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Ing. Hector Baigorri


Manejo del Cultivo de Soja en Suelos con Influencia de Napa Freática

Autores: Ing. Agr. Héctor Baigorri - Técnico de la EEA INTA Marcos Juárez, 
Edgardo Martini - Asesor Privado 

 

Introducción:

La disponibilidad hídrica es el factor ambiental más limitante de la productividad de los cultivos en nuestro país. Por tal motivo el aporte de humedad de la napa freática, adquiere gran relevancia por su potencial contribución en el incremento del crecimiento y rendimiento de la soja.

Por tal motivo es de suma importancia saber si se contará con el aporte de agua de la napa y a partir de que momento, para decidir la elección del grupo de madurez (GM) de los cultivares y su manejo.

 

Regiones con influencia de napa:

Desde la campaña 1989/90 se considera la influencia de la napa freática, para elaborar recomendaciones de manejo del cultivo de soja. Las primeras observaciones de profundidad de napa y del frente de ascenso capilar de la misma, se realizaron en el sudeste de la Provincia de Córdoba y en el sudoeste de Santa Fe, en lotes con alta incidencia de Sclerotinia sclerotiorum y/o con altos rendimientos, aún en campañas con reducidas precipitaciones.

Posteriormente se comprobó que este tipo de situaciones se presenta en todas las regiones de producción del país, en general con limitada extensión. La región con mayor incidencia de este fenómeno es la comprendida entre el noroeste de la Provincia de Buenos Aires, extremo sudoeste de la Provincia de Santa Fe, noreste de la Provincia de La Pampa y el sudeste de la Provincia de Córdoba, que presenta un relieve muy plano y que desde la campaña 1997/98, está afectada graves inundaciones por altas precipitaciones.

En la última campaña se está generalizando el ascenso de la napa freática en las inmediaciones de la localidad de Venado Tuerto.

 

Experiencias en la localidad de Jovita (Pcia. de Cordoba):

Después de las intensas lluvias ocurridas durante la campaña 1997/98, que provocaron grandes inundaciones en zonas que jamás habían tenido ese tipo de problemas, y que se repitieron en el comienzo de la campaña siguiente, comenzaron a observarse situaciones que no tenían una correlación directa con los mm de lluvias que a continuación se fueron dando, es así que por ejemplo no había piso para cosechar los cultivos que habían sobrevivido a las inundaciones, aún después de más de dos meses sin lluvia, o rendimientos de soja de 40 qq/ha inéditos para la zona, o maíces de segunda que se aproximaban a los 100 qq/ha.

En la campaña 1999/00 en un trabajo conjunto con técnicos de la EEA INTA Marcos Juárez, se instala una franja de cultivares de soja, obteniéndose rendimientos que superaron los 5.000 Kg/ha de rendimiento.

A partir de estos resultados, se confirmó que tales rindes estarían asociadas al aporte de agua de la napa, que estaría complementando el aporte de las lluvias y se iniciaron a una serie de análisis y mediciones tendientes a estudiar y cuantificar la influencia del nivel freático sobre la producción agrícola de la zona.

Uno de los primeros pasos fue utilizar una fórmula matemática desarrollada en una zona de similares características edáficas por el Ing. Agr. José Cisneros de la Universidad Nacional de Río Cuarto, en la que se relacionaba la variación de la profundidad del nivel freático con el balance hídrico, al mismo tiempo que se instalaron freatímetros en dos campos separados 20 Km entre sí para efectuar las mediciones correspondientes.

También se recopilaron los datos zonales para cuantificar la evapotranspiración potencial y se llevaron los registros de lluvia en cada campo para poder así plantear un balance hídrico. La primer medición se llevó a cabo el 1 de agosto de 2000, en el establecimiento Santa Catalina, comenzando a registrar la profundidad de la napa cada 10 días a partir del 1 de setiembre, mientras que en el establecimiento Tío Luis se llevaron registros mensuales hasta el 1 de Diciembre, y a partir de ese momento de la misma manera que en el otro campo.

En las Figuras 1 y 2 se aprecian la fluctuación del nivel freático y la correlación existente entre la variación predicha por la fórmula de Cisneros y la que realmente ocurrió. El coeficiente de correlación entre las dos series de datos es de 93 % para el establecimiento Santa Catalina y 98 % para Tío Luis, lo que da una idea del grado de confiabilidad y ajuste de la predicción.

Figura 1: Nivel freático medido y teórico y precipitaciones del establecimiento Santa Catalina en la campaña 2000/2001

 

Figura 2: Nivel freático medido y teórico y precipitaciones del establecimiento Tío Luis en la campaña 2000/2001

Paralelamente, en Santa Catalina se estableció un ensayo de trigo en un lote cuyo antecesor era soja de primera (cuyo rendimiento fue de 38 qq/ha). A pesar que el lote tenía una historia agrícola de 8 años, en la región lo recomendable son las rotaciones agrícolas de 4 o a lo sumo 5 años, el trigo rindió 45 qq/ha y la soja de segunda que se implantó a continuación 28 qq/ha.

