respuesta a P en
trigo fue encontrada en el Sudeste y Centro Sur de la Pcia. de Buenos Aires
(Berardo 1994; Loewy y Ron, 1997). Sin embargo, con la expansión e
intensificación de la agricultura se ha acentuado el empobrecimiento de este
nutriente, en una magnitud variable en distintas áreas dentro de la Región
Pampeana. Las mayores pérdidas le corresponden a las zonas centro y norte de la
misma, por la incorporación cada vez mas frecuente de la soja dentro de la
rotación.
La producción de este
cultivo, de altos requerimientos de P, se ha realizado hasta el presente
principalmente a expensas del P nativo del suelo, por la falta de fertilización
del cultivo. Las pérdidas de P total del suelo encontradas en distintos
trabajos, alcanzan valores superiores al 50% en la capa arable, siendo la
materia orgánica, al igual que para el nitrógeno y el azufre, la principal
fuente de aporte para los cultivos, a través de su mineralización y pérdida.
La pérdida de 1% de materia orgánica en la capa arable, a título de ejemplo,
implica una mineralización y posterior consumo por los cultivos de 100 a 120
kg/ha de P (equivalente a la extracción de diez cosechas de trigo de 3500 kg/ha
de rendimientos promedio).
Los contenidos
originales de P de la capa arable alcanzaban valores en suelos no cultivados de
1000 a 1200 kg/ha y los de P disponibles de 50 a 150 ppm. Hoy día, la reserva
total de este nutriente se ha reducido en hasta 300 a 400 kg/ha, por la alta
extracción y baja reposición del mismo, siendo la fracción mas fácilmente
disponible para las plantas la mas afectada. En zonas muy amplias, distintos
estudios o relevamientos actuales indican que mas del 70% de los suelos
agrícolas presentan contenidos de P extractables inferior a 15 ppm, valor este
por debajo del cual se ve afectada la producción de la mayoría de los cultivos
y de las pasturas.
Los requerimientos de P
para el trigo varían entre 3 y 4 kg de P por tonelada de grano (equivalente a
15-20 kg de Superfosfato triple o Fosfato diamónico). El 80 % del P absorbido
por el cultivo es exportado por el grano y solo el 20 % vuelve al suelo con el
rastrojo. En ensayos realizados durante varios años en el INTA Balcarce, en
suelos con distinta disponibilidad de P y con fertilización fosfatada se
obtuvieron los % de P en grano y los niveles de extracción que se indican en el
Cuadro 1. En función de estos resultados la cantidad de P exportada por el
grano depende no solo de los rendimientos, sino también de la disponibilidad de
P en el suelo o de su aporte por fertilización.
Los efectos de la baja
disponibilidad de P en el suelo, se evidencian desde los primeros estadios de
desarrollo del cultivo, a través de una menor tasa de crecimiento de las hojas
y un menor número de macollos. Estas deficiencias tempranas afectan los
rendimientos y sus efectos son irreversibles si no se fertiliza con este
nutriente en la siembra. Es por tal razón que la fertilización fosfatada debe
realizarse a la siembra, en forma conjunta y equilibrada con la nitrogenada,
para optimizar los rendimientos.
Las recomendaciones de
la fertilización fosfatada se fundamentan principalmente a partir de resultados
de ensayos realizados a nivel zonal o regional en los que entre otros aspectos
se ha evaluado la relación entre el contenido de P disponible (P Bray 1) y los
rendimientos, con la correspondiente respuesta a la fertilización. En estos
estudios normalmente se tiene en cuenta la incidencia de las características de
los suelos (profundidad, textura presencia de capas compactadas), del clima
(disponibilidad hídrica, radiación, temperatura) y otros aspectos del manejo
del cultivo (variedades, fecha de siembra, sistema de labranzas, etc.) que
inciden sobre los rendimientos y la respuesta a P. Esta labor ha sido
desarrollada principalmente por el INTA y por algunas Universidades, siendo en
estos últimos años cada vez mayor la participación de instituciones y
empresas privadas.
Por la razones
mencionadas, para establecer la dosis de fertilización fosfatada, además del
contenido de P Bray, deben ser evaluados además de los aspectos económicos,
todos aquellos factores que inciden sobre los rendimientos. En el Cuadro 2, a
partir de resultados de ensayos realizados en diferentes zonas, se indican los
rendimientos y las respuestas promedio que pueden esperarse en suelos con
distintos contenidos de P y en situaciones o ambientes con distintos
rendimientos potenciales. Puede observarse que para contenidos de P
relativamente bajos (10 ppm), la respuesta a la fertilización varía entre
400-500 hasta 2000 kg/ha, para situaciones donde se esperan rendimientos
máximos de 3000 y 6000 kg/ha respectivamente. Al igual que para el nitrógeno,
tanto las dosis de P a aplicar en cada caso, como los niveles críticos de P
Bray por arriba de los cuales no es necesario fertilizar son muy diferentes,
variando estos desde 10-12 hasta 30-35 ppm de P para zonas o suelos donde se
esperan rendimientos de 2500 a 2800 y de 6000 a 7000 kg/ha, respectivamente.
