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Ing. Agr. Ricardo Melgar (*)  |
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Enfermedades en Trigo.
Fertilización potásica y clorada: una herramienta eficaz para reducir la
incidencia de enfermedades.
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Autores: Ings.
Ricardo Melgar, M. Elena Camozzi, Martín Torres Duggan y Javier Lavandera
Proyecto Fertilizar - INTA Pergamino
La fertilización no
solo tiene como fin proveer de nutrientes esenciales a los cultivos cuando el
suelo no es capaz de hacerlo, sino que también, en muchas situaciones,
constituye una herramienta eficaz para prevenir o reducir la incidencia de
enfermedades. En esta nota se adelanta información local proveniente de ensayos
en donde se evaluó el efecto de la fertilización potásica y clorada sobre la
incidencia de enfermedades foliares en trigo que confirman que el cloro es el
responsable del efecto preventivo y resultante de aumentos de rendimientos entre
3 y 4 q de trigo/ha.
Las enfermedades en
trigo son una de las limitantes que en mayor grado afectan la productividad del
cultivo. La interacción entre fertilización y presencia de enfermedades ha
sido extensamente estudiada a nivel internacional. La fertilización con cloro
ha sido relacionada con la reducción de la incidencia de diferentes
enfermedades como fusariosis (Fusarium sp.), pietín (Gaeumannomyces
graminis var. tritici), entre otras.
La fertilización
combinada con cloruro de potasio también ha sido reportada como una herramienta
útil en la reducción de la incidencia de la roya de la hoja (Puccinia
triticina). Asimismo, muchas veces resulta difícil discernir si los efectos
encontrados se deben al cloro (Cl) o al potasio (K) Sin embargo, en los suelos
Molisoles de la Región Pampeana, sería esperable que el control de
enfermedades foliares realizado con aplicaciones de KCl se debiera al efecto del
Cl, ya que la mineralogía de los suelos mencionados posee una gran riqueza en
potasio.
¿Qué se hizo?
En años anteriores, los
ensayos conducidos con cloruro de potasio habían mostrado respuestas en un 60 %
de la situación, en una decena de situaciones, pero coincidentemente ten todas
con altos niveles de potasio en el suelo. Los incrementos fueron modestos pero
significativos en el conjunto (Ver Fertilizar Nº 15, 1999. Pag. 19).
En la campaña 1999-2000
se pretendió separar los efectos del azufre y del magnesio, resultando que
algunos sitios mostraron respuestas sólo al Cl y otros solo al Magnesio, pero
no se descartó totalmente el efecto del potasio ya que todos los tratamientos
contaron con potasio y azufre. (Fertilizar Nº 18, 2000. Pag. 20).
Para determinar lo mas
fehacientemente posible que el potasio no era el responsable de estas respuestas
durante la campaña pasada se llevó a cabo un experimento en tres localidades,
que compararon el agregado de Cloruro solo, de potasio solo y del agregado de Cl
con K. Para eso se utilizó como fuente el cloruro de amonio (NH4Cl)
y de sulfato de potasio. Con la finalidad además, de determinar si el Cl
poseía algún efecto particularmente mensurable sobre la sanidad del cultivo,
la mitad del experimento fue tratada con fungicida. Se esperaba así, que las
parcelas sin fungicida pero con Cl podrían tener grados equivalentes de ataque
de enfermedades de hoja que aquellos con fungicida.
Todos el cultivo
recibió una fertilización de base con 100 kg de N, 46 kg de P2O5
y 20 kg de S por ha; por supuesto aquellas parcelas que recibieron el cloruro de
amonio recibieron menos N para equilibrar a todas las parcelas con la misma
dosis de N. De la misma manera, aquellas que recibieron sulfato de potasio
recibieron menos azufre. Los niveles de K del suelo, como habitualmente, fueron
muy altos y por primera vez se comenzaron a medir los niveles de Cl, e
interpretarlos según los estudios realizados por Paul Fixen en Montana y Dakota
del Sur, estados del Noroeste de EE.UU., pioneros en estos estudios. Estos
trabajos demostraron coincidentemente que menos de 30 kg de Cl/ha en el perfil
de 0 a 60 cm eran indicadores de deficiencia y posibles de obtenerse incrementos
económicos con el agregado de Cl. Estos 30 kg/ha o alrededor de 20 ppm en la
capa superior, son decididamente más altos que los valores encontrados en los
sitios experimentales estudiados: Arequito: 8,1 ppm; Alberti: 5,0 ppm y
Arrecifes: 6,2 ppm. Es decir, nuestros valores sugerían importantes respuestas
a la aplicación de Cl, siempre de acuerdo a los datos de EE.UU.
Los datos de estos dos
grupos de investigadores también indicaron la fuerte relación entre los datos
de disponibilidad de Cl, considerando suelo y los del fertilizantes, y la
concentración de Cl en la planta, y a su vez con las respuestas a la
aplicación de Cl, determinando que 0,4 % era el limite critico de Cl en la
planta, que dividía los resultados de respuestas económicas y falta de
respuestas.