Esta información permite cuantificar la influencia de la napa en la producción, ya que con el manejo adecuado se logran rendimientos comparables con la zona núcleo del país, en una zona denominada tradicionalmente semiárida con un esquema de rotación mucho más intenso que el usado como norma en la rotación.

Se cuantificó la influencia de la napa además en un mapa de rendimiento obtenido con una cosechadora con GPS en un potrero del mismo campo, el que está cruzado por lomas arenosas (antiguos médanos), generando un relieve fuertemente ondulado, allí se puede observar cómo el rendimiento de soja siguió un patrón muy similar a lo que serían las curvas de nivel del potrero, donde en las lomas más altas el rendimiento no llegó a los 12 qq/ha y en los bajos adyacentes (menos de 50 m de distancia) superó los 50 qq/ha.

Considerando que la historia agrícola, antecesor, variedad, barbecho y manejo fueron los mismos, y que la soja se sembró a fines de noviembre y en diciembre no llovió nada, la explicación de la variación en los rendimientos estaría dada porque en los bajos, donde las raíces alcanzaron rápidamente el frente de humedad de la napa y crecieron sin limitaciones hídricas. En las lomas, donde la distancia desde la superficie a la napa era mucho mayor las raíces no llegaron al frente de humedad de la misma y sufrieron un estrés importante durante la etapa vegetativa que no pudieron revertir con las lluvias ocurridas en el mes de enero.

A partir de todos estos datos surge claramente la necesidad de conocer la presencia o no de una napa que afecte la producción agrícola y sus posibles variaciones ya que su presencia nos cambiaría todo el esquema de producción, desde cambios en el uso de la tierra haciéndolas más agrícolas, cambios en la rotación con cambios en la intensidad y en el tipo de cultivos y cambios en el manejo, variedades de soja de GM bajos, maíces de alto potencial, esquemas intensivos de fertilización, etc.

Con el grado de ajuste alcanzado con la fórmula en cuestión, es posible usarla como modelo para plantear posibles escenarios en los casos de que llueva más, menos o igual a lo normal y de acuerdo a lo esperado, plantear las estrategias de producción más correctas, cuantificar y analizar los riesgos a correr para lograr una alta producción.

Por supuesto, es difícil que la misma fórmula funcione en las distintas zonas del país que en estos momentos están afectados por el "problema" de napas altas, pero con unas pocas observaciones y registros y sin la necesidad de ninguna inversión más que constancia y disciplina para tomar los datos.

A partir de los datos obtenidos en cada lugar se podrán desarrollar adaptaciones del modelo zonales que permitan establecer estrategias productivas para alcanzar altas producciones, y que a su vez se puedan cosechar evitando los problemas de piso del otoño, tan comunes en las últimas campañas que dejan producciones enteras en el campo, o evitar que por las huellas dejadas por las cosechadoras queden campos prácticamente inutilizados, a la vez que se podrían minimizar las pérdidas de calidad que se generan por las demoras en la cosecha cuando el cultivo está maduro.

Una apartado especial merece el riesgo de salinización, ya que el agua del subsuelo, si bien es originada por las lluvias contiene en solución una cantidad variable de sales según la región. En este punto debemos poner tanto énfasis como cuando nos planteamos el objetivo de altos rendimientos, ya que un manejo incorrecto de la cobertura, labores o barbechos en vez de llevarnos a un cultivo de soja de más de 40 qq/ha nos puede llevar a un campo inutilizado por varios años para todo tipo de cultivo dependiendo del contenido de sales del freático.

Cada mm de lluvia o evapotranspiración equivale a 10 m3 (1.000 lts) de agua por ha, que la evapotranspiración de toda la franja central del país en diciembre es de 150 mm o más, una semana o 10 días sin lluvias demandarán del suelo una evaporación potencial de alrededor de 50 mm, es decir 500 m3 de agua por ha, si el agua del subsuelo tiene una concentración salina de 2 gr/lt, entonces en 10 días habremos aplicado 1.000 Kg de sales por ha, lo que probablemente afecte no sólo la producción del cultivo sino la supervivencia del mismo.

 

Conclusiones:

La experiencia en la zona de Jovita, nos permite concluir que en muchos casos es posible revertir una situación que se plantea como altamente problemática en una condición beneficiosa, que su solución depende del conocimiento y del uso que se le dé a éste y que la generación del mismo no necesita de grandes inversiones y que está al alcance de todos y que puede desarrollarse en cada zona y en cada campo.

En los casos en los que el aporte de la napa evita el estrés hídrico, es posible aprovechar la mayor potencialidad productiva de las fechas de siembra tempranas (mes de octubre) y la mayor capacidad de expresión del potencial de rendimiento de los cultivares de ciclo más corto. Las fechas de siembra tempranas a su vez otorgan la posibilidad de adelantar la fecha de cosecha y asegurar la disponibilidad de piso, en regiones con esta limitante.

En razón de que existen infinitas combinaciones de profundidad de napa y de su frente de ascenso capilar y de la calidad y contenido de sales, de acuerdo a las mismas pueden ocurrir diferentes efectos sobre el cultivo de soja.

 

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