En función de los
rendimientos. y de la respuesta esperada, deben establecerse dosis de
fertilización que consideren la extracción de P por el grano y una cantidad
adicional para ir mejorando la disponibilidad de P (Echeverría y García,
1998). Esta dosis adicional debería ser mayor en suelos mas pobres en este
nutriente y en ambientes de mayor productividad. Para tal fin, en el Cuadro 3,
se indican dosis orientativas de aplicación de P, en función del contenido de
P Bray y de los rendimientos esperados. Para ello se tiene en cuenta una
reposición de 3 a 3,5 kg de P por cada tonelada de grano, y una cantidad
adicional similar, por cada unidad de P (ppm) que se quiera aumentar en el
suelo, para reconstituir progresivamente una mayor disponibilidad de fósforo,
hasta alcanzar contenidos que no afecten la producción de los cultivos. Este
nivel de reposición debe efectuarse en función de la productividad y las
características de los suelos, además de las consideraciones de índole
económicas.
La relación entre los
contenidos de P Bray y la respuesta que se indican en el Cuadro 2, ha sido
elaborada a partir de ensayos conducidos con labranzas convencionales o mínimas
y con muestreos hasta 20 cm de profundidad. Algunas evaluaciones recientes,
indican que estas relaciones son similares para situaciones de siembra directa,
si se mantiene la misma profundidad de muestreo (Calviño et al., 2000; García,
1998). En este último caso, para reducir la variabilidad de los resultados,
causada por una mayor acumulación de P en las líneas de siembra de los
cultivos antecesores, se recomienda extraer un mayor número de submuestras al
efectuar los muestreos. En caso de utilizase una menor profundidad de muestreo
(por ej. 10 cm), los contenidos de P Bray se incrementan en un 50-60 % en
relación a los niveles que se obtienen con 20 cm de profundidad, debido a la
baja movilidad de este nutriente. Al realizar el diagnóstico de la
fertilización, este último aspecto debe ser tenido en cuenta.
En lo referente a la
forma de aplicación de P, la fertilización en la línea junto o cerca de la
semilla es la más eficiente, por la baja movilidad de este nutriente en el
suelo. Cuanto menor es el contenido de P en el suelo y más fina es la textura
del suelo, es más importante la aplicación en la línea, sobre todo cuando las
dosis de fertilización no son muy elevadas. En la Figura 1 se muestran los
resultados obtenidos en suelos con distintos contenidos de P disponible, con la
fertilización en línea y al voleo incorporada con disco (Berardo et al.,
1999). Con bajos contenidos de P, inferiores a 10 ppm, la respuesta a la
aplicación localizada supera en un 50-60% a la obtenida con la incorporación
al voleo. Estas diferencias disminuyen en la medida que se incrementa la
disponibilidad de P y solo con contenidos superiores a 20-22 ppm, las dos formas
de aplicación presentan respuestas similares.
En la evaluación
económica de la fertilización fosfatada, debe considerarse el elevado efecto
residual que tiene este nutriente en los suelos de la Región Pampeana. En la
Figura 2 se muestra a título de ejemplo la respuesta inicial y residual, a
través de los años, a una sola aplicación inicial de P en trigo, tanto en el
monocultivo, como cuando es intercalado con girasol (Berardo y Grattone, 1998).
La respuesta acumulada en el monocultivo de trigo en los 5 años a partir de la
fertilización más que duplica la alcanzada en el primer año; cuando el trigo
está intercalado con girasol, la residualidad presenta una magnitud similar en
cada campaña de trigo evaluada.
Si bien el efecto
acumulado o residual de la aplicación de este nutriente varía según la
secuencia de los cultivos y los rendimientos que se logran dentro de la
rotación, su incidencia económica no deja de ser de una magnitud relevante,
que generalmente no es tenida en cuenta adecuadamente en las evaluaciones.
La alta residualidad del
P en los suelos de la región pampeana permite planificar la fertilización
fosfatada de trigo no solamente en función de los requerimientos del cultivo,
sino también de los requerimientos de los otros cultivos incluidos en la
rotación, sobre todo si estos no se fertilizan. Una fertilización fosfatada
implementada de esta forma permite alcanzar una agricultura más estable y,
seguramente, más rentable.
Bibliografía
- Berardo, A. 1994. Aspectos generales
de fertilización y manejo de trigo en el área de influencia de la
Estación Experimental INTA-Balcarce. Boletín Técnico N° 128-EEA-INTA
Balcarce.
- Berardo, A. F. Grattone y G. Borrajo.
1999. Fertilización fosfatada de trigo: Respuesta y formas de aplicación.
INPOFOS. Informaciones Agronómicas del Cono Sur. N° 2. Junio 1999.
- Berardo, A. y F. Grattone. 1998.
Efecto de la aplicación de fósforo y de su residualidad sobre la
producción de trigo. Actas 4° Congreso Nacional de Trigo. Mar del Plata.
- Calviño, P., H. E. Echeverría y M.
Redolatti. 2000. Estratificación del fósforo en el suelo y diagnóstico de
la fertilización fosfatada en trigo en siembra directa. Actas del XVII
Congreso Argentino de la Ciencia del Suelo. Mar del Plata 2000.
- Echeverría, H. E. y F. O. García.
1998. Guía para la fertilización fosfatada de trigo, maíz, girasol y
soja. Boletín Técnico N° 150. EEA- INTA Balcarce.
- García, F. 1998. Siembra directa de
trigo: Manejo de la fertilización. IV Congreso Nacional de Trigo. Mar del
Plata, 11-13 Noviembre 1998.
- Loewy, T y M. M. Ron. 1997.
Fertilización fosfatada del trigo en la Región Pampeana. Fertilizar.
Número especial Trigo. Mayo 1997. INTA-Centro Regional. Bs As Norte.
CUADROS Y FIGURAS
CUADRO 1
:
Relación entre los contenidos de P Bray ó la fertilización fosfatada y la
concentración (%) de P en grano, con la correspondiente extracción de P en
grano para distintos niveles de producción.