Figura 1. Relación
entre las concentraciones de Cl en planta y rendimientos relativos de trigo de
acuerdo a dos grupos de trabajo: (A) Montana, y (B) Dakota del Sur. Obsérvese
que en ambos gráficos se señala a 0,4 % de Cl como el valor critico.
La concentración foliar
de Cl en los testigos mostró alguna relación con las respuestas en rendimiento
(Figura 2. Aquí se incluyen los datos de cinco sitios de la campaña anterior).
Teniendo en cuenta el nivel crítico propuesto por los autores mencionadas, de
0.4 % de Cl, solo dos sitios tuvieron niveles de concentración del nutriente en
las hojas superiores, y los demas por debajo, sugiriendo así respuestas a la
aplicación de Cl. Sobre 8 sitios evaluados, 6 dieron respuestas esperadas, 4
positivas con niveles deficientes, dos no las dieron con niveles suficientes, y
dos fueron desvíos de lo esperado, es decir sin respuesta en situaciones
deficientes. Desde ya la cantidad de pruebas es todavía muy baja para arribar a
conclusiones más definitivas. Sin embargo, en los tratamientos fertilizados, no
en todos los sitios se registraron aumentos del nivel de Cl en planta, al
contrario, en algunos los valores fertilizados indicaron concentraciones menores
al testigo y en los promedios son casi iguales.
En la figura 3 se
muestran el efecto de los distintos tratamientos de fertilización sobre el
rendimiento del cultivo. Se observa un claro efecto del agregado de Cl, con
incrementos en la producción de alrededor de 3.5 q/ha, mientras que las
diferencias entre los demás tratamientos y con el testigo no presentaron
diferencias estadísticamente significativas. Para simplificar el gráfico
presentamos un promedio de los dos niveles de fertilización utilizados, pero el
1er nivel de Cl fue el que más impactó en los rendimientos.
Los efectos positivos
sobre el rendimiento encontrados con el agregado de Cl probarían la hipótesis
planteada al principio, en cuento a que la buena provisión de K de los suelos
predominante de la Región Pampeana explicaría la falta de respuesta a la
fertilización potásica en los sitios evaluados. La respuesta a la aplicación
de Cl estuvo asociada a una menor severidad de enfermedades foliares. No se
observó interacción entre los tratamientos de fertilización y el control con
fungicida, indicando que ambos poseen efectos independientes con similar
acción: tanto el producto fungicida como la acción del Cl reducen la
incidencia de las enfermedades foliares, con el consiguiente efecto positivo
sobre el rendimiento.
Figura 2. Relación
entre repuestas observadas a la aplicación de cloro y concentración de Cl en
hoja bandera en floración (Feeks 10.1) en las parcelas testigos.
Figura 3. Efecto de la
aplicación de nutrientes en los rendimientos de trigo. Promedios de dos
niveles, y de tres localidades.
Finalmente
Los resultados obtenidos
en estas experiencias contribuyen con una nueva evidencia que es el agregado de
Cloruro y no el de potasio, lo que produce un efecto preventivo de la incidencia
de enfermedades foliares, con respuestas a la fertilización de hasta 350 kg/ha
de grano. Es interesante señalar que hay dos fuentes baratas de cloruro en el
mundo, el de potasio y de sodio (la sal común). Desde ya el este ultimo no es
viable por el efecto dañino del sodio en la estructura del suelo porque
destruye los agregados. Las cantidades exiguas de Cl requeridas serían
adecuadamente cubiertas, con una fertilización con 50 kg de cloruro de potasio,
si bien el potasio continúa siendo un nutriente de gran disponibilidad en la
mayoría de los suelos de la Región Pampeana.
Tabla 3. Concentración
de Cl en hojas bandera en floración (Feeks 10.1) en tratamientos con K+S
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......................
Campaña 1999-2000 ...................... |
... Campaña 2000-01 ... |
|
Arequito |
Urdampilleta |
Pergamino |
Bolívar |
Alberti |
Alberti |
Arequito |
|
.........................................
% de Cl .......................................... |
|
Testigo |
0.23 |
0.26 |
0.46 |
0.22 |
0.41 |
0.23 |
0.34 |
|
Con Cl |
0.35 |
0.34 |
0.33 |
0.31 |
0.28 |
0.29 |
0.30 |
|
|
Respuesta al CL (q/ha) |
+2.1 |
+6.2 |
-0.2 |
-1.4 |
-1.6 |
-1.0 |
6.9 |
Enfermedades de hoja
La fertilización con
KCl resultó en una reducción de la severidad del ataque de roya de la hoja
(Puccinia triticina) y mejoró los rindes de trigo aumentando el peso del grano,
pero esta respuesta se atribuye parcialmente al Cl en el fertilizante (Sweeney
et al., 2000).
