La eficiencia de la
fertilización en trigo u otros cereales con N y P podría estar limitada por
niveles bajos de nutrientes secundarios, incluyendo en éste grupo al potasio,
que en los suelos de la región pampeana su disponibilidad esta asegurada al
menos por unos veinte años según la región. Ensayos recientes conducidos en
cinco localidades, mostraron interesantes diferencias logradas con la
fertilización de azufre mas potasio, independientemente de las fuentes
utilizadas. Con apenas 20 kg de azufre y 20 kg de potasio, se lograron aumentos
de rinde de trigo de casi 6 quintales en promedio. La mayor oferta que dispone
el productor de distintos tipos de fertilizantes que contienen estos nutrientes
hace difícil evaluar el resultado económico toda vez que las distintas fuentes
generan distintos precios por unidad de nutriente, e incluyen otros cuyo valor
al menos reside en la reposición de lo que el cultivo saca del terreno.
El nitrógeno (N) y el fósforo
(P) son casi con exclusividad los únicos nutrientes utilizados en la producción
intensiva de cereales en la región pampeana. En varios círculos profesionales
inclusive de los mismos vendedores de fertilizantes, surge la duda de la
eficiencia de la fertilización con estos nutrientes podría estar limitada por
niveles bajos de otros nutrientes de más difícil diagnostico como el azufre,
el potasio, el magnesio y otros micronutrientes.
Ensayos exploratorios
realizados con potasio y azufre en varias localidades de la región pampeana
norte resultaron en respuestas de alrededor de 0,2 y 0,3 t /ha, con dosis
equivalentes a la reposición por extracción. (FERTILIZAR Especial Trigo Mayo
1997). Recientemente se han reportado experiencias en South Dakota y Kansas
(FERTILIZAR Nº 15) donde el uso de cloro como nutriente acompañante resultaba
en incrementos de rinde debido a un efecto en la prevención de enfermedades fúngicas
en la hoja. Al aumentar así el área foliar fotosintéticamente activa, es
posible acumular más materia seca y lograr un mayor rinde de grano.
Precisamente en la campaña pasada, en la localidad de 15 de Mayo, Ventimiglia
de la agencia del INTA de 9 de julio logró aumentos de 3 q/ha (4613 vs 4912
kg/ha a 14 % H) en un trigo Klein Don Enrique con 33 kg de cloruro de potasio
(20 kg de K2O/ha).
El efecto positivo en
los rindes por el uso de magnesio (Mg) se sospecha en los suelos pampeanos. Los
altos contenidos de potasio intercambiable, el magnesio en los suelos pampeanos
compite desfavorablemente para la absorción resultando en numerosos diagnósticos
de bajos niveles de Mg en los tejidos foliares. En la campaña pasada, en Gral.
Villegas, el Ing. Gabriel Grosso, logró impactantes aumentos con el uso de 50
kg/ha de Sulpomag en trigo (Fertilizar Nº 14. Fertilización de precisión);
resultados que se habrían repetido en la campaña que pasó. Todos logrados en
suelos altos en potasio y magnesio disponibles, bajo cualquier estándar.
Con el objetivo de
discriminar el posible efecto de la contribución del cloro o del magnesio como
nutrientes en el logro de la máxima productividad del trigo se condujo una
experiencia en varias localidades comparando fuentes habitualmente utilizadas en
la formulación de mezclas fertilizantes en dosis equivalentes de azufre,
potasio, N y P.
Como se hizo la
experiencia.
Se realizaron cinco
ensayos en campos de productores; en Pergamino, Urdampilleta, Alberti y Bolívar
(Bs.As.) y, Arequito (Santa Fe). Se utilizó un diseño en bloques completamente
aleatorizados, con seis repeticiones. Las parcelas tenían 5 m de ancho por
cinco m de largo (25 m2). Se comparó la respuesta al agregado de
cuatro dosis de azufre y de potasio (0, 20, 40 y 60 kg/ha de S y 0, 20, 40 y 60
kg/ha de K2O/ha) aplicadas los dos nutrientes juntos como a) Cloruro
de potasio + Sulfato de amonio y b) Sulfato doble de potasio y magnesio
(Sulpomag). Todos los tratamientos fueron equilibrados en 100 kg N/ha y 46 kg P2O5/ha.
La estructura de tratamientos incluyó un testigo con nitrógeno y fósforo, sin
aplicación de potasio y azufre. Así, con dosis crecientes de potasio y
azufre, (K2O & S) cada fuente aportó dosis crecientes de cloro
(9, 18 y 27 kg Cl/ha) o de magnesio (2, 4 y 6 kg Mg/ha).
Las siembras se
realizaron desde el 29 de junio al 21 de julio, con variedades de ciclos medio
bajo labranzas convencional y antecesores soja o girasol. Los fertilizantes
Sulpomag, cloruro de potasio y sulfato de amonio, se aplicaron en presiembra
manualmente, al voleo e incorporados con la ultima labor. El nitrógeno y el fósforo
fueron aplicados en bandas al momento de la siembra. La cosecha se realizó a la
madurez fisiológica, evaluándose el rinde de grano (expresado a 14 %) y de
biomasa aérea total.
Que se logró
Los tratamientos
respondieron diferentes según la localidad, indicado por una interacción
significativa en el análisis estadístico realizado con todos los sitios.
Excepto en Alberti, hubo diferencias entre el testigo y el resto de los
tratamientos en los demás localidades. El testigo sin K2O & S,
rindió significativamente menos que con la primera dosis de 20 kg de K2O
& S aplicado, aún con dosis iguales de N y P independientemente de la
fuente utilizada.
Pudo observarse que en
Arequito y Urdampilleta, el K2O & S aportado como KCl mas SA tuvo
una tendencia a mejor performance que el Sulfato doble de K y Mg. En Bolívar y
en Pergamino la respuesta fue indistinta según la fuente. Si bien el diseño no
permite discriminar si los aumentos por las dosis crecientes son debidos al
azufre o al potasio o al nutriente acompañante, es posible observar tendencias
positivas diferentes según cada localidad.
En promedio,
considerando solo los sitios donde hubo diferencia estadística, el aumento por
esta aplicación fue de 0,57 t/ha (6,2 %), para grano y de 1,55 t/ha (15 %)para
materia seca total. La respuesta global sería similar en los distintos sitios y
de alrededor de 28,5 kg de grano por cada kg de K2O & S aplicado,
hasta aplicaciones de 20 kg/ha. Con respecto a la materia seca, el aumento de
rinde sería de 77,5 Kg por kg de K2O & S aplicados, para
fertilizaciones hasta 20 kg. No se observan aumentos de rinde ni de grano ni de
materia seca con dosis por encima de 20 kg/ha, permitiendo inferir que esta
dosis podría ser muy próxima a la máxima económica.
(*) Ingeniero Agrónomo, Ph. D en Ciencias del Suelo. Efectuó
su trabajo doctoral en la Universidad de Carolina del Norte (EE.UU). Se desempeñó
como Coordinador del Sub-Programa de ámbito Nacional de Manejo de suelos para
Zonas Húmedas, con sede en la Estación Experimental Pergamino.
Desde 1996, es Coordinador del Proyecto Fertilizar y editor
de la Revista Fertilizar, publicada por el proyecto. En su actividad profesional
ha publicado más de 50 artículos en revistas científicas y más de 100 de
divulgación técnica en el área de suelos y fertilización de cultivos.