Una pulverización
foliar de cloruro de potasio aplicado en trigo redujo significativamente el
porcentaje de área foliar afectada por el moho pulvurulento (Erysiphe graminis)
(Cook et al., 1995). La reducción de la enfermedad se asoció con aumentos en
el potencial hídrico de la hoja. Se sugirió esta explicación ya que una
solución de polietilen glicol con un potencial osmótico equivalente al KCl
tuvo el mismo efecto. Los autores concluyeron que tanto la inhibición de la
germinación como la reducción de los síntomas de enfermedad pudieron deberse
a las propiedades físico - químicas del KCl del fertilizante, antes que a una
toxicidad metabólica o efectos nutricionales sobre el huésped anfitrión.
En un experimento de
cuatro años en Montana, Engel et al. (1994) encontró que el Cl aplicado
aumentó el rendimiento de trigo a la cosecha principalmente mediante el aumento
del peso de grano. La mancha fisiológica de hoja en las variedades Redwin y
Manning, la senecencia de la hoja bandera en Weston y QT542, y el moho
Pulvurulento y Puccinia recondita - todos fueron suprimidos por la aplicación
de Cl.
Enfermedades de las
raíces
El menor potencial
químico del agua en raíces abastecidas con Cl probablemente redujo la
colonización de las raíces por el patógeno. (Christensen et al., 1981). El
cloruro aplicado a la dosis de 76 kg Cl/ ha aumentó significativamente el rinde
de grano en un promedio de 0.5 t/ha al reducir el estrés de absorción de
raíces con podredumbre (Scheyer et al., 1987). La supresión de las
podredumbres de raíz y la corona (Rhizoctonia solanis) por el Cl en remolacha
azucarera era independiente de la fuente de Cl. Aplicaciones de KCl, CaCl2,
MgCl2 y NaCl no difirieron en su capacidad para suprimir la enfermedad (Elmer,
1997). Tanto el KCl como el NH4Cl redujeron igualmente la severidad del ataque
de la podredumbre común de raíz en cebada (Shefelbine, 1986). En espárragos,
tanto el NaCl como el KCl mejoraron la incidencia del Fusarium de la corona y
podredumbre de la raíz, (Fusarium oxysporum), pero el NaCl fue superior (Elmer,
1992).
En Manitoba, el efecto
de 25 y 50 kg de Cl/ha (aplicado como KCl o NaCl)sin considerar el método de
aplicación (al voleo o en la línea), aumentó la concentración de Cl en los
tejidos de la planta en muestras tomadas entre el estado de bota y la
floración. Redujo la severidad de la podredumbre común de la raíz (Cochliobulus
sativus) en cebada en dos de seis experimentos y en uno de cuatro
experimentos en trigo. (Mohr et al., 1995).
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Cultivo |
Enfermedad |
Fuente |
|
Nombre Común |
Nombre Científico |
|
Cebada |
Podredumbre radicular |
Cochliobulus sativus |
Shefelbine, 1986
Goos et al., 1987 |
|
Maíz |
Podredumbre del tallo |
Diplodia maydis
Gibberella zeae |
Fixen, 1993 |
|
Arroz |
Podredumbre radicular |
Helminthosporium sigmoideum |
Fixen, 1993 |
|
Piricularia |
Rhizoctonia solanis |
Fixen, 1993 |
|
Trigo |
Podredumbre radicular |
Helminthosporium sativum |
Fixen, 1993 |
|
Septioriosis de la gluma o del
nudo |
Septoria nodorum |
Fixen, 1993 |
|
Roya de la hoja |
Puccinia recondita |
Fixen, 1993 |
|
Roya estriada o amarilla |
Puccinia striiformis |
Scheyer et al., 1987 |
|
Oídio |
Erysiphe graminis |
Grybauskas et al., 1988 |
|
Pietín |
Gaeumannimyces graminis |
Scheyer et al., 1987 |
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Mancha amarilla |
Pyrenophora tritici-repentis |
Fixen, 1993 |
Referencias www.ppi-far.org/chloride
Utilizándose un diseño
en parcelas divididas. Las parcelas principales incluían: a) Control sin
fungicidas, b)Tratamiento óptimo con fungicida.
Las parcelas secundarias
estaban representadas por tres niveles de aplicación de Cl (0, 20 y 40 kg
Cl/ha), tres niveles de K (0, 25 y 50 kg K2O/ha) y tres niveles de la
combinación de ambos nutrientes (K y Cl), y el tratamiento testigo, sin
agregado de nutrientes.
Vea este y otros trabajos en el sitio
oficial del Proyecto
Fertilizar - INTA
Biblioteca
(*) Ingeniero Agrónomo, Ph. D en Ciencias del Suelo. Efectuó
su trabajo doctoral en la Universidad de Carolina del Norte (EE.UU). Se desempeñó
como Coordinador del Sub-Programa de ámbito Nacional de Manejo de suelos para
Zonas Húmedas, con sede en la Estación Experimental Pergamino.
Desde 1996, es Coordinador del Proyecto Fertilizar y editor
de la Revista Fertilizar, publicada por el proyecto. En su actividad profesional
ha publicado más de 50 artículos en revistas científicas y más de 100 de
divulgación técnica en el área de suelos y fertilización de cultivos